10/06/2014 Análisis

Accidentes de tránsito y debilidad de los organismos de control

Por Atilio A. Boron. En el marco del Día de la Seguridad Vial, Luchemos por la Vida publicó un incisivo informe sobre este flagelo que le quita la vida a 152.970 personas al año. Para el politólogo, “la luctuosidad por accidentes de tránsitos parecería ‘no pagar’ políticamente como los registros de la criminalidad”. Además, analiza el rol de los órganos de fiscalización y la doble vara de cierta prensa obstinada con la construcción mediática de la (in)seguridad.

Un informe de la ONG “Luchemos por la vida” señala que en los últimos veinte años 152.970 personas murieron en accidentes de tránsito en Argentina. Esto constituye un espeluznante promedio de 22 muertos por día. Si bien esta cifra que triplica la de homicidios, se registra una falta de equilibrio en la cobertura mediática de ambas informaciones. No hay comparación posible entre ambas cifras, y sin embargo, la más grave, la de quienes mueren en accidentes de tránsito, no recibe la misma atención de una prensa que, por momentos, nos atosiga con titulares catástrofe acerca de la “inseguridad”, que por cierto que es innegable que existe.

En este sentido, es preciso tener en cuenta dos factores condicionantes: primero, que la tasa de homicidios por cien mil habitantes (la medición internacional estandarizada de este flagelo) es según las estadísticas de Naciones Unidas apenas un punto y medio, a lo sumo dos, superior a la de Estados Unidos y unas veinticinco veces inferior a la de países como Honduras y Guatemala, que tienen gobiernos de extrema derecha apoyados por la Casa Blanca y en donde la “mano dura” es la línea oficial de combate al delito, por lo visto sin resultado alguno. Segundo, que a diferencia de la anterior, la luctuosidad por accidentes de tránsitos parecería “no pagar” políticamente como los registros de la criminalidad. Y cierto periodismo, más interesado en hostigar a las autoridades que en descubrir la verdad, prefieren por lo tanto publicitar inmoderadamente las víctimas de una inseguridad, la de los homicidios, y pasar por alto la otra, mucho más grave, la producida en nuestras calles y rutas que, por supuesto, también “debería pagar” dada la relevancia que en esta materia tiene el papel de los gobiernos.

¿Quiénes son los responsables de la elevada mortalidad del tránsito en la Argentina? Los conductores de automóviles, colectivos y camiones, así como ciclistas, motociclistas y peatones, por supuesto, aunque con distintos grados de responsabilidad en cada caso. Pero también, y éste es el punto que queríamos recalcar en esta nota, las autoridades que no hacen lo necesario para velar por la seguridad de la población. Y esto quiere decir que no garantizan el buen estado de calles, rutas y caminos; señalamientos claros y precisos y, sobre todo, educación vial, que es inexistente en la Argentina mientras es la base de la seguridad que gozan los habitantes de muchos países en donde los gobiernos entienden que la educación es fundamental para prevenir accidentes.

En muchos países europeos la seguridad vial es una preocupación permanente y no un tema intermitente que da lugar a una “campaña” cada tanto. La educación vial comienza desde los cursos impartidos en los primeros años de la escuela primaria, con lo cual se gesta un hábito que a la larga arrojará resultados muy positivos en la edad adulta. Pero además de todo ello, nuestra terrible inseguridad en la vía pública revela también otro mal aparentemente endémico de Argentina: la debilidad de los dispositivos de monitoreo y control, en un doble sentido: Monitoreo y control de lo que transcurre en nuestras calles y rutas, para identificar y sancionar ejemplarmente a los infractores; y debilidad de los organismos de control para exigir que los gobiernos en el orden municipal, provincial y nacional aseguren el cumplimiento de un ordenamiento normativo que garantice nuestra seguridad y nos ponga a salvo no sólo de delincuentes armados sino también de conductores imprudentes o irresponsables, cuyas víctimas triplican a la de aquellos. Esto requiere también que los gobiernos, en sus diferentes niveles, admitan la necesidad de ser controlados, cosa que en nuestro país, lamentablemente, no se da a pesar de que debería ser uno de los principales ítems de la agenda política de estos próximos años.

10 de junio, Día de la Seguridad Vial

En los 20 últimos años 152.970 personas murieron en accidentes de tránsito en la Argentina. Un promedio que llevó a 22 muertos por día, sin contar los cientos de heridos. Las cifras son de la ONG Luchemos por la Vida: "Sin duda, la mayor tragedia que sufrimos todos los argentinos", expresa el informe de esta asociación, que recuerda que mañana es el Día de la Seguridad Vial.

Desde esta ONG sostienen que pese a que las Naciones Unidas declararon los años 2011-2020 como el "Decenio de Acción para la Seguridad Vial" y los países integrantes se comprometieron a concretar acciones que conduzcan a disminuir significativamente los muertos y heridos en el tránsito, todavía en la Argentina no se aprecian avances sustentables que acarreen una disminución importante del número de muertos y heridos.

Recuerdan que esto se logrará con acciones como:

-       El uso permanente y generalizado de los cascos en ciclomotores, motocicletas y bicicletas

-       El uso permanente y generalizado de los cinturones de seguridad en los demás vehículos automotores

-       El cumplimiento permanente y generalizado de los límites de velocidad

-       El control permanente y generalizado del consumo de alcohol y/o drogas de los conductores

-       El otorgamiento generalizado de la prioridad a los peatones

Luchemos por la Vida marca que algunos problemas se agravan:

-       Se multiplican los muertos en motocicleta o ciclomotor en todo el país, en muchos de los casos, por no usar el casco, lo que pese a su obligatoriedad, no se controla ni sanciona en la mayoría de las ciudades y pueblos del interior, ni en los alrededores de Buenos Aires.

-       Desde 2007 a la fecha se ha duplicado el uso de los celulares por parte de los conductores, y triplicado entre los peatones, según estudios de Luchemos por la Vida.

-       Se promociona el uso masivo de la bicicleta en la ciudad de Buenos Aires y otras ciudades, sin controlarse el cumplimiento de las más elementales normas de seguridad para los ciclistas, como el uso del casco, y sin proveerse una infraestructura adecuada de seguridad.

"Todas las autoridades nacionales, provinciales y municipales deben asumir su grave responsabilidad en el tema, que en muchos casos parecen ignorar. Y cada uno de los habitantes tenemos que asumir con responsabilidad y urgencia los cambios personales de conducta en la vía pública para cuidar nuestra vida y las de los demás", concluye el informe de la ONG.

 

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