10/12/2014 Columnista

La pulseada por Ganancias

Por Facundo Martínez*. Durante los últimos diez años los trabajadores han logrado mejores acuerdos salariales en los años electorales. Es que al Gobierno, que suele mostrarse esquivo frente a ciertos planteos sindicales, bajo determinadas circunstancias como puede ser la inminencia de un proceso electoral clave para el futuro, no le conviene sumar a su lista de opositores al movimiento obrero en su totalidad.

Para eso le alcanza y sobra con la parte con la que debe lidiar desde la ruptura de la alianza que el ex presidente Néstor Kirchner había establecido con el camionero Hugo Moyano. Frente a la tensión creciente, producto de la cadena de justificaciones filosóficas y políticas sobre el cuestionado impuesto a la ganancias que diversos funcionarios esgrimieron en las más diversas tribunas, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió desactivar su problema con cuernos y, en una jugada que pocos creían capaz de adoptar, decidió eximir del pago de ese gravamen el medio aguinaldo de diciembre, algo que moderadamente le reclamaba el metalúrgico Antonio Caló, secretario general de la CGT oficialista, y mucho más enérgicamente Moyano, titular de la CGT opositora, junto a sus aliados políticos y sindicales.

La medida anunciada por la presidenta libera del pago de ganancias a los trabajadores que ganan menos de 30.000 pesos mensuales brutos y alcanza prácticamente al 80 por ciento de los trabajadores que tributan este impuesto. Pero, más importante aún, sirvió para disipar las medidas de fuerzas que comenzaban a discutirse en buena parte de los gremios y que, en un mes difícil como suele ser diciembre, en el que las amenazas por saqueos están en el orden del día, podían influir negativamente en el cierre del 2014.

El 2014 fue un año ya complicado en materia económica. Incluyó una devaluación del peso frente al dólar y registró una caída importante del consumo, uno de los motores principales de la economía nacional. Precisamente, entre los argumentos de la presidenta figura que el dinero que los trabajadores no pagarán en ganancias se trasladará al consumo, y eso ayudará a frenar la caída de las ventas que atraviesan a buena parte de la industria y el comercio. Sólo por dar un ejemplo, la industria automotriz anunció este mes una caída de sus ventas respecto al mismo mes del año anterior del 42 por ciento.

Antes del anuncio de la presidenta, altos funcionarios del Gobierno habían ensayado diferentes defensas del pago del impuesto a las ganancias por parte de los trabajadores, buscando diferenciase de los políticos opositores que hablan de “impuesto al trabajo”.

“En Argentina tenemos más o menos 11 millones de trabajadores, de los cuales pagan impuesto a las Ganancias sólo 1,029 millones, la verdad es un impuesto a los altos ingresos, a los trabajadores que más ganan; a nadie le gusta pagar impuestos pero este impuesto es un contribución solidaria de los trabajadores que más ganan al Estado, pero no es para los funcionarios. Como todos los impuestos va a las políticas de Estado como la Asignación Universal por Hijo, la construcción de escuelas, obra pública”, argumentó el ministro de economía, Axel Kicillof, en diálogo con FM Nacional, y agregó: “2014 ha sido un año en el mundo malo, donde el Gobierno ha sacado innumerables planes, Procreauto, refuerzo del Procrear, Progresar, Ahora 12, montones de medidas encaminadas a que se sostenga el empleo y una serie de elementos en los que el Estado cumple y ejerce su función contracíclica”.

Un tono similar había utilizado el jefe de Gabinete de Ministros, Jorge Capitanich, quien justificó la aplicación del impuesto. “El impuesto a las ganancias grava manifestaciones de riqueza y capacidad contributiva, por lo cual se podrá discutir la escala, pero desde el punto de vista conceptual es un impuesto que tiene sesgo redistributivo, ya que pagan más lo que más ganan”, apuntó el chaqueño, que también remarcó que lo recaudado por ese impuesto, sólo en el segmento de personas físicas, alcanza los 55 mil millones de pesos, con los cuales se financian “políticas de equidad e inclusión social”.

Una síntesis entre Kicillof y Capitanich salió del diputado nacional Héctor Recalde (FpV), quien si bien destacó el derecho de los trabajadores de reclamar mejoras salariales, cuestionó el momento   La o complementan su tarea? E¡isici en materia de prevenciples  inoportuno: “El derecho de aquellos sindicatos que puedan obtener de las representaciones empresarias un bono de fin de año, me parece perfecto porque se llama redistribución de la riqueza y es coherente con el eje del gobierno de mantener la tasa activa del país y el poder adquisitivo del salario”. Y, a propósito de la discusión por el impuesto a las ganancias, el titular de la comisión de Legislación de Trabajo de la cámara baja apuntó: “Hay un orden de prioridades; cuando hay problemas complejos en el mundo, en la región y en el país, quien gobierna elige un orden de prioridades y este año comenzó priorizando a los sectores más rezagados, a través del aumento 40 por ciento en la Asignación por hijo y por Embarazo”.

No se puede pensar que la medida del Gobierno fue un manotazo de ahogado frente a un posible agravamiento de la situación con los gremios. Está claro que se trató de una medida táctica, un pequeño guiño a los trabajadores para distender la situación tras cierta intransigencia oficialista respecto a Ganancias, que había motivado reuniones entre los popes de gremios fuertes como transportes y bancarios, y disparado las primeras medidas de fuerza; y actúa también como bálsamo para aplacar los cortocircuitos que a propósito de esta polémica se produjeron dentro de la CGT oficialista y que incluyeron algunos cuestionamientos al liderazgo de Caló.

Cuando el problema comenzaba a crecer, la presidenta jugó su carta ganadora, volviendo de alguna manera sobre sus propios pasos y silenciando las voces de sus propios ministros. Se trató de una clara jugada política con la cabeza puesta en la elecciones del 2015, que alivia pero no resuelve el problema de fondo que es la suba de los mínimos no imponibles de acuerdo a la inflación y los acuerdos salariales que superan el 30 por ciento anual. Rápido de reflejos, el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, no se quedó atrás en la campaña para las presidenciales del 2015 y la semana pasada llamó anticipadamente a los gremios docentes de su provincia para comenzar la discusión paritaria. Como dijimos al principio, los años electorales suelen ser buenos para las discusiones salariales, pero dependerá de la inteligencia con la que se muevan los trabajadores saber sacarle el máximo provecho a las circunstancias, como también lo hacen los políticos.

*Sociólogo y periodista.  

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