04/08/2015 Columnista

La brecha entre los sondeos y la realidad

Por Facundo Martínez*. En las últimas elecciones porteñas -el balotaje que le ganó ajustadamente el candidato del PRO, Horacio Rodríguez Larreta, al candidato de ECO, Martín Lousteau- los encuestadores ganaron un protagonismo excesivo o, mejor dicho, quedaron el ojo de la tormenta.

La causa no ha sido otra que la torpeza con la que se vienen moviendo en las blandas arenas de la política, algo alejados de la metodología, y más cercanos a las operaciones que les exigen los gurúes del marketing político, actores protagónicos de las contiendas electorales. Puestas al servicio de quien las paga, las encuestas quedan expuestas a una pérdida sostenida de credibilidad, y se convierten en una herramienta débil y limitada a la hora de predecir resultados. En este contexto, las PASO presidenciales de la semana próxima se convierten en una nueva oportunidad para ver cuán cerca o lejos terminan las proyecciones de la realidad.

Manipulaciones groseras, contrastes de todo tipo, márgenes de error inaceptables y explicaciones poco felices para justificar los yerros, son algunos de los problemas que atraviesan por estos días los encuestadores. La última elección porteña es un claro ejemplo de esto, y bien podría tomarse como la gota que colmó el vaso. Las consultoras proyectaron el triunfo de Rodríguez Larreta por una diferencia de entre 9 y 13 puntos, sin embargo el candidato del PRO terminó imponiéndose por un margen muchísimo más estrecho de 3 puntos porcentuales. Lousteau y su fuerza política, por caso, se vieron seriamente afectados por los números que trascendieron y bien vale preguntarse en qué medida estos datos falseados influyeron en la voluntad del electorado. También es un misterio el qué hubiera pasado si los encuestadores hubieran realizado mejor su trabajo. De todas maneras, el verdadero problema no radica en lo ocurrido sino en lo que está por venir. Porque lo que es seguro es que si los encuestadores siguen acomodando números y equivocándose como lo hacen, más temprano que tarde sus números tendrán la misma aceptación que tienen los del Indec.

Las explicaciones que ensayaron los consultores para explicar sus excesivos márgenes de error, lejos de iluminar el problema despertaron las críticas no sólo de los principales afectados -digamos la dirigencia política-, sino de la sociedad en general. El “¡deberían ir presos!” de Elisa Carrió bien puede parecer un exabrupto, pero lo cierto es que debido a la influencia que estos números pueden ejercer sobre la opinión pública se vuelve necesario que se establezcan algunos mecanismos de regulación.

El diputado socialista Roy Cortina, jefe de campaña de Lousteau en las últimas elecciones, presentó la semana pasada en la Cámara Baja del Congreso un proyecto de ley que, en principio, prohibiría la publicación de encuestas en los quince días previos a la realización de los comicios. Entre sus fundamentos, Cortina explicó que lo que busca este proyecto es “evitar que en futuro se haga un uso arbitrario de los números para favorecer a una opción electoral en desmedro de las demás”. Lo que en pocas palabras significa ponerle coto a la utilización política de una herramienta que, a todas luces, tomó el sombrío camino de lo tendencioso, de la parcialidad y de la propaganda, que pretende instalar candidatos frente al electorado. El proyecto de Cortina pretende que se “transparente toda la información que está detrás de cada encuesta” y que se cuide la forma en la que estos análisis son bajados al electorado.

El rol que los medios de comunicación adoptan en relación a las encuestas también debería repensarse. La polarización de fuerzas que suelen instalar en favor de uno u otro candidato suele repercutir negativamente en las minorías, algo que los referentes políticos de estas fuerzas vienen cuestionando enérgicamente justamente porque estas estrategias resultan ser altamente perjudiciales para sus candidaturas por el hecho de que cuando se instala una polarización se tienden a desdibujar las otras propuestas políticas que si bien existen en la realidad no se ven reflejadas en los análisis que publican los medios de comunicación. Conocer quién pagó la encuesta publicada, cuál es el margen de error estipulado, serán algunos de los requisitos que, de prosperar este proyecto de ley, deberán explicitarse toda vez que los análisis tomen estado público.

Tras el escandaloso caso de las elecciones porteñas, el director de la Cámara Nacional Electoral (CNE), Alejandro Tullio, exhortó a las consultoras que respeten la ley que las obliga a inscribirse en un registro de encuestadoras y a la publicación de los aspectos técnicos de los sondeos realizados. “No se trata de impedir la realización de las encuestas, sino que sobre un tema que es de interés estratégico, todos sepamos qué finalidad hay detrás”, dijo el funcionario. En todo caso, de lo que si se trata es de hacer cumplir la Ley 26.215 que obliga a las consultaras a inscribirse en el registro y presentar las fichas técnicas de cada sondeo, registro que en la actualidad apenas cumple un 30 por ciento de las compañías.

Está claro que una cosa es la información que circula dentro de un ámbito privado y otra, muy diferente, es cuando esos datos salen a la cancha a jugar con los electorados, donde la información alcanzar el rango de bien público. Tampoco habría que perder de vista que, como suelen afirmar los especialistas en estadísticas, los números que arrojan los sondeos de opinión son sólo una estimación.

Frente a las próximas PASO, las más importantes por tratarse de las elecciones presidenciales, las principales encuestadoras estiman el triunfo de la fórmula de Frente para la Victoria (FpV) –que obtendría entre el 37 y 40 por ciento de los votos- por una diferencia de entre seis (las menos optimistas) y diez puntos (las más optimistas) sobre la sumatoria de las fuerzas que componen el frente Cambiemos –que obtendría entre el 31 y el 34 por ciento-. Esa diferencia, considerando el margen de error, es la que tendría individualmente la fórmula del líder del PRO, Mauricio Macri, y Gabriela Michetti, respecto del binomio conformado entre Daniel Scioli y Carlos Zannini. En tercer orden –con una intención de voto que varía entre los 19 y 22 puntos- se sitúa Una Nueva Alternativa (UNA), en la que Sergio Massa le ganaría al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota.

Si bien las tendencias –dicen los especialistas- se mantienen más o menos estables, hay quienes afirman que el FpV viene en las últimas semanas cediendo terreno a la oposición. El consultor Hugo Haime, por caso, en diálogo con el diario Página 12 (2/8/15), prevé un triunfo de la fórmula oficialista por escasos seis puntos. Si a esta diferencia se le agrega la tendencia a la polarización entre las dos fuerzas principales, los números que podrían variar sensiblemente. Sin embargo, los últimos datos registrados hablan de una baja en los números del FpV y Cambiemos, que se trasladarían a las cuentas de UNA y del frente Progresistas que lidera Margarita Stolbizer. Pero, digámoslo nuevamente, estas son proyecciones. El próximo domingo se conocerá si estuvieron cerca o lejos de la realidad. Los encuestadores tendrán una nueva oportunidad para valorizar o desvalorizar su trabajo científico.

*sociólogo y periodista. 

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