06/09/2016 Columnista

Bolivia, la CIA y el profesor Brzezinski

Por Atilio A. Boron. El asesinato en Panduro, Bolivia, del Vice Ministro Rodolfo Illanes refleja los extremos a los cuales es capaz de llegar la coalición destituyente en su afán por acabar con el gobierno de Evo Morales.

Integran esa alianza el imperialismo norteamericano, como indudable “director de orquesta”, acompañado por la oligarquía tradicional y las diversas fracciones de la burguesía como “segundos violines”, para seguir con la metáfora sinfónica, y el desafinado y heterogéneo coro integrado por ciertos segmentos de las capas medias, la pequeña burguesía y algunos sectores de las clases y capas populares de la ciudad y el campo. El papel que los Estados Unidos han jugado en Bolivia ha sido impresionante. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial casi todos los países de la región fueron incorporados como masa de maniobras de Washington; primero, en la naciente Asamblea General de las Naciones Unidas, donde el bloque latinoamericano tenía un peso decisivo. Y luego, ya estallada la Guerra Fría, como baluartes hemisféricos de la seguridad nacional de Estados Unidos. En algunos países este proceso fue más moderado: México, por ejemplo, donde los vestigios del despojo sufrido por ese país a manos de su poderoso vecino del Norte erigieron importantes obstáculos a la presencia de Estados Unidos en la vida política mexicana. Pero en el otro extremo se encuentran varios países de la región, y en el ámbito sudamericano Bolivia. La reciente publicación de un primer tomo de los Bolivialeaks ofrece datos concretos, procedentes de fuentes norteamericanas,  probatorios de la profundidad de la penetración de los Estados Unidos en todas las instancias y todos los estamentos de la vida estatal, para ni hablar de la economía, la sociedad civil o las fuerzas armadas.

El incidente que terminó con la vida de Illanes se originó en el rechazo de los cooperativistas mineros a una nueva legislación que, de acuerdo a lo establecido por la Constitución del Estado Plurinacional, prohibía que éstos tercerizaran a favor de corporaciones transnacionales las concesiones territoriales que les habían sido otorgadas. No sólo eso: también se oponían a la disposición que establecía que los empleados de las cooperativas podían afiliarse a sindicatos si así lo quisieran. Lo ocurrido recuerda la forma en que Estados Unidos y sus aliados locales desestabilizaron al gobierno de Salvador Allende en Chile. Punta de lanza de ese proceso fueron los camioneros independientes y poco a poco, a medida que el desabastecimiento programado de artículos de primera necesidad irritaba a la población, otros grupos de la baja clase media fueron uniéndose a la protesta que tenía en los grandes empresarios y el gobierno de Estados Unidos como sus principales, si no exclusivos, beneficiarios, dándole un “tono plebeyo” que desconcertaba y ponía en aprietos al gobierno de la Unidad Popular. Con algunas variantes, lo mismo está ocurriendo en estos días en Bolivia y, por supuesto, en Venezuela.  En Chile, la tensión social dio lugar a un enfrentamiento entre las fuerzas policiales y un grupo de mineros que terminó con uno de ellos muerto. En el caso de Bolivia fueron cuatro los cooperativistas que murieron en los enfrentamientos, además del Vice Ministro, un hombre dialoguista por naturaleza que primero fue hecho rehén, luego salvajemente torturado y finalmente asesinado con golpes de piedra en su cabeza.

Todo esto actualiza una preocupación  por el papel que Estados Unidos juega n nuestros países. Poco después de caído el gobierno de Allende el Senado de Estados Unidos develó el activo involucramiento de la CIA en el golpe de estado de 1973 y en todas esas grandes manifestaciones de protesta, con múltiples víctimas fatales. Los Bolivialeaks ofrecen testimonios irrefutables del accionar de “la compañía” así como de numerosas ONGs, aparentemente inofensivas pero que en realidad operan como pantallas de la CIA. Abonan esta percepción las declaraciones hechas este fin de semana por Zbigniew Brzezinski, quien desde 1976 ha venido asesorando a todos los ocupantes de la Casa Blanca en materia de política exterior, reconociendo públicamente  que su país planificó el golpe de estado de Ucrania en 2014 y que fue cómplice de la intentona golpista contra Erdogan en Turquía, hace apenas un mes. Brzezinski no condena la actitud norteamericana sino dice que ambas operaciones se basaron en una torpe lectura geopolítica y que fueron obra de aficionados que más que resolver crearon dos graves problemas para Estados Unidos. Sus comentarios deberían servir para comprender algunas situaciones aberrantes –como el asesinato de Illanes- que tienen lugar en los países latinoamericanos , especialmente en aquellos gobernados por fuerzas poco dispuestas a plegarse a las directivas emanadas desde Washington.

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