05/08/2014 Columnista

Gaza: raíces de una tragedia

Por Atilio A. Boron*. Se trata, sin duda, de una tragedia. Para colmo, una que se reitera periódicamente. Mal se la podría entender apelando a una fotografía, deteniendo la lente en la coyuntura actual. Es preciso ver, en cambio, la película. Y esta comienza hace muchos años. En un cálculo más bien acotado en la segunda mitad del siglo diecinueve; otro más laxo nos llevaría hasta comienzos de la era cristiana cuando la Roma imperial aplastó la rebelión de los judíos liderada por Simòn bar Kojba, destruyó a Jerusalem y los expulsó de Palestina, dando inicio a una diáspora que se extendería por casi dos milenios.

Por supuesto, ese territorio era el hábitat de diferentes comunidades, entre ellas la judía, y continuó siéndolo hasta el día de hoy. Con la desintegración del imperio romano, Palestina quedó bajo la jurisdicción de Bizancio hasta que, en el 639, la región fue conquistada por los árabes. En 1517 el imperio Otomano se apoderaría de ese territorio, que estaría bajo su mando hasta su derrumbe, en 1917. Durante siglos, la exigua población judía residente en Palestina convivió sin  mayores conflictos con la etnia dominante. En realidad, los momentos más dramáticos se vivieron durante las Cruzadas, en donde los cristianos masacraron a judíos y musulmanes por igual.

Hacia finales del siglo diecinueve comienza a producirse el retorno de algunos sectores de la diáspora judía a Palestina. La causa inmediata de este importante desplazamiento poblacional fue el brote de antisemitismo que envolvió a buena parte de Europa y que se tradujo en los violentos pogromos en los cuales los judíos eran atacados, saqueados y asesinados ante la complacencia o la indiferencia de las autoridades. Como resultado de este proceso la gravitación de la comunidad judía en Palestina comenzó a crecer aceleradamente, no sólo en términos demográficos sino también económicos, debido a una política de adquisición de tierras en manos de árabes y, en menor medida, de cristianos, lo que originó la reacción de los primeros y el estallido de violentos enfrentamientos entre árabes y judíos, que se agravaron una vez consumado el derrumbe del imperio Otomano, derrotado al igual que Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Ante ese vacío de poder los territorios de Palestina pasaron a ser administrados por Gran Bretaña, mediante un mandato emitido por la Sociedad de las Naciones, antecesora de las Naciones Unidas, y con el propósito de lograr la partición de Palestina y establecer un estado judío. El plan demostró ser políticamente inviable y no fue llevado a la práctica. El deterioro de la situación europea en el período de entreguerras y, especialmente, el surgimiento del nazismo en Alemania y los horrores de la Shoá precipitaron la emigración hacia Palestina de los judíos, que no eran aceptados en los países europeos por temor a la reacción que tal cosa suscitaría en la Alemana nazi. Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial la violencia entre árabes y judíos alcanza nuevos picos, y ante la incapacidad de Gran Bretaña para estabilizar la situación la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el 29 de Noviembre de 1947 la resolución 181 por la cual se dividía a Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. Pero este órgano de la ONU carecía de la autoridad y la eficacia necesarias como para hacer valer esa resolución. Dos semanas más tarde, la Liga Árabe anunciaba que no la acataría y amenazaba con una intervención armada si la ONU insistía en su concreción.

