05/10/2015 Debate

Todos menos Scioli

Por Facundo Martínez*. La Argentina tuvo anoche su primer debate presidencial de la historia, con cinco de los seis candidatos a ocupar el sillón de Rivadavia. El gran ausente fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato a presidente por el Frente para la Victoria, Daniel Scioli, quien a pesar de haber avisado que no asistiría a la cita, tenía en el escenario del salón de actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires un atril vacío, que remarcaba su desestimación a la propuesta de la ONG Argentina Debate, con la que su equipo de campaña había trabajado en los meses previos para acordar términos y condiciones.

Pero la ausencia de Scioli fue también presencia, ya que el resto de los candidatos: Sergio Massa (UNA), Mauricio Macri (Cambiemos), Margarita Stolbizer (Progresistas), Nicolás del Caño (Frente de Izquierda) y Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal), se encargaron de nombrarlo en diferentes tramos del debate para criticarlo y para hacerlo blanco de los reiterados cuestionamientos al Gobierno y sus políticas económicas y sociales.

No era un escollo menor el hecho de que Scioli desistiera de la invitación. Pero está claro que en sus especulaciones, el debate no le iba a aportar mucho. A fin de cuentas, en cuanto a su estructura, el debate fue claramente un producto para la televisión, que alcanzó en su punto culmine 8 puntos de raiting, e incluso llegó a perder con el clásico Independiente-River (17 puntos) y hasta con el programa de Lanata (12 puntos). Durante su poco más de dos horas de duración, los candidatos presidenciales presentes debatieron sobre cuatro ejes temáticos: desarrollo económico y humano, educación e infancia, seguridad y derechos humanos y fortalecimiento democrático. Cada uno dispuso de dos minutos para exponer su idea en cada bloque, y otro minuto más para más que debatir contestar las preguntas que sus rivales les hicieron. Los moderadores: los periodistas Marcelo Bonelli (Canal 13 y TN), Rodolfo Barilli (Telefé) y Luis Novaresio (América TV, que transmitió el evento en vivo junto con el Canal 26 y varios portales de internet). Donde sí el debate alcanzó un inusitado éxito fue en las redes sociales, ya que durante las dos horas de programa se reprodujeron más de medio millón de tuits con el hashtag #ArgentinaDebate.

La ubicación sobre el escenario se decidió por sorteo. Macri no pareció entender cómo fue que le tocó uno de los atriles de la punta y –al mejor estilo De la Rua- se confundió de lugar cuando ingresó y debió ser reacomodado. Al jefe de Gobierno Porteño le tocó el primer turno. Y cuestionó al Gobierno por “ocultar” la pobreza, al tiempo que prometió crecimiento, urbanización de las villas –algo que también había prometido hace ocho años cuando asumió la gobernación de la Ciudad- y el “plan de infraestructura más importante de la historia”; y prometió, además: “pobreza cero”, “paco cero en cinco años”. La seguridad de sus convicciones sufrió alguna desestabilización cuando, a raíz del escándalo Fernando Niembro –el periodista deportivo y ex primer candidato a diputado nacional por la provincia, que se supo cobró más de 40 millones de pesos de parte de la Ciudad a cambio de dudosas prestaciones- Stolbizer lo compraró con el kirchnerismo. “El Gobierno nacional contrata sin licitación pública a empresas sin antecedentes, ustedes también, como pasó con Fernando Niembro. ¿Cómo se mezcla esto con su modelo de desarrollo?”, chicaneó la dirigente progresista. “Es injusta tu comparación, Margarita”, se defendió Macri, y agregó: “En ocho años no tuvimos una denuncia de corrupción y en los últimos días decenas”. Sin embargo, su respuesta no explica ni mucho menos por qué su partido terminó bajando a Niembro de la candidatura. 

