10/12/2015 Columnista

Macri al gobierno, el CEOnismo al poder

Por Tomás Várnagy. “CEO” son las siglas estadounidenses de “Chief Executive Officer”, equivalente al “MD” (Managing Director) de Gran Bretaña; la traducción al español sería “director (o presidente) ejecutivo” y se recomienda, para preservar la lengua española, en lugar de la sigla CEO, optar por la forma genérica “primer ejecutivo”; en otras palabras, se trata de un director ejecutivo o gerente general de máxima responsabilidad en una empresa, por lo general, multinacional. En los Estados Unidos suelen ser muy criticados por sus altísimos salarios, por reducir personal, evadir impuestos y bajar sueldos para maximizar ganancias de las empresas (ver caricaturas).

 

En el gabinete del presidente electo, Mauricio Macri, hay una gran presencia de “gerentes” en un “histórico desembarco de ejecutivos en el Estado” como nunca se había dado en la historia argentina, de acuerdo a la revista Fortuna[i]. Son personas provenientes de empresas tales como IBM, J.P. Morgan, Dietrich, Telecom, Siemens, OCA, Deutsche Bank, SOCMA, fondo Pegasus, Farmacity, Random House Mondadori, Techint, Correo Argentino S.A., LAN, Shell, General Motors, entre otras. No solamente deben cubrir vacantes en el gobierno nacional, sino también en el provincial y municipal.

Estas personas que provienen del ámbito privado seguramente tendrán una perspectiva profesional diferente a la gestión. En la teoría, el liderazgo ejecutivo apunta a la acción, mientras que el funcionario político dirige la gestión hacia ciertos fines; en el primer caso el objetivo es la ganancia, mientras que en el segundo se trata de lograr el bien común. Ambos deben cumplir objetivos, liderar equipos de trabajo y administrar dinero; pero en esta nueva tarea los ex ejecutivos deben comprender y analizar la complejidad política de su tarea y olvidar el afán de lucro.

El economista y periodista Alfredo Zaiat afirma que el desembarco de la “CEOcracia” (equivalente a nuestro “CEOnismo”) en el gobierno de Macri “es una experiencia política inédita en Argentina” al “profesionalizar con managers provenientes del sector privado la administración de áreas del sector público”. El mensaje político es evidente: que el funcionario privado es mejor al político o al que hace carrera dentro del Estado; y esto es así porque se considera que la actividad privada es eficiente, transparente y productiva, mientras que lo público está asociado a lo ineficiente, corrupto y ocioso.

Tomando posición en este sentido, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que “un país no es una empresa, es una nación conformada por hombres y mujeres, con diversidad, con necesidades. No se puede medir con un criterio economicista o de balance, porque una empresa cierra su balance con pérdida o ganancia. El balance de un país se cierra con cuántos argentinos hay adentro y cuántos afuera. No es lo mismo un país que una empresa”.

Este elenco ministerial eminentemente técnico dio lugar a aplausos y a críticas, para algunos “ha suscitado expectativas positivas en la sociedad y, especialmente, en el empresariado”[ii] y para los bancos extranjeros, el equipo de Macri “es el Barsa”; mientras que para otros, el Estado argentino será conducido “por gerentes de empresas multinacionales, lo que es lo mismo que decir, un Estado al servicio de las corporaciones”, lo que sería como meter al zorro en el gallinero.

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Es más fácil que un CEO entre a un paraíso fiscal que un camello pase por el ojo de una aguja.El camello es la economía de Estados Unidos. En las bolsas: “Miles de millones en salarios de CEOs” y “Miles de millones en evasión de impuestos corporativos”. La flecha indica “Islas Caimán”.

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Noticia: hay ahora 46,2 millones de estadounidenses viviendo en la pobreza 

 [El CEO afirma:] Sin dolor no hay ganancia. [En el barril] Trabajador estadounidense: con exceso de trabajo, con bajo salario, con reducciones laborales, tercerizado. [Abajo, el pajarito dice:] Puedes estar desempleado, pero el sistema funciona…

 

 

 

 

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