25/03/2015 Columnista

Nisman y el argumento ad hominem

Por Tomás Várnagy*Las recientes derivaciones del caso del fiscal Alberto Nisman son el típico ejemplo de un argumento ad hominem, es decir, una manifestación o testimonio “en contra del hombre”, la persona. También se lo conoce como la “falacia [engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien] del ataque personal”, cuya función es desviar la atención del asunto que se discute hacia la persona que introduce un tema.

Alberto Nisman fue un funcionario nombrado por Néstor Kirchner en el 2004 y durante once años no fue cuestionado. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, portavoz de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, calificó al fiscal de “turro” y “sinvergüenza” y lo acusó de “malversación de caudales públicos y cohecho”, de “salir con minas y pagar ñoquis”. (Página 12, 18/03/2015).

El argumento ad hominem es un pseudoargumento porque no refuta las afirmaciones del contrincante, sino que se lo ataca y descalifica como persona. En otras palabras, se desvía la atención del asunto que se discute hacia el adversario y se impugna el prestigio de quien hace la propuesta. La difamación es frecuente en la vida pública porque en muchos casos los políticos necesitan arruinar el crédito moral del oponente.

En el Gorgias de Platón, un texto sobre la retórica o arte que trata sobre los discursos, que era la única vía de la actividad política en la Atenas clásica pues nadie que no estuviese capacitado para hablar en público podía dedicarse a la política, Sócrates dice: “¿Qué es eso, Polo? ¿Te ríes? ¿Es éste otro nuevo procedimiento de refutación? ¿Reírse cuando el interlocutor dice algo, sin argumentar contra ello?” (473e). Vemos aquí un argumento ad hominem de Polo que, en lugar de refutar las afirmaciones de Sócrates, se ríe de él, tratando de descalificar a la persona; es un ataque dirigido hacia el hombre y no hacia su razonamiento.

Claros ejemplos de falacias ad hominem:

Es un homosexual, no puede ser fiable.

Ese fiscal era un “fiestero”, por lo  tanto los acusados no son culpables.

Es judío, seguramente un lacayo del Mossad.

Todo lo que afirmó es para perjudicar al gobierno.

Detrás de todo esto hay una estrategia para hundir a la Presidenta.

Fue un tonto útil manipulado por la CIA y los Estados Unidos.

O sea, se deja de lado el razonamiento para provocar una actitud de rechazo hacia las palabras del oponente y no se trata de saber quién tiene razón sino de quién gana, de quién pega con mayor contundencia. El tema es que una de las partes ya no está y resulta claro que los ataques personales descalifican también al atacante, ya que demuestran su indigencia argumental y, en última instancia, se vuelven contra quien los produce (contra producentem) pues son argumentos repugnantes en los que ni siquiera se hizo el menor intento de revestirlos de formas corteses o irónicas para mitigar sus efectos negativos.

El escrito del fiscal Nisman, que ha recibido todo tipo de calificaciones, ya no es de un solo fiscal, ahora hay otros dos –Pollicita y Moldes- que lo avalan, y uno de ellos dictaminó y respaldó la acusación pues considera que debe investigarse la denuncia por encubrimiento contra la Presidenta. El diario oficialista Página 12 tituló (19/03/2015), en otro claro ejemplo de argumento ad hominem: “Tres fiscales aptos para todo servicio”. Además hubo un enérgico respaldo a la denuncia por parte de un ministro del gobierno israelí durante el acto por el atentado contra la Embajada el 19 de marzo del presente año, Fair Shamir para quien “Nisman pagó con su vida el intento de llegar a la verdad”.

Recordemos que Nisman afirmó que “yo puedo salir muerto de esto” y previno a su hija mayor de que se iba a decir cualquier cosa de él. Desde las más altas instancias se habló de suicido y asesinato, de que era un homosexual y un mujeriego, un corrupto que le quitaba la mitad del sueldo a su asesor, que gastaba el dinero en “joda” y mujeres… Todas descalificaciones y denigraciones, acompañadas de fotos, afiches en en la vía pública, burlas descaradas y miserables estratagemas para desviar la atención de los dos únicos temas fundamentales: investigar su denuncia y su propia muerte.

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