El 14 de Mayo de 1948 David Ben-Gurion proclama en Tel Aviv el nacimiento del Estado de Israel, en el territorio otorgado por la citada resolución de la ONU. De inmediato los países árabes que rodeaban a Israel le declararon la guerra, hostilidades que habrían de extenderse a lo largo de más de un año. La inoperancia demostrada por más de tres décadas por Gran Bretaña para arreglar ese conflicto y la nueva realidad sociopolítica internacional, la Guerra Fría y el ascenso de Estados Unidos como nuevo hegemón del bloque occidental, enfrentado a la Unión Soviética y los países del Pacto de Varsovia, tuvo como resultado el decisivo involucramiento de Washington en una región del mundo que, por su riqueza petrolera, era y sigue siendo de primordial importancia para Estados Unidos. La guerra terminó con una clara victoria de Israel, lo que se tradujo en un aumento del 26 % del territorio originalmente concedido por las Naciones Unidas, con lo cual pasó a controlar el 78 % de la superficie que había sido previamente repartida casi por mitades (en realidad, a Israel se le asignó una fracción un poco mayor) por la resolución de la ONU  y provocando el desplazamiento de más de 700.000 palestinos que fueron forzados a abandonar sus hogares y propiedades, la mayoría de los cuales se instalaron en la Franja de Gaza y en Cisjordania. Las guerras posteriores (Sinaí, 1956; de “Los Seis Días” en 1967 y Yon Kipur, en 1973) consolidaron la expansión territorial de Israel con la anexión de la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalem Oriental, agravando el conflicto existente con las comunidades palestinas al establecer asentamientos ilegales en territorios palestinos. Peor aún, Israel desobedeció otra resolución de la AG, la número 194 del 11 de Diciembre de 1948 ordenando que lo antes posible las autoridades israelíes adoptaran los recaudos necesarios para que los refugiados que desearan regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos pudieran hacerlo. Después de la guerra de “Los Seis Días” Israel reincidió en su conducta al desoír una resolución, en este caso adoptada por unanimidad por el Consejo de Seguridad de la ONU el 22 de Noviembre de 1967, que exigía “la retirada del ejército israelí de los territorios ocupados durante el reciente conflicto.”

Entre ellos se encontraba la Franja de Gaza, un pequeño territorio sometido a un bloqueo integral, lo que para seguir un lugar común, se ha transformado en la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Hay sólo tres puntos de acceso a Gaza, controlados por Israel, quien decide qué persona puede entrar o salir, al paso que se les impide el acceso a las aguas territoriales que les corresponde. Gaza depende de las autoridades judías para su abastecimiento de agua, electricidad, alimentos, medicamentos y otros productos esenciales, lo cual constituye, según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, la figura del genocidio. El acceso del grupo islamista radical Hamas al gobierno de Gaza en 2007 exacerbó la agresividad de Jersusalem, sobre todo cuando en los últimos meses iba avanzando un acuerdo con la Autoridad Nacional Palestina –con sede en la Ribera Occidental y liderado por Mahmud Abbas- que podría culminar en la unificación de la geográfica y políticamente dividida nación palestina. Israel acusa a Hamas de ser una organización terrorista que no reconoce al estado israelí. Omiten decir que ni Israel ni Estados Unidos están dispuestos a reconocer al estado palestino. El periodista español Pascual Serrano hizo notar recientemente que tras su visita a Gaza Noam Chomsky, expresó que “Hamas no tiene por qué reconocer a Israel más que Kadima [el partido del presidente de Israel, Shimon Peres] a Palestina. … Hasta ahora todos se han negado a hacerlo, limitándose a la posición de rechazo que Estados Unidos e Israel han mantenido durante unos treinta años de aislamiento internacional”. 

Obviamente, estamos frente a un caso de muy difícil resolución y en el cual  la lógica militar empleada por Israel con el total apoyo de Estados Unidos sólo sirvió para perpetrar cada vez mayores atrocidades y transitar de fracaso en fracaso. Superar el conflicto, requiere comenzar por un gesto que sólo Israel está en condiciones de producir: poner fin al bloqueo de la Franja de Gaza, a la ocupación y colonización ilegal de los territorios palestinos, facilitar la libre circulación de personas y elementos esenciales para la vida de esa población cautiva y acabar con sus brutales bombardeos que han ocasionado, a lo largo de más de seis décadas, miles de muertos y decenas de miles de heridos, aparte de una destrucción material pocas veces vista en la historia. En el ajedrez de la política internacional es Israel quien tiene que hacer la próxima movida. Y si es la que se señaló más arriba le tocará el turno a los palestinos dar los pasos necesarios para comenzar a resolver la trágica confrontación entre dos pueblos que, por largos siglos, supieron vivir en razonable armonía.

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