22/12/2015 Columnista

Devaluación, ganadores y perdedores

Por Facundo Martínez*. Diez días es poco tiempo para evaluar la gestión del nuevo gobierno de la República, sin embargo en ese breve lapso han ocurrido varios hechos significativos. Dejemos para otro momento la designación por decreto de los dos jueces para la Corte Suprema, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, medida defendida por la dirigencia del PRO pero cuestionada por varios de sus aliados que conformaron la Alianza Cambiemos, como Lilita Carrió, quien ya avisó la preparación de un proyecto para evitar el nombramiento de jueces por decreto; o los radicales Ricardo Alfonsín y el ex ministro de Justicia Ricardo Gil Lavedra, que a diferencia del dirigente Ernesto Sanz manifestaron sus disconformidad con el procedimiento elegido por el presidente Mauricio Macri, que a consecuencia de las contramarchas ahora será revisado.

Para más adelante quedará también la discusión sobre el avance contra la Ley de Medios, que ya disparó dos marchas multitudinarias en su defensa. Lo más importante ahora, lo que produce una mayor tensión social es la anunciada devaluación, que fue hecha sin anestesia y, además de disparar los precios prácticamente en todos los rubros, provoca una pérdida de alrededor del 40 por ciento en el poder adquisitivo del salario.

Ni siquiera los sindicalistas alineados con el nuevo gobierno pudieron evitar chillar frente al cimbronazo económico, luego del levantamiento del Cepo cambiario que disparó el valor del dólar oficial alrededor de los 14 pesos, con claras perspectivas de futuros aumentos. El profesor emérito de la UBA y director de la Maestría de Historia Económica, Mario Rapaport, lo explicó con sencillez en una columna de opinión (Página 12, 20/12/15): “Cualquiera sea la forma en que se la llame lo que se ha producido en la Argentina es una fuerte devaluación del peso (no las minidevaluaciones que veníamos teniendo) y este enfoque extremo ya ha sido vivido muchas veces por la mayoría de los argentinos y figura entre sus recuerdos menos felices”.

Los economistas podrán o no estar de acuerdo sobre los efectos positivos y negativos que una devaluación de esa magnitud, con su consecuente transferencia de recursos del sector mayoritario de la sociedad a un sector minoritario y concentrado como son los grandes exportadores -Cargill, Bunge Argentina, Aceitera General Deheza, Molinos, Noble Argentina, Louis Dreyfuss, Nidera, Techint, Volkswagen, Pan American Energy, Aluar, entre otros- favorecidos con las medidas económicas del equipo comandado por el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, a la que hay sumar la eliminación de las retenciones al sector agroexportador.

Entre los efectos inmediatos de la devaluación brusca podemos comenzar citando la contracción de los salarios reales con respecto a la inflación. Siguiendo a Rappaport, “los grandes beneficiados son los exportadores y las grandes corporaciones transnacionales o nacionales mientras caen los salarios reales, el valor de las jubilaciones y de otros sectores de ingresos fijos. Disminuye la actividad industrial, el empleo y la demanda doméstica y queda afectado el mercado interno”.

En este contexto se sitúa la rápida respuesta de los sindicatos, que tampoco tardaron en encender sus luces de alarma y en levantar sus exigencias frente al flamante gobierno de Macri, que se muestra fuerte en sus decisiones políticas pero con poca cintura como para evitar el despertar de las voces en contrario. “Usted podrá comprar ahora hasta 2 millones de dólares”, rezaba la placa roja del canal de noticias Crónica TV minutos después del anuncio de Prat Gay sobre el levantamiento del Cepo. Está claro que no son los precisamente los trabajadores los que podrán adquirir esas cantidades de dólares, sino los grupos económicos concentrados que, como ya ocurrido en otros momentos de la historia nacional, compran dólares en la Argentina y luego los depositan en bancos de otros países. No parece ese el camino ideal para comenzar a cumplir una de los principales ejes de la campaña electoral del macrismo: Pobreza Cero.

Mucho menos el regreso al camino del endeudamiento externo, anunciado en el orden de los 15 mil millones a 25 mil millones de dólares justo cuando Estados Unidos anuncia una suba histórica de sus tasas de interés.

Retomemos la cuestión del salario de los trabajadores frente al panorama de suba de las tarifas de los servicios, una devaluación del 40 por ciento y la eliminación de retenciones, que además de implicar una transferencia de recursos de los asalariados a los grupos concentrados lejos de abaratar los costos internos los encarece. El shock de economía ortodoxa pareciera orientado a la disminución del consumo, cuya consecuencia sobre el mercado interno acaso pueda llegar a ser devastadora. Ahí hay una verdadera tensión entre el modelo económico saliente y el del modelo del gobierno entrante. Saber si se logra o no el equilibrio será cuestión de tiempo; eso sí, la historia argentina ha dado ya muchísimas muestras de fracaso en este tipo de intentos.

Tomadas las medidas económicas y puestas a correr, el ministro de Hacienda y Finanzas deberá ahora buscar un acercamiento de posiciones entre los gremios y los grupos empresarios. Enero y febrero fueron meses clave para empezar a palpitar los acuerdos paritarios, con el gremio docente a la cabeza, y más en este 2016 en el que el inicio del ciclo lectivo está preestablecido para el lunes 29 de febrero. “Vamos a empezar a discutir con organizaciones gremiales y empresarios de qué manera vamos a ir transitando el verano, en materia de un acuerdo económico social amplio que va a convocar el presidente Mauricio Macri”, comunicó ayer Prat-Gay desde Asunción, en una conferencia de prensa brindada en la cumbre de ministros de Mercosur. Y, ante la duda de que ese acuerdo social entre trabajadores y empresarios, que en los últimos días vienen remarcado precios a diestra y siniestra, no llegue a buen puerto, el ministro avisó que el Gobierno “tiene las herramientas para que las cosas se encaminen”. Cualquieras sean estas herramientas, lo que debería estar claro es que ninguna de las centrales sindicales convalidarán medidas cuyo objetivo sea sostener la pérdida del poder adquisitivo del salario. El primer chillido de los trabajadores vino acompañado de un pedido de bono de fin de año para todos los trabajadores para hacer frente a los aumentos de precios post devaluación, en la gran mayoría de los casos injustificados. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca (h) y el propio Prat-Gay descartaron el pedido. Los trabajadores saben que para compensar deberán subir el piso de las negociaciones paritarias del próximo año.

Con intenciones de aflojar la tensión entre las partes, que sin dudas en los próximos se acrecentará, el Gobierno pretende que el empresariado retrotraiga los precios al 20 de noviembre pasado. La idea del equipo económico del macrismo de que esa política llegue a buen puerto tiene más de voluntarismo político que de realidad; de todas maneras, independientemente de que eso ocurra o no, con la devaluación reciente y la estimación de la inflación, los sindicatos tendrán argumentos de sobra para fortalecer sus exigencias. Los empresarios, por su parte, frente al nuevo panorama económico buscarán en los despidos y la desocupación, su principal arma para la contienda que se avecina.

*Sociólogo y periodista.

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