Por su parte, Massa, quien según una encuesta publicada ayer por el diario Clarín resultó ser “el ganador” de debate tras obtener sobre una base de 90 mil votantes el 46 por ciento de los votos –contra el 32 de Macri, el 10 de Del Caño, el 9 de Stolbizer y el 3 de Rodríguez Saá-, se mostró más sereno y aplomado, y eligió tomar un camino intermedio entre el kirchnerismo y el macrismo. “La Argentina no es el desastre que dicen algunos ni la fiesta que dicen otros” comentó, luego buscó mostrar que su proyecto cuenta con profesionales idóneos para conducir el país, destacando dentro de su equipo la presencia de Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de Néstor Kirchner. El 82 por ciento móvil para los jubilados, la abolición del impuesto a las ganancias, eliminación de las retenciones a las economías regionales y un plan de viviendas fueron los ejes principales de su discurso, en el que el futuro –“hacia dónde vamos”-, fue el concepto aglutinador. También le hizo un guiño a los empresarios, al prometer un freno a la presión tributaria.

El candidato de UNA y ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner debió soportar un cruce de chicanas con Macri, quien recordó el fracaso de su alianza y el haber formado parte del Gobierno. Massa le apuntó a los negocios  que la familia Macri hizo con el Estado. “¿No creés que llegó el momento de un acuerdo por el Nunca Más de la corrupción?”, disparó el hombre fuerte de Tigre. Pero su peor momento llegó cuando Del Caño le indilgó sus ausencias en el Congreso de la Nación, que alcanzan el 90 por ciento de la sesiones.

La líder del frente Progresistas, arremetió contra todos. Fue implacable con el kirchnerismo pero también con sus adversarios, en una clara puesta para intentar conseguir más votantes, que acaso le permitan mejorar su cuarta y cómoda posición respecto de Scioli, Macri y Massa, a quien cuestionó por la baja de edad de la imputabilidad para los jóvenes que comentan delitos. A su turno, Del Caño englobó a los tres primeros en las encuestas como los “candidatos del ajuste” y luego atendió a Stolbizer por las alianzas que su partido hizo en algunas provincias con el PRO, marcando que su idea de defensa de la educación pública no se corresponde con las ideas del partido de Macri. En cambio, Rodríguez Saá, último cómodo en las encuestas, utilizó un tono más bien conciliador y llamó a realizar un “acuerdo” entre las diferentes fuerzas políticas para después de las elecciones, sobre todo en el caso de que la elección del 25 de octubre se defina en un balotaje.

En cuanto a los ataques a Scioli, el tono de los presidenciales fue más o menos similar. La idea de que con su ausencia el candidato del FpV “faltó el respeto”, se repitió en todos las exposiciones. “Que su silencio sea plasmado (en las urnas)”, pidió Massa. Mientras que para Stolbizer, Scioli demostró que “no le interesa el diálogo”. El jefe de Gabinete del gobernador bonaerense, Alberto Pérez, intentó justificar la ausencia de Scioli en el debate. “Fue víctima de adjetivaciones, ataques personales y cosas que no quiero repetir. Creíamos que las propuestas de Daniel Scioli sobre los temas que se hablaron en el debate la gente las tiene muy claras", argumentó. Massa se había animado a decir que el máximo candidato a la presidencia “no tiene coraje para debatir, se esconde bajo la pollera de Cristina”. Y poco más moderado en este sentido fue Rodríguez Saá, quien remarcó: “Daniel Scioli debió estar acá, si aspira a ser presidente. No tuvo la solidaridad elemental que como peronista tiene que tener”.

Cierto es que la discusión sobre la presencia en el debate podría haberse evitado, de existir una ley que les imponga a los presidenciales debatir durante las diferentes etapas que atraviese sus candidaturas. Quizás pasado este primer debate presidencial, los legisladores trabajen en una propuesta superadora. Mientras eso ocurra, lo que haga uno o varios candidatos, será sólo materia de opinión.

Para Scioli, la jornada del domingo fue absolutamente de campaña. Arrancó con la inauguración en Quilmes de un hospital intermedio Unidad de Pronta Atención número 17; luego firmó en Merlo carta de intención en la que se comprometió con el desarrollo de la industria audiovisual; continuó con una caravana en Lomas de Zamora, y cerró el día en el Luna Park, donde se llevaba a cabo la final del concurso de bandas ROCKEA BA 2015.

Podría entonces preguntarse uno cuál de las dos estrategias será acaso más efectiva para sumar votos. La respuesta es incierta, y comenzará a revelarse cuando el 25 a la tarde-noche comiencen a contabilizarse los votos que determinarán el nombre del futuro presidente de la Nación.

*Sociólogo y periodista.

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