23/11/2015 Columnista

La bandera de la alternancia

Por Facundo Martínez. Los argentinos elegimos ayer un nuevo presidente para el país: el actual jefe de Gobierno porteño y líder de la alianza Cambiemos, Mauricio Macri, se impuso en el balotaje con el 51,4 por ciento frente al gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, que obtuvo el 48,6 por ciento de los sufragios.

La diferencia fue exigua, un 2,8 por ciento, pero suficiente para lograr la mayoría que sentenció el fin del ciclo del kirchnerismo en el poder, luego de tres mandatos consecutivos, en una jornada electoral histórica que se desarrolló sin sobresaltos ni denuncias de fraude.

Macri es un justo ganador y eso mismo le reconocieron tanto la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como Scioli. En los próximos 20 días, el flamante presidente electo deberá redoblar esfuerzos para terminar de definir su gabinete de Gobierno y para trabajar intensamente en el traspaso del poder tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires, donde asumirá la gobernadora electa María Eugenia Vidal. Por estas horas se han calculado en 10 mil los puestos estratégicos a cubrir por las nuevas autoridades de la Argentina, a esa ardua tarea de selección y búsqueda de personas idóneas deberán dedicar los dirigentes de Cambiemos buena parte de los días previos a la asunción que, como se sabe, será el próximo 10 de diciembre.

En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Macri anunció que mañana martes por la tarde tendrá una primera reunión en Olivos con la Presidenta para comenzar a dialogar sobre la transición. Eso mismo es lo que tendrán que hacer los funcionarios que Macri designe para ocupar las diferentes carteras. Serán días agitados, de mucho trabajo y claves para lo que serán las primeras medidas que el nuevo gobierno buscará tomar para comenzar a marcar el camino que la Argentina recorrerá para los próximos cuatro años.

En esas reuniones previas al traspaso del mando no se agotarán, de ninguna manera, las negociaciones que tanto la alianza ganadora –compuesta por el Pro, la UCR y la Coalición Cívica- deberá sostener con la oposición, que a pesar de la derrota en el balotaje había logrado quedarse con la primera minoría en la Cámara de Senadores y en la Cámara de Diputados. La gobernabilidad futura, por el bien del país, exige un marco de tolerancia y respeto por parte de los vencidos en las elecciones, para que las nuevas autoridades comiencen a trazar sus líneas de intervención en cada una de las áreas específicas de gobierno, tanto como una lectura inteligente por parte de los vencedores del altísimo porcentaje que se inclinó por fórmula derrotada, lo que más allá de justo fervor triunfalista no deberá ser desatendido. 

“La idea es gobernar para absolutamente todos, tuvimos demasiados años enfrentados queriendo focalizar en las disidencias, pero es más lo que unos une que lo que nos separa”, apuntó Macri, ya como presidente electo. Quedará para los primeros meses de su gestión la evaluación de si logra o no concretar su promesa.

El flamante presidente electo comenzó a dar algunas señales en ese sentido. Consultado sobre si continuarán los juicios a los represores y sobre la continuidad de las políticas contra la violencia de género y la trata, el futuro presidente ya no habló del “curro” de los derechos humanos sino que se comprometió a “continuar con ambas cosas”. Es un indicador del camino que tomará Cambiemos para no hipotecar su futuro inmediato.

También habló Macri de la independencia de poderes y expresó que la intención de su gobierno es que la “Justicia tenga toda la libertad que corresponde para investigar e ir a fondo con quienes haya cometido actos que violan la ley” y prometió que “no habrá impunidad” en su gobierno. Y hasta habló de que el gobierno de Cambiemos tendrá una “política de diálogo y transparencia” con todos los medios de comunicación.

Y con respecto a la cuestión económica, que durante la campaña electoral se corrió del centro de la escena pero que ahora deberá comenzar a clarificar, el presidente electo avisó que entre sus primeras medidas estará la de “ajustar el mínimo no imponible” del impuesto a la ganancias para terminar con “la estafa a una gran cantidad de trabajadores”.

Del dólar, la devaluación pendiente y las primeras medidas económicas, Macri anunció poco. Apenas informó la pretensión de “un único tipo de cambio”. Claro que, cuando comiencen a conocerse los nombres de sus ministros, se podrá ahondar mucho más en este punto. Sobre su futuro gabinete, apuntó que la Argentina tendrá seis ministerios: Hacienda y Finanzas; Trabajo; Agricultura, ganadería y pesca; Transporte y Producción.

Hace dos semanas en esta misma tribuna, advertíamos sobre la batalla comunicacional que el kirchnerismo había perdido a las claras con sus pares del macrismo, cuyo trabajo, los resultados mandan, fue superior. El mensaje de cambio se impuso en un marco democrático maduro, en el que la idea de  alternancia que se había instalado caló hondo en la mayoría de las provincias del centro del país, con Córdoba, Santa Fe, San Luis, Mendoza y Corrientes a la cabeza. En el resto de las provincias de la Patagonia, el NOA y NEA, dominó, y en algunos casos con bastante soltura, el peronismo agrupado en el FpV. Lo reconoció el propio domingo la vicepresidenta electa Gabriela Michetti, Cambiemos tendrá que atender y escuchar las necesidades de esas provincias tanto como la de la mitad del electorado que no los eligió, y que desde el 10 de diciembre serán oposición. Macri dio ayer algunos indicios de lo que serán sus próximos pasos en tal sentido. “Vamos a buscar tener buen diálogo con el peronismo”, reconoció. También habló de la “máxima vocación” para que los argentinos tengamos una transición ordenada y para “construir puentes y otro tipo de relaciones”. Su tono, en todos los puntos, fue conciliatorio como conciliatorio parece ser, hasta el momento, el tono de quiénes dejan el poder.

Después de tres ciclos completos de poder, el kirchnerismo  deberá ahora realizar su autocrítica, analizar sus errores y sus aciertos y encontrar la forma de capitalizar las expresiones que apoyaron a Scioli en la contienda. La base es alta, si se consideran los doce años de gestión y la catarata de críticas, operaciones de prensa y denuncias que han recibido durante esos años de reconstrucción de una Argentina que en 2001, antes de la asunción de Eduardo Duhalde, había quedado desbastada.

El domingo se impuso, entre otras cosas, la necesidad de una alternancia en el poder, que el propio oficialismo no encontró dentro de sus propias filas durante todos estos años. Peronistas y kirchneristas, a pesar de la derrota, podrán encontrar algo de alivio en el escaso margen de la derrota, que volvemos a decir fue de apenas 2,8 por ciento, una cifra que estuvo bastante lejos de las expectativas previas, que anunciaban márgenes de 10 a 15 puntos -una vez más, y van…, los encuestadores pifiaron sus pronósticos-. A los dirigentes de Cambiemos les quedará la responsabilidad de gobernar, ya no a través de la comunicación, esa primera batalla terminó el domingo, sino a través de actos concretos de gobierno que, por supuesto, le demandarán un alto grado de cohesión interna y del apoyo popular de quienes el domingo los eligieron como una nueva alternativa para el desarrollo del país, pero también de la otra mitad que, como suele ocurrir en estos casos, asumirá su nuevo rol.

*Sociólogo y periodista.

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