03/02/2015 Columnista

Los docentes como arietes

Por Facundo Martínez*. Mientras el Gobierno busca por todos los medios desmarcarse de la muerte del fiscal Alberto Nisman y apunta sus cañones contra la SIDE; mientras oficialistas y opositores mastican lentamente la propuesta del Ejecutivo de sumar a la Corte Suprema de Justicia al joven penalista de tan sólo 33 años Roberto Carlés, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció un aumento para los jubilados del 18,26 por ciento para marzo, lo que sumado al aumento anterior arroja un total anual de 38,61 por ciento.

No es un dato menor para las discusiones paritarias de este 2015, que como ocurre en todo año electoral y mucho más aún de frente a elecciones presidenciales, serán discusiones duras en las que los trabajadores buscarán sacar el mayor provecho posible dentro de un acuerdo que contemple no sólo la inflación proyectada sino la pérdida adquisitiva del salario real que, como en cada comienzo de año, se siente en los bolsillos de la mayoría de los trabajadores.  

Como ocurre desde que el Gobierno se distanció del secretario general de la CGT Azopardo, el camionero Hugo Moyano, son los gremios docentes los que inician la discusión que de alguna manera terminan marcando el piso sobre el que caminarán las negociaciones paritarias de los demás gremios.

Cierto es que, a diferencia de otros años, tanto la paritaria nacional como la bonaerense y la de la Ciudad de Buenos Aires, arrancaron en los primeros días de diciembre y, pasado el mes de enero, las partes apenas lograron ponerse de acuerdo en algunos términos de la discusión general. Los bonaerenses llegaron un poco más lejos al aceptar a principios de enero un aumento parcial del 8,28 por ciento para el salario de los docentes sin antigüedad para enero y febrero –lo que movió el piso a 5.414 pesos- y facilitó una tregua que duró hasta el 28 de enero pasado, donde se retomaron las discusiones en la cuales los sindicatos insistirán con incrementos mayores al 30 por ciento para todo el 2015. La discusión contempla además otras cuestiones digamos cualitativas respecto al salario de los docentes y los jubilados docentes, tal como lo informó la ministra de Economía de la administración de Daniel Scioli, Silvina Batakis, quien destacó “la madurez política de ambas partes para poder realizar estas reuniones con el tiempo necesario para que ningún servicio se vea resentido”. Está claro que el objetivo es que la paritaria docente no entorpezca el inicio del ciclo lectivo en la provincia. Scioli, uno de los presidenciales con chances de poder en 2015, busca sacar rédito político de este acuerdo cuya pretensión es responder a los reclamos de las organizaciones sindicales que componen el Frente Gremial, que entre otros puntos, independientemente del acuerdo salarial, habían expresado la necesidad eliminar ciertas bonificaciones sin herir los bolsillos de sus afiliados. El entusiasmo de este primer acuerdo disparó el júbilo del jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez, quien consideró que -a pesar de que aún no concluyeron las negociaciones- “están dadas las condiciones para cerrar las discusiones en tiempo y forma y poder comenzar las clases”.

La mejoras cualitativas del salario de los docentes para esta primera parte del acuerdo era parte fundamental del reclamo del secretario general de Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), Roberto Baradel, y de la titular de la Federación de Educadores Bonaerenses, Mirta Petrocini, y fue tomado también por los representantes de UDA, AMET y SADOP.

Los que aún no tuvieron noticias de un acuerdo que se acerque a las pretensiones de arranque fueron los docentes porteños. Pese que las partes iniciaron contactos también a comienzos de diciembre, tras la reunión que los gremios sostuvieron la semana pasada el Gobierno Porteño no ofreció ninguna propuesta salarial superadora del 10 por ciento otorgado a cuenta para enero y febrero. El argumento de los funcionarios de la administración que encabeza el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri –otro de los presidenciables de las elecciones de octubre- es que esperarán hasta que avance la paritaria nacional, algo que los gremios porteños rechazaron. “El ministro (Esteban) Bullrich no quiso hablar de números, nos dijo que no iba a dar cifras porque está esperando la convocatoria nacional de Alberto Sileoni, que todavía no tiene fecha”, comentó el secretario general de la Unión de los Trabajadores de la Educación (UTE), Eduardo López, tras el cónclave. López se quejó de “un doble discurso”, ya que si bien desde el Gobierno Porteño dan cifras propias de inflación para el 2015 esperan los números del oficialismo.

Por ahora, el único avance fueron un conjunto de recategorizaciones para bibliotecarios y jerarquizaciones para los equipos de orientación escolar, para que sus integrantes tengan rango de secretarios de escuela. López cuestionó, además, el tema de la falta de vacantes y los errores que provoca el sistema de inscripción on line. “Otra vez hay chicos sin lugares, igual que año pasado”, disparó.

Más allá de las chicanas, lo que tienen por delante los docentes es la difícil tarea de ser los arietes de las paritarias 2015, los que abren el camino al resto de los gremios. No será un año fácil, con números tan dispares entre las estimaciones del Gobierno, para quien la inflación acumulada del 2014 rondó el 21,2 por ciento –para este año se estima un 16 por ciento, número por supuesto difícil de confiar-, y las de los privados que sitúan el índice entre 38,5 y 41 por ciento. Si a esto se le suma que nada indica que la recesión que el año pasado afectó prácticamente a todas las ramas del comercio y la industria cese en este 2015, el panorama se complica aún más. No será fácil este 2015, incluso a pesar de que le contexto político electoral inclinará seguramente la balanza a favor de los trabajadores. Los docentes lo saben, por ahora el resto de los gremios espera los números que arrojen los primeros acuerdos. 

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