29/04/2014 Opinión

Crimea: tensiones y liderazgos

Por Tomás Várnagy*. El especialista analiza la situación política de la península y resume sus disputas desde que estuvo colonizada por los griegos en el siglo VII aC hasta la actualidad. Además, el rol de los sectores conservadores de Estados Unidos que critican “la mano blanda del jefe de estado Barack Obama”. También, el papel de Argentina ante este conflicto.

La península de Crimea (de Kymeria, país de los cimerios) fue colonizada por los griegos en el siglo VII aC, luego estuvo bajo el gobierno de Roma y conquistada por los godos en el siglo III dC, con sucesivas invasiones durante más de un milenio de hunos, ávaros, pechenegos, genoveses y otros.

También fueron ocupadas por los tártaros y en el siglo XV dC fue invadida por los turcos, y formó parte del Imperio ruso a partir de 1783.

Luego de la Revolución Rusa, Crimea se convirtió en una república autónoma para los tártaros, quienes tras la Segunda Guerra Mundial fueron deportados masivamente a Asia Central, acusados de haber colaborado con los ocupantes alemanes. En 1954 Crimea fue cedida por Rusia a Ucrania.

La flota rusa del Mar Negro estaba localizada desde 1783 en Sebastopol, la capital histórica de Crimea, que desde 1991 tuvo una administración separada de Ucrania y estaba bajo administración rusa, trasladándose la capital a Simferópol, la segunda ciudad de la península. Durante la disolución de la Unión Soviética Crimea ya fue un foco de tensión entre Ucrania y Rusia.

Tras el referéndum de enero de 1991, la península permaneció dentro de Ucrania que, en agosto de ese año, se separó de la URSS. Un año más tarde Rusia anuló la transferencia de Crimea a Ucrania de 1954, y el gobierno de Crimea proclamó su independencia, transformándose en una república luego de un nuevo referéndum, aprobando la primera constitución de Crimea. El parlamento de Ucrania anuló la declaración de independencia y en junio de 1992 se le otorgó autonomía a la región, constituyéndose en República Autónoma.

De acuerdo al censo de 2001, la población de Crimea es de poco más de dos millones de habitantes. Los grupos étnicos se distribuían de la siguiente manera: 58 por ciento de rusos, 24 por ciento de ucranianos (muchos de ellos rusófonos), 12 por ciento de tártaros, y otros. Con el derrocamiento de Víctor Yanukovich, en febrero del 2014, grupos prorusos se proclamaron en contra del nuevo gobierno en Kiev y pidieron acercarse nuevamente a Rusia. El gobierno de la República Autónoma de Crimea anunció el 6 de marzo un referéndum a realizarse diez días después para integrarse formalmente a Rusia, hecho que desencadenó en una movilización de tropas rusas con el objetivo de garantizar “la vida de los ciudadanos rusoparlantes” que, de acuerdo al líder ruso, Vladimir Putin, “está amenazada por los ultranacionalistas” (RT, 03/2014). Ante esto, la Unión Europea y los Estados Unidos condenaron el movimiento de tropas ruso, amenazando con sanciones.

Finalmente, el 16 de marzo se realizó el referéndum en Crimea de conformidad con normas internacionales, con más de un centenar de observadores de una veintena de países. Hubo una alta participación, más del 80 por ciento de la población, y el resultado fue que más del 90 por ciento de los electores votaron por adherirse a Rusia (RT, 16/03/2014). En un llamado telefónico realizado por el presidente estadounidense Barack Obama a su par ruso Vladimir Putin, aquél le informó que el referéndum “nunca sería reconocido por los Estados Unidos y la comunidad internacional” (The Washington Post, 17/03/2014).

Imperialismo ruso VS debilidad estadounidense

Ciertos sectores conservadores de Estados Unidos consideran que Putin quiere revivir el imperio ruso del siglo XIX. Otros temen por una ofensiva que se desencadene en más conquistas en el este de Ucrania. También están quienes critican la mano blanda del jefe de estado estadounidense que no se da cuenta de “la diferencia entre los actuales líderes de Occidente que viven en un mundo de fantasía de leyes internacionales y los duros hombres del Kremlin, que conocen el lenguaje del poder”. Hablan de una “renovada disuasión militar” para hacerle frente a la agresión militar del Sr. Putin (The Wall Street Journal, 17/03/2014).

El vice Primer ministro ruso, Dmitry Rogozin, tuiteó: “Parece que fue un bromista el que escribió las disposiciones del presidente de EEUU :) LOL” (sic) (Ib., 18/03/2014). Estas sanciones son peores que ineptas, afirma este diario, “porque su principal impacto será hacer que los Estados Unidos parezcan débiles”.

