20/01/2015 Análisis

Gasto público, déficit, ajuste y elecciones

Hace un tiempo atrás, el Ministro de Economía salió a cuestionar la relación entre la emisión monetaria y la inflación, herramienta que utiliza la oposición para atacar la política económica vigente. Desde entonces, han aparecido en los medios gráficos de comunicación notas a favor de unos y otros. En este artículo analizaremos los vínculos entre el déficit, la emisión monetaria, la inflación y el crecimiento económico.

El aumento del gasto del Estado Nacional en los últimos años ha sido vigoroso. Si se tomaran los datos de inflación publicados por el INDEC resulta claro que este gasto ha crecido muy por encima de la tasa a la que crecen los precios, elevándose, por lo tanto, en términos reales. De hecho, el crecimiento real del gasto público fue mayor al 200% desde 2008, cuando el crecimiento nominal fue de poco más del 500%.

En términos del PBI, también es claro que el gasto público ha aumentado, al pasar de bastante menos del 20% al 28% en 2014. En valores nominales, la cifra del año 2014 supera ampliamente el billón de pesos, mientras que en el 2003 fue 18 veces menor.

El año 2008 fue el último que presentó superávit en las cuentas públicas de los últimos 11 años. Desde entonces, el déficit ha crecido de forma considerable. El déficit estimado para 2014, de $208 mil millones, es muy conservador y podría ser aun superior en caso que el ritmo de crecimiento del gasto continúe como hasta el presente. Según los datos del Sitio del Ciudadano, se alcanzaría un déficit apenas inferior al estimado, pero para lo cual debiera en diciembre lograrse una recaudación al menos un 30% superior a la registrada en noviembre, cosa que no ocurrirá ni aún si se realizara una profunda reforma del sistema tributario.

A lo largo de los últimos 12 años, el gasto del Estado Nacional creció a tasas elevadas en todos los años electorales, para “descansar” en los años en los que no hay elecciones, como es el caso de 2014. ¿Qué ocurrirá con el gasto en 2015? Se trata de una decisión de política económica que a la vista de lo que viene ocurriendo no puede sino aumentar significativamente. ¿Con qué financiarlo? La respuesta es la misma que hasta el presente. El denominado impuesto inflacionario.

Hasta el presente, la forma de financiar el déficit del Estado Nacional ha sido el endeudamiento en pesos y al interior de nuestra economía, dado que hasta el presente los mercados internacionales se encuentran clausurados para nuestro país. Adicionalmente, el Estado Nacional captura supuestos rendimientos, ganancias o dividendos por ser el propietario de dos “empresas”. Uno es el Banco Central. Desde allí se realizan transferencias al tesoro que han ido creciendo a lo largo del tiempo. Otro es el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, administrado por la ANSES, que mantiene los recursos de la estatización de las AFJP en inversiones financieras.

Si se descontaran los recursos que el tesoro capta de estas dos fuentes, el déficit del Estado Nacional sería muy superior, llegando hasta los $315 mil millones en 2014, equivalente al 7,6% del PBI. Este valor es por lejos un nuevo récord. Las crisis del pasado, incluida la de 2001, fueron precedidas por déficits de no más del 4% del PBI, para dar lugar a fuertes procesos de ajuste.

Mientras que la inflación verdadera no es inferior al 38% para cualquiera de las mediciones alternativas que no son las del INDEC (llegando algún cálculo al 43%), los salarios se elevaron como pauta provista por el Estado en el 28%. De esta forma, los asalariados vieron mermados sus ingresos en no menos del 10% y con esto se contrajo fuertemente la demanda de forma de reducir la inflación.

Si el aumento en los precios se fue desacelerando, como sostienen desde el equipo económico, es porque a la gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes. No es ni más ni menos que un ajuste que golpea al menos poderoso. El Ministro de Economía junto con un empresarios y un sector de la dirigencia gremial anunciaron que la inflación de 2014 sería mucho menor que las estimaciones privadas. Tal “consenso” parece tener como objetivo volver a ajustar los salarios en las paritarias que se avecinan. 

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