16/09/2014 Columnista

Una dudosa evaluación de la competitividad de las naciones

Por Atilio A. Boron*. Días pasados el Foro Económico Mundial dio a conocer su informe sobre Competitividad Global 2014/2015. Cierta prensa se tomó de dicho documento para extraer conclusiones apocalípticas sobre la economía y la política argentina. El índice global de competitividad de nuestro país, en una escala de 1 a 7, fue de 3.8, al paso que Venezuela, país al que no por casualidad se lo quiso comparar con el nuestro, obtuvo un puntaje de 3.3.

El informe en realidad no reviste la mínima seriedad como para preocuparse demasiado por sus conclusiones. El sesgo en la definición y operacionalización de las variables tenidas en cuenta y los más que dudosos criterios de evaluación de cada una de ellas permiten caracterizar a este material como una pieza de propaganda política y nada más, y no sólo por lo que dice de la Argentina sino por lo que dice (o no dice) de otros países. Por ejemplo, se asegura que Estados Unidos ascendió desde el quinto al tercer lugar en competitividad económica internacional, asombrosa afirmación que contradice la opinión de innumerables expertos norteamericanos, mucho de ellos de franca orientación conservadora, como Zbigniew Brzezinski, quien en su último libro, Strategic Vision (publicado a fines del 2012) enumera cuidadosamente los factores por los cuales su país ha cedido posiciones frente a sus competidores europeos y asiáticos.

Un solo ejemplo basta para demostrar la verdad de este aserto: mientras los trenes de alta velocidad de China alcanzarán el año próximo una extensión de 15.000 kilómetros, en Estados Unidos no existe absolutamente ningún tren de esas características. ¡Ni un kilómetro de alta velocidad en el vetusto sistema ferroviario estadounidense!. Y el consenso, no sólo entre los académicos sino entre las publicaciones especializadas como el Wall Street Journal, el Financial Times o la Harvard Business Review, es que la obsoleta infraestructura de Estados Unidos es una de las causas de su creciente falta de competitividad internacional. Nada de esto parece haber sido notado por los –en algunos casos muy distraídos- redactores del informe del FEM.

No más feliz parece ser el capítulo referido a la corrupción política, en donde episodios como el de la acusación pendiente sobre la Directora Gerente del FMI, la francesa Christinne Lagarde, parecen no haber empañado la excelente puntuación alcanzada por Francia en este informe. De todos modos, no es un dato menor que el puntaje global de Saudiarabia, sin duda una de las monarquías más corruptas del mundo contemporáneo y en donde la elemental distinción entre esfera pública y esfera privada se encuentra totalmente suprimida, se encuentre muy por encima de todos los países de América Latina y el Caribe.

En relación a la Argentina y Venezuela los índices son muy malos pero cuando se los observa en su desagregación surgen algunas notables inconsistencias que arrojan una incurable sombra de sospecha sobre la veracidad global del informe. Por ejemplo, Argentina saca muy malos puntajes en “Flexibilidad del mercado laboral” (2.9) y en “Flexibilidad de salarios, contratos y despidos” (2.6), lo que lejos de reflejar un déficit de nuestra vida económica y social significa que la protección al trabajador sigue siendo importante en nuestro país.

Sorprende también el bajo puntaje obtenido en materia de “derechos de propiedad” (2.6) lo cual no se compadece con la realidad en la medida en que no ha habido empresas expropiadas en la Argentina y las que fueron readquiridas por el estado lo hicieron con una indemnización que, como siempre, puede ser discutida pero que la hubo la hubo. Caso Aerolíneas o Repsol, entre otros.  Ítems como “influencia indebida” o “despilfarro del gasto público” ya nos internan en un terreno absolutamente subjetivo, en donde los criterios de medición se mueven en medio de la total arbitrariedad. Sorprende aún más que siendo la Argentina uno de los países en donde la participación femenina en las instituciones públicas, en las universidades, en el sistema científico y en los partidos políticos sea de las más elevadas del mundo el citado informe le otorgue una calificación irrisoria, por ser benévolos: apenas un 1.7. Por supuesto, esto no significa negar los muchos problemas que afectan a la economía argentina. Pero este informe no ayuda a comprenderlos porque se trata de una pieza de propaganda de las grandes empresas nucleadas en el FEM, que anualmente se reúnen en Davos para que el mundo prosiga su alocada marcha hacia el abismo al que lo condenan las políticas neoliberales que antes devastaron América Latina y hoy están haciendo lo propio en Europa. Necesitamos algo mucho mejor que esto.

Notas relacionadas

Crisis, descomposición estatal y revueltas carcelarias


América Latina: un 2017 poco promisorio


Argentina: última en el ranking de Transparencia


El enigma Trump


Cuando suena el río


¿Clinton o Trump?