Lo cierto es que la popularidad de Putin creció luego de reconocer a Crimea como Estado independiente. En un ardiente discurso ante el Parlamento, el presidente ruso recordó las pasadas glorias de Rusia y se apoyó en la nostalgia de la superpotencia soviética, y afirmó que Rusia defendería a los millones de rusos en la “Rusia histórica”, esto es, fuera de sus fronteras. Además, se mofó de las críticas y acusó a los Estados Unidos y sus aliados de ignorar el derecho internacional cuando se adecuaba a sus intereses y “cínicamente” creía en “la ley del más fuerte”.

La posición argentina

El 15 de marzo la representante argentina ante el Consejo de Seguridad de la ONU, María Cristina Perceval, votó a favor de una resolución patrocinada por Estados Unidos condenando el referéndum del 16 de marzo. Afirmó que “el principio de la integridad territorial habría contribuido a un diálogo constructivo para lograr una solución pacífica en el que participen todos los actores políticos». Mientras tanto, instó a abstenerse de «acciones que pudieran obstaculizar una solución de este tipo», y dijo que los ucranianos deben decidir sus propios asuntos y que Argentina esperaba “que todos los países respetarían el principio de no interferencia” (http://www.un.org/News/Press/docs/2014/sc11319.doc.htm, 15/03/2014).

Dos días después, luego de la reunión con el papa Francisco en el Vaticano, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo mención al conflicto con el Reino Unido por las islas Malvinas y aprovechó para hacer un paralelismo con el referéndum de Crimea. Criticó la “doble moral” de los países occidentales al afirmar que “un referéndum realizado por Crimea es malo, pero uno hecho por los kelpers es bueno”. Luego, en una reunión con el mandatario francés François Hollande, aseguró que “las Malvinas siempre pertenecieron a la Argentina, así como Crimea perteneció a la Unión Soviética hasta que fue obsequiada a Ucrania”. Y luego pidió “no tener doble estándar” a la hora de dirimir los conflictos soberanas porque “no se puede estar en desacuerdo con la integridad territorial con Crimea y estar de acuerdo con Malvinas”. “Que la integridad territorial sea para todos”, apuntó (Página 12, 19/03/2014).

En respaldo a los dichos de la mandataria, Vladimir Putin llamó a Cristina Kirchner, quien subrayó “la importancia de la posición argentina al incluir en el debate sobre dicha cuestión el doble estándar de varios países con relación a los principios de la Carta de las Naciones Unidas”. Unos días antes, durante su discurso en la inauguración del Salón del Libro de París, la Presidenta hizo referencia al "doble estándar" de Gran Bretaña y Estados Unidos, en referencia a las distintas posturas que mantienen en el conflicto de Crimea y en el reclamo por la soberanía de las islas Malvinas (La Nación, 25/03/2014).

La Resolución 68/262 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (“Integridad Territorial de Ucrania”), aprobada el 27 de marzo de 2014 en respuesta a la crisis, afirmó el compromiso de la ONU para reconocer a Crimea como parte de Ucrania, invalidando el referéndum del 16 de marzo. Luego de la llamada de Putin, Argentina se abstuvo en la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la situación en Ucrania, lo cual implica un apoyo encubierto a Rusia.

En su argumentación, la embajadora Marita Perceval recordó que el 15 de marzo pasado Argentina votó a favor de un proyecto similar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad “en un momento de particular tensión en Ucrania, cuando se corrían serios riesgos de que la situación fuera escalando”. Pero ahora la situación era diferente, pues “nuestra posición sobre integridad territorial, la no injerencia en los asuntos internos de otros países es tan clara como coherente con nuestras acciones. Sin embargo, en estos momentos la resolución que ha sido presentada camina en la dirección de limitar el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos y es por eso que nos abstenemos y apoyamos enfáticamente las gestiones del secretario general” (Página 12, 28/03/2014).

Esta nueva postura de Argentina se opone con la tomada el 15 de marzo, un apoyo antes y una abstención ahora resultan posturas contradictorias. Un diplomático ucraniano, desde Kiev, le expresó al diario La Nación (28/03/2014)

El 30 de marzo, el Canciller Héctor Timerman publica el artículo “Argentina, Ucrania y el doble estándar” en donde afirma que la votación del 15 de marzo fue debido a un grave momento de crisis en donde era “necesario que el Consejo [de Seguridad de la ONU] diera el mensaje claro de que correspondía a Ucrania resolver sus asuntos internos y también que la comunidad internacional tenía una responsabilidad”. Pero dos semanas después “el contexto político había cambiado”. Es así que el voto fue de abstención, pues “haber apoyado una resolución que invocaba un principio [de integridad territorial] pero acarreaba otros intereses hubiese sido una burla a nuestra honrosa tradición. Sería una mancha en la defensa de nuestra soberanía” (Página 12, 30/03/2014).

*Filósofo y docente de la carrera de Ciencia Política de la UBA. 

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