18/10/2016 Columnista

Colombia: el escarpado sendero hacia la paz

Por Atilio A. Boron. Días atrás el mundo quedó estupefacto ante la derrota del SÍ en el plebiscito convocado por el presidente Juan Manuel Santos para ratificar los Acuerdos de Paz elaborados, tras cuatro años de negociaciones, en La Habana. 

Todas las encuestas vaticinaban un triunfo del SI pero a la hora del recuento de los votos el NO se impuso por una ínfima minoría, muy inferior a los márgenes de error que se manejan en las encuestas de opinión pública. Fue una sorpresa mayúscula pero que estuvo lejos de ser inesperada: en los últimos meses las encuestas fracasaron escandