27/05/2014 Opinión

Fútbol y política, una relación con historia

Por Facundo Martínez*. ¿Un Mundial politizado?. Expectativas de los gobiernos y sus vínculos con la AFA. Las elecciones presidenciales y las protestas antimundalistas, una sombra que cubre Brasil a tan solo dos semanas de que comience la esperada copa del mundo.

La presentación que hizo la Televisión Pública de lo que será la transmisión del Mundial para todo el país, dejó bastante tela para cortar. En ese acto multitudinario, en el que se pudieron ver a los más altos dirigentes del fútbol nacional junto a un amplio abanico de funcionarios públicos, se pudo apreciar, como hacía tiempo no se veía, que la relación entre el deporte preferido de los argentinos y la política goza, como se dice, de buena salud. A decir verdad, así fue durante muchísimos años, porque eso de que los políticos ven en los deportes de masas un ambiente propicio para darse a conocer e imponer sus ideas no es precisamente un invento moderno. Se trata de una vieja costumbre.

El gancho para la convocatoria fue la esperada lista de 30 convocados para el Mundial de Brasil 2014 –en menos de una semana pasó a ser de 26 y pronto será de 23-, que el entrenador de la Selección, Alejandro Sabella, terminó dando en vivo y en directo desde el estudio principal de la TV Pública. Los televidentes pudieron ver también a un por momentos somnoliento presidente de la AFA, Julio Grondona, sentado junto al Jefe de Gabiente, Jorge Capitanich, en primera fila, rodeados ambos de otros dirigentes del fútbol y de otros funcionarios del gobierno nacional. La puesta no deja lugar a dudas: al Gobierno le interesa muy particularmente este Mundial, y no sólo porque esté pensando en fortalecer el vínculo que tiene con la AFA desde la puesta en marcha del programa Fútbol para Todos. También se juegan cosas importantes y no tienen que ver con que Lionel Messi levente o no finalmente la Copa del Mundo en el Maracaná.  

Esta vez no ocurrió lo que pasó en 1986, cuando desde la secretaria de Deportes se intentó limpiar de la Selección nada menos que al entrenador Carlos Salvador Bilardo, porque su estilo no convencía a los funcionarios radicales. Vale recordar que fue justamente por ese cortocircuito que una vez obtenida la Copa de México ’86, el presidente Raúl Alfonsín recibió a Diego Maradona, a Bilardo y al resto de los campeones del mundo en la Casa Rosada, pero optó por no dar ningún discurso edificante ni nada de eso; algo que sí había hecho, por obvias razones, el dictador Jorge Rafael Videla tras la obtención de la Copa del Mundo de Argentina ’78; o como lo había hecho tras el Mundial de Inglaterra ‘66 otro dictador, Juan Carlos Onganía, quien recibió a los jugadores argentinos y los llamó “Campeones Morales”.

La comunión de Sabella con las ideas del Gobierno de cierta forma ha facilitado las cosas para los funcionarios, y por supuesto el dinero que el Estado le viene aportando a la AFA desde los últimos años también ha contribuido al montaje de la escena en esa polémica presentación. Los funcionarios del Gobierno depositan sus esperanzas de un cambio positivo en el ánimo de la gente a partir de lo que pueda ocurrir en Brasil, y apuestan fuerte ahí. Todos parecen querer sacar provecho de la pasión popular. Por otro lado, se cae de maduro que una vez concluida la cita mundialista, en la Argentina se dispararán como misiles las diferentes candidaturas presidenciales que andan dando vueltas y que por ahora sólo se insinúan.

Volviendo a la relación entre fútbol y política, todavía no está del todo claro, pero se verá con seguridad en los próximos días si, como ocurrió en Sudáfrica 2010, desde el Gobierno se les facilitará las cosas a los kirchneristas de Hinchadas Unidas Argentinas, la ONG que un grupo de barrabravas del fútbol afines al kirchnerismo formaron para darle un marco institucional a sus accionar casi siempre delictivo, y que hasta les permite en ocasiones situarse incluso como víctimas. Y esa es, por supuesto, otra cuestión, pero también tiene sus antecedentes y el más recordado es el envío de barras bravas al Mundial de España ´82, donde los violentos debían actuar como grupos de choque para evitar manifestaciones contra la dictadura.

También durante esos años de terror y plomo una parte importante del periodismo jugó su papel acrítico, entregándose al mejor postor. El caso emblemático fue el del relator José María Muñoz, quien tras la obtención del Mundial Juvenil de Japón ’79 convocaba desde la Oral Deportiva, de Radio Rivadavia, a que los hinchas se manifestaran en la Plaza de Mayo y, de paso, le demostraran a los visitantes de la OEA, que por esos días visitaban al país para investigar las denuncias por desapariciones de personas y violaciones de los derechos humanos, que la Argentina “no tenía nada que ocultar”.

Por otra parte, existen cantidad de indicadores que permiten imaginar a priori un Mundial politizado de cabo a rabo no sólo en la Argentina sino también en Brasil, donde en octubre habrá elecciones presidenciales. Si bien el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva negó que la reelección de Dilma Rousseff esté condicionada al resultado del Mundial, lo cierto es que la fuerte campaña antimundial podría influir en el voto, aunque quizás no lo haga en la medida suficiente para torcer la proyección que tiene el PT con Rousseff, delfín político de Lula, a la cabeza, quien por esos días lidera las encuestas de opinión con el 37 por ciento de los votos, contra un 20 del candidato opositor, el socialdemócrata Aécio Neves.

A sólo dos semanas del comienzo del Mundial de Brasil, los docentes públicos de ese país le hicieron un piquete al micro que transportaba al DT, Felipe Scolari, y a las estrellas del seleccionado brasileños hacia la concentración, entregando otra muestra del clima caliente en el que se desarrollará la competencia. “Los jugadores no son quienes tienen que construir autopistas sino el Gobierno. La función de ellos es jugar a la pelota”, se quejó Scolari, quien está al frente del equipo pese a no comulgar con el PT. Los docentes brasileños, aprovechando las cámaras de televisión, mostraron carteles con leyendas como “No va a haber Mundial, va a haber crisis” o “Hay que construir escuelas, no estadios”. También se prevén marchas durante el desarrollo del Mundial. En ese mismo clima se disputó el año pasado la Copa de las Confederaciones. Está cada vez más claro que las protestas sociales también reclaman la parte que les toca de esa relación tan peculiar que existe entre fútbol y política.

*Sociólogo y periodista

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