14/10/2014 Columnista invitado

El desafío de disminuir la corrupción en Argentina

Por Eduardo Fracchia*. Los escándalos corporativos de Enron, Parmalat y World Com, entre otros fraudes empresariales, sumados a hechos mediáticos de corrupción al interior de los gobiernos, han puesto a la corrupción en el centro de la escena a nivel mundial a comienzos del siglo XXI.

En la región hemos tenidos casos destacados a nivel presidencial como los de Collor de Melo, Fujimori y Menem. Recientemente, en la campaña electoral el PT fue criticado por hechos de corrupción que afectaron al gabinete de Lula y Dilma Rousseff.

A nivel local, existen argumentos históricos para explicar el origen de la corrupción que, como describe Guillermo Vitelli en un libro específico sobre el tema, está presente en negociados diversos desde la misma formación de Argentina como país en 1810. Marcos Aguinis destaca que la existencia del contrabando en la colonia está en el ADN de corrupción del Río de la Plata.

Para la próxima gestión de gobierno en Argentina es éste un tema relevante, incluso algunas políticas hablan de establecer una suerte de CONADEP para la corrupción.

Definir la palabra corrupción no es trivial. La visión del Banco Mundial es que se trata de un enriquecimiento de un funcionario público, abusando de su poder.

Se da el hecho corrupto cuando coinciden la presión por un determinado logro, la oportunidad de acceso a ese beneficio y la justificación del hecho como algo habitual y extendido.

La medida internacional más conocida es el índice de Transparency International. La corrupción está íntimamente ligada al proceso de desarrollo de los países. Es un índice en el que nuestro país ofrece una posición adversa. Se trata de una medición de percepción. En el ranking de competitividad del WEF también la dimensión corrupción es relevante.

La corrupción entre privados si bien se discute menos también es un tema a considerar ya que es caldo de cultivo para la corrupción con el gobierno.

La mejora institucional ayuda a un ambiente en el cual la corrupción no arraigue. El sistema de incentivos es clave para eliminarla.

Hay muchos factores críticos para explicar la corrupción. Uno de los aspectos más mencionados como disparadores de la misma es el financiamiento irregular de los partidos políticos. La sociedad anómica (sin normas), en el sentido de Carlos  Nino es también un ambiente propicio para la corrupción.

El comportamiento de la clase política es relevante. Muchas veces su dinámica se parece más a la descripta por el pensamiento de Buchanan, referente de la escuela de Public Choice. Lejos de buscar el bienestar general o el bien común los políticos aspiran a su propio bien particular. El comportamiento corrupto de los buenos, como decían los clásicos, es lo peor.

Específicamente al reflexionar sobre el caso argentino aparece la inflación que es un impuesto no legislado y en este sentido fuente de una corrupción generalizada.

En la obra pública se encuentra también una cantera de hechos de corrupción. En su momento el Presidente Menem definió a Yaciretá como monumento a la corrupción. Vaca Muerta es una oportunidad muy importante para la inversión y debe ser desarrollada “a la noruega” y no “a la nigeriana”.

Existe últimamente, incentivada por la crisis subprime, una visión que cuestiona al capitalismo financiero como intrínsecamente corrupto. Esta posición parece exagerada en tiempo de globalización. Es un marco jurídico consistente hay espacio para que el capitalismo sea una construcción social transparente.

En definitiva se impone trabajar en valores y es clave entonces el sistema educativo. La ética construye a partir de normas, bienes y virtudes. La globalización juega a favor porque exige mayor transparencia y el rol de los medios de comunicación es también clave en el proceso de acotar la corrupción. 

*Director área Economía IAE

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