21/04/2015 Columnista

Chile y corrupción

Por Tomás Várnagy*. Chile, desde hace mucho tiempo, es considerado uno de los países menos corruptos de América Latina: no se les ocurra tratar de sobornar a uno de sus policías, el carabinero, pues tienen fama de incorruptibles. Curiosamente, un artículo en The New York Times lo comparó con Argentina, Brasil y Perú.

Existieron iniquidades que hicieron temblar a muchos gobiernos latinoamericanos, además de la misteriosa muerte del fiscal Nisman en nuestro país; encontramos el reemplazo –el año pasado- del presidente del Consejo de Ministros de Perú, René Cornejo, por promover una campaña que desacreditaba a un congresista que lo investigaba por conflicto de intereses; el escándalo de corrupción de Petrobrás que salpica al mayor banco de fomento de Brasil y a la misma Dilma Rousseff; y el caso del hijo de la presidenta de Chile, Michel Bachelet, imputado en el marco de la investigación por un millonario negocio de especulación inmobiliaria que hizo decrecer la popularidad de su madre.

Un artículo de Simon Romero en el The New York Times (09/04/2015), “Chile junto a otras naciones latinoamericanas sacudidas por el escándalo”, compara la corrupción de Chile con la de Argentina, Brasil y Perú, pero destaca que el país trasandino “tiene importantes ventajas para limitar la envergadura de la corrupción, incluyendo una sociedad civil vibrante y dinámica y un Poder Judicial independiente”. Por otro lado, el senador chileno por la Democracia Cristiana, Andrés Zaldívar, afirmó en un reportaje a El Mercurio (11/04/2015) que el artículo del diario neoyorquino le “parece grave, porque Chile ha tenido siempre un prestigio, y hasta el día de hoy, a pesar de lo que está pasando, Chile no es un país corrupto. Lo que se discute no es que haya negocios para enriquecerse a través de la política, lo que se está discutiendo es cómo se hizo el financiamiento de la política”.

Transparencia Internacional (TI) es una organización no gubernamental que promueve medidas contra los delitos corporativos y la corrupción política en el ámbito internacional. Anualmente publica un Índice de Percepción de Corrupción, y los países mencionados figuran en el siguiente orden (de 175 países) en una escala de 0 (muy corrupto) a 100 (muy limpio): Argentina en el puesto 107 con 34 puntos (por debajo de Níger, México, Bolivia y otros 104 países); Brasil es el número 69 con 43 puntos; Perú figura en el 85º lugar con 38 puntos; y Chile en el puesto 21 con 73 puntos (por encima de Austria y Francia, y empatado con Uruguay). De acuerdo a TI, Chile es considerado el país latinoamericano con el menor nivel de corrupción en todas las mediciones del siglo XXI.

América Latina está corroída por la corrupción, una región donde la coima es un hábito generalizado en muchos niveles, mientras que Chile aparenta ser un islote de probidad. Este panorama puede ser cierto en alguna medida porque en el país trasandino la coima es excepcional, pero allí la característica esencial de la corrupción es “el fraude de fondos fiscales realizado por los burócratas y políticos que ejercen poder” y “asume características mucho más intrincadas y complejas” (Patricio Orellana Vargas en http://www.probidadenchile.cl/ver_articulo.php?cat=3&art=191).

Si consultamos un medio que no es absolutamente confiable, Wikipedia, encontramos que el artículo “Corrupción en Argentina” solamente tiene 1.900 palabras, 7 referencias y carece de versiones en otros idiomas, siendo una muy pobre explicación del tema. Comienza en 1890 con Miguel Juárez Celman y finaliza en el 2000 con Fernando de la Rúa. Al final del artículo se relativizan las mediciones de TI pues se considera que “las percepciones no siempre coinciden con las prácticas”. Un link en el artículo nos lleva a otras 11 páginas: caso Ciccone, María Julia Alzogaray, caso IBM-Banco Nación, caso Lázaro Báez, Caso Skanska, escándalo de la CHADE, los sobornos de Siemens AG, escándalo del Palomar, venta de armas a Ecuador y Croacia, Ricardo Jaime y, por último, Felisa Micheli.

Pero lo que nos interesa no es corroborar la confiabilidad de lo que está escrito en Wikipedia, sino la cantidad de información. En contraste con el artículo anterior, “Corrupción en Chile” consta de 33.872 palabras y 134 referencias, además existe una versión en inglés y otra en portugués. Comienza, también, en la década de 1890, hace un extenso estudio durante el régimen militar y, luego, la transición a la democracia llegando hasta el gobierno de Michelle Bachelet, tratando temas como los conflictos de intereses, la malversación de fondos públicos, redes de tráfico y contrabando, fraudes y mal uso de la información privilegiada, las universidades privadas, entre otros, con un link a El libro negro de la justicia chilena de Alejandra Matus, publicado en 1999, que aborda la historia y malas prácticas del Poder Judicial.

Los chilenos, por lo menos, se preocupan por los casos de sobornos, coimas y cohecho, siendo una de las razones por las cuales sigue siendo el país menos corrupto de la región. Repetimos: entre 175 países Argentina está en el puesto 107 con un aplazo (3,4 sobre 10) y Chile figura número 21 con altas calificaciones (7,3).

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