11/10/2016 Columnista

Una sensación bastante real

Por Facundo Martínez*. El crecimiento que el delito ha experimentado en los últimos meses, que acarrea la problemática de la justicia por mano propia, se ha instalado definitivamente en el centro de la escena política nacional. 

Incluso parece haber desplazado en la arena de los medios de comunicación a esa otra cuestión importante para la vida económica de los argentinos que es la inflación y los pedidos de reapertura de paritarias de los gremios que sienten haber cerrado muy a la baja sus acuerdos anuales. Los medios, se sabe, tienen el poder de marcar agenda.

Una encuesta ordenada y publicada el último domingo por el diario Clarín, a propósito del crecimiento del delito, señala que la inseguridad, que no es precisamente una sensación, es “el tema que más preocupa a los argentinos”. “¿Aprueba o desaprueba la justicia por mano propia? Es una de las preguntas diseñada por la consultora contratada, Management&Fit, a la muestra de población general de entre 16 y 70 años, que es al mismo tiempo una muestra de futuros votantes. Los resultados son apabullantes: 50,5 por ciento aprueban por completo (24,5) o parcialmente (26); un 21,1 por ciento ni aprueba ni desaprueba; contra un 18,4 por ciento que desaprueba por completo y un 7,7 por ciento que desaprueba parcialmente; solo una porción ínfima del 2,3 por ciento no sabe o no contestó.

El dato, que las armerías deben festejar subrepticiamente, debería preocupar de modo significativo a las autoridades que, desde hace varios años, vienen trabajando en el desarme de la sociedad civil.

Sería apropiado revisar en estas horas lo que podría ocurrir en una sociedad que decida tomar la justicia por mano propia. Un buen ejemplo para comenzar la reflexión sería rever el documental del periodista Michael Moore que ganó el premio Oscar allá por los primeros años del presente siglo: “Bowling for Columbine”, una película que explora las principales causas de la Masacre de Columbine en 1999 y otros varios hechos de violencia que tienen como protagonistas a las armas de fuego.

Otra cosa muy diferente y seguramente más edificante es reclamar justicia. Como lo vienen haciendo los familiares de víctimas de la inseguridad y de la tragedia de once, que este martes marcharán al Congreso para exigirles a los representantes de los partidos políticos y a las autoridades del Gobierno que mejoren sus medidas para combatir este flagelo. 

La encuesta en cuestión da un paso todavía más cruel en su construcción. Alienta de alguna manera la idea de que la gente no cree en el Poder Judicial. Lo cual sería, de paso, un inmejorable argumento para pensar un gran cambio en las estructuras judiciales o, claramente en el peor de los casos, tomar la justicia por mano propia. El 77 por ciento tiene poco (41,1) y nada (35,9) de nivel de confianza en el Poder Judicial; un 15,1 por ciento tendría algo de confianza; apenas el 3,1 por ciento mucha confianza y el 4,7 por ciento no sabe o no contesta.

Consultados acerca de cuál sería el principal motivo por el que ocurren hechos de justicia por mano propia en el país, el 31,7 por ciento culpa a la ausencia del Estado; un 27,4 atribuye el hecho a la desconfianza de la gente en la Justicia; un 23 por ciento al agotamiento de la gente, que vendría a ser algo así como un colmo del hecho de ser asaltado recurrentemente, como les ha ocurrido a algunos comerciantes; un 9,9 por ciento cree que esto se relaciona con el aumento de los delitos; un 3,9 por ciento cree que se debe a los impulsos violentos de las víctimas; y un 4,2 por ciento no sabe o no contesta.

No deja de ser interesante la lectura del último cuadro publicado en Clarín (9/10/16): Entre los siguientes temas ¿cuál cree usted que es el principal problema del país en este momento? El rubro inseguridad creció entre agosto y septiembre un 16,1 por ciento; es decir pasó del 18,4 al 34,5; lo sigue la desocupación, que experimenta un crecimiento del 1,6 por ciento (del 12,4 al 14 por ciento); y luego, con percepciones a la baja, la inflación (con un registro de 13,1 por ciento, un -5,6 menos que el mes anterior), la corrupción (12,2 por ciento y un -6,7 menor a las cifras de agosto) y la pobreza (11,7 por ciento y un -2 por ciento respecto de la última medición).

La baja en la percepción de la pobreza es algo que el Gobierno podrá utilizar a su favor cuando el presidente Mauricio Macri se reúna el próximo fin de semana con el Papa Francisco en el Vaticano. El tema de la pobreza estará sobre la mesa, sin dudas. Y Macri deberá esforzarse para evitar que el encuentro con el máximo referente de la iglesia católica no le sea nuevamente hostil como ocurrió en febrero pasado.

La imagen de Macri está a la baja y eso comienza a preocupar al frente Cambiemos. La economía no lo está ayudando. El déficit fiscal no encuentra saco que lo contenga. El ajuste ya pasó, la actividad industrial y comercial decreció notablemente y las cuentas siguen sin cerrar. Al Gobierno se le siguen abriendo frente de batallas y nuevos desafíos. Hay quienes consideran que el problema de la inseguridad es como una bomba que les explotó encima. Podría analizarse esto más detalladamente. Sin embargo, está claro que de cara a las elecciones del año próximo, el Gobierno deberá levantar la puntería y acaso encontrar algún tipo de equilibro entre los problemas que considera de fondo, digamos estructurales, y los que emergen a raíz de la demanda social.

*Sociólogo y periodista.

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