12/05/2014 Opinión

El orden de las prioridades

Por Facundo Martínez*. Aún no terminan de resolverse las negociaciones paritarias y el secretario general de la CGT oficialista, el metalúrgico Antonio Caló, anticipó la semana pasada cuál será el reclamo puntual que los trabajadores le harán personalmente a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: un aumento del 30 por ciento en las asignaciones familiares y que el Gobierno modifique el tope del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias.

Así lo anunció el propio Caló al término de un plenario de secretarios sindicales que se realizó en el Sindicato de Peones de Taxis y que contó con la representación de 71 organizaciones obreras. “Para mí, es más importante el aumento del salario familiar y el segundo punto, el Impuesto a las Ganancias”, insistió Caló. El orden de prioridades no es otra cosa que la muestra del alineamiento de la central obrera con el Gobierno nacional.

Caló obtuvo la vicepresidencia del Partido Justicialista, tras el Congreso Nacional del PJ que se llevó a cabo, también la semana pasada, en Parque Norte y en el que resultó elegido presidente el gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner. También fueron elegidos vicepresidentes del PJ el chaqueño y Jefe de Gabinete Jorge Capitanich, el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli; mientras que como vicepresidentes honorarios quedaron los ministros Florencio Randazzo y Agustín Rossi, y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, además del diputado Julián Domínguez y el senador Aníbal Fernández, entre otros. La presencia en las vicepresidencias de los principales candidatos del Frente para la Victoria para las presidenciales 2015 no es mera casualidad. Con ellos -avisó el diputado nacional (FPV) y sindicalista mecánico, Oscar Romero-, se reunirá la CGT para “presentarles los reclamos del movimiento obrero” y exigirles el 33 por ciento de los lugares en las listas para las próximas elecciones.  

Las prioridades que marcó Caló remarcan la buena relación de la CGT oficialista con la administración kirchnerista. “Es la relación que tiene que tener el movimiento obrero con un gobierno, y hay inquietudes que nosotros tenemos que plantear”, comentó Caló, quien deslizó que ya existió un contacto con la Presidenta, a quien le planteó la situación respecto al Impuesto a las Ganancias: “no me prometió nada pero sé que lo tiene en carpeta y lo vamos a tratar en su momento porque es en un pedido del movimiento obrero”.

Lo cierto es que la suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias no tuvo en el congreso sindical el segundo lugar en las discusiones. Fue uno de los temas principales y del que ninguno de los expositores se privó de opinar. Hubo quienes plantearon la necesidad de solicitarle al Gobierno una actualización urgente del piso a partir del cual los trabajadores deben pagar Ganancias y la modificación de las respectivas escalas. Hubo, entre los gremialistas, quienes se animaron a hablar de pedir la derogación del impuesto, como el maestro y titular de la UDA, Sergio Romero, quien insistió con que “no se debe considerar ganancia al salario”. Por eso, la síntesis de Caló debería tomarse como un tácito respaldo al Gobierno en un tema sensible, que las centrales obreras opositoras levantan como una de sus principales banderas, como se verá esta semana en la movilización a la que convocan Hugo Moyano y Luis Barrionuevo. 

La pregunta es ¿por qué el Gobierno no ata la suba del mínimo no imponible a algún índice inflacionario para que el mismo se modifique de manera proporcional a la suba de los salarios? La respuesta tiene sus matices. No se trata solo de un afán recaudatorio; aquí parece que el dólar juega también un papel, para nada secundario. Luego de la devaluación, el Gobierno se ha esmerado en contener el precio del dólar para evitar una segunda devaluación que podría ser devastadora para la economía nacional. En este sentido, el impuesto a las ganancias juega un rol importante ya que, al presionar sobre el salario, permite tener más o menos controlada la compra de dólares para atesoramiento. Algunos funcionarios, off de record, admiten esta situación. La problemática de Ganancias tiene entonces sus complejidades y trabas propias.

Y, más allá de las expectativas de los sindicalistas alineados respecto a que el tema de Ganancias se modifique antes del cobro del aguinaldo o que, en el peor de los casos, esto recién ocurra después del mundial de fútbol de Brasil 2014, lo cierto es que el Gobierno tendrá que afrontar también las presiones de los distintos bloques de las cámaras baja y alta para que se aceleren los pasos, como es el caso del pedido de sesión especial impulsado por la UCR, los diputados massistas, los socialistas, la Coalición Cívica y el resto del FA-Unen, el PRO y el Frente de Izquierda. “Estamos trabajando con los bloques para hacer un solo proyecto”, explicó el presidente del bloque de diputados de la UCR, Mario Negri. “Desde 2011 se han presentado proyectos, de distintos bloques, insistiendo sobre la elevación del mínimo no imponible. Este es un impuestazo al trabajo, que cada día compromete más el salario y la vida de los menos tienen”, insistió el diputado radical.

Ahora, tal como ha ocurrido en años anteriores, no caben dudas de que el Gobierno ya debe haber tomado la decisión política de modificar el mínimo no imponible. Sólo falta saber cuándo se hará el anuncio y cuál será el nuevo piso del mínimo no imponible; en ello están trabajando por estos días en Economía, aunque sin soltar prenda. Lo que sí se puede suponer frente a esta situación, es que al Gobierno no le conviene, en un año en el que se abrirán las gateras de los candidatos presidenciales para las elecciones de 2015, que los números estén demasiado lejos de la inflación real.

En este sentido, el Gobierno tiene una herramienta que puede utilizar en cualquier momento y que no es otra que establecer por ley un sistema de ajuste automático basado en los índices de inflación y en los indicadores que arrojan las negociaciones paritarias de los diferentes gremios. Esto bien podría ser una medida de tinte político orientada a apuntalar la inminente campaña presidencial, lo que resta saber es si la economía argentina resiste un mecanismo de esta índole. El Gobierno entonces vuelve a tener la palabra.

*Sociólogo y periodista.

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