14/10/2014 Transparencia

“No cumplir tiene costos, al menos, en reputación”

Lo dijo el presidente de la asociación civil DATA Uruguay, Fabrizio Scrollini, luego de participar del seminario online “Gobierno Abierto en América Latina: experiencias y desafíos”. El debate, que reunió a 150 servidores públicos y especialistas en el tema, giró en torno al avance de las políticas y procesos de interacción entre los gobiernos y la sociedad civil, así como en las buenas prácticas y obstáculos en la materia.

¿Cuánto han avanzado las políticas de gobierno abierto? ¿Cómo han sido los procesos de interacción entre los gobiernos y la sociedad civil? ¿Qué buenas prácticas se han construido y cuáles han sido los principales obstáculos? Estos fueron los ejes centrales del seminario online “Gobierno abierto en América Latina: experiencias y desafíos” que reunió a 150 servidores públicos y expertos de la sociedad civil de toda Latinoamérica.

El presidente de la asociación civil DATA Uruguay y coordinador de investigación de la Iniciativa Latinoamericana por los Datos Abiertos (ILDA) con sede en Uruguay, Fabrizio Scrollini, encabezó la actividad junto al consultor de la CEPAL y fundador e investigador principal del Grupo de Investigación en Gobierno, Administración y Políticas Públicas, Álvaro Ramírez Alujas. En el encuentro, que fue organizado por la Unidad de Apoyo de AGA, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, se discutió sobre los principales temas que incluye la agenda de gobierno abierto en la región.

En una conversación telefónica con Gestionpublica.info, Scrollini habló acerca de los retos del gobierno abierto en la actualidad y remarcó que “las voces de los más débiles tienen que ser parte sustancial”.

¿Qué repercusiones tuvo el seminario?

El encuentro ayudó a poner sobre la mesa la importancia de la idea de gobierno abierto, cómo se define y de qué modo se estructura en América latina. Mi aporte giró en torno a las dificultades con las que se encuentran los actores que están en este proceso que se constituye en el marco de la Alianza para el Gobierno Abierto que nuclea a más de 60 países, entre los cuales hay una gran representación de Latinoamérica.

Según indica el programa de la actividad, América Latina es una de las regiones con mayor desarrollo en materia de Gobierno Abierto. ¿Cuáles son puntualmente los avances en cuanto a este tipo de políticas?

Latinoamérica es una región con mucha diversidad. La iniciativa de gobierno abierto es una propuesta joven.  Tiene como mucho dos años. La novedad de los planes de acción es que en varios casos se han sostenido procesos de consulta con la sociedad civil a la hora de definir las metas. Las leyes de Acceso a la Información Pública, por ejemplo, se han ido expandiendo paulatinamente por la región. 

¿Qué balance puede hacer de la tarea que encara desde hace tres años la Alianza para el Gobierno Abierto?

Si hago una evaluación general de la Alianza como participante de estos procesos creo que ha juntado a un grupo de reformadores del sector público y en la sociedad civil que buscan cambiar la lógica de cómo se trabaja dentro del Estado. El mecanismo es voluntario. Los países establecen un compromiso voluntario de cumplir con lo que dicen que van a cumplir. Y no hay nadie que les pueda decir “usted no cumplió por lo que lo sanciono”. Esto genera que los países comiencen a autoregularse porque no cumplir tiene costos, al menos, en reputación. Así se define quien es quien en el gobierno abierto.

¿Cuáles son los desafíos que debe encarar la Alianza?

El desafío para este movimiento es vitalizar en herramientas concretas las redes que sean más inclusivas para los actores que tradicionalmente no han estado involucrados. Entre otras cosas, las voces de los más débiles tienen que ser parte sustancial del gobierno abierto.

¿Cuáles diría que son los países que más han profundizado sus políticas de gobierno abierto?

El Reino Unido y Estados Unidos están muy metidos en este tema pero nadie puede ignorar de manera seria que de la misma manera que avanzan en esto por otro lado tiene una agencia que realiza espionaje masivo sobre toda su población.

Esas serían las sombras del gobierno abierto.

Si y es bueno tenerlo presente. Por un lado existen estas buenas iniciativas y por el otro están estas cuestiones y que muchos activistas lo denuncian con todas las letras. En un foro de Londres fue bastante significativo cuando Tim Berners-Lee, el creador de Internet, le dijo en la cara al secretario de Estado de EE.UU, John Kerry,  “paren de espiarnos”.

¿Qué lectura hace de los dirigentes políticos que si bien hablan de gobierno abierto, su discurso resulta bastante impreciso en cuanto a esta temática?

El titulo de “gobierno abierto” es un poco paraguas y termina englobando todo como el término democracia. El concepto de gobierno abierto no es estrictamente nuevo. Uno puede encontrar esta idea desde mediados del siglo XX en los Estados Unidos. Desde los orígenes, este término siempre estuvo involucrado a un Estado más transparente y más abierto a la participación de sus ciudadanos. Y con el desarrollo de las TIC aparece esta idea de colaboración a través de estas tecnologías. Algunos dirigentes políticos hacen lo que los gringos denominan open washing que es el lavado de lo abierto: generan esta idea de “somos muy abiertos” pero en el fondo sus políticas no representan ninguna de las características que enuncian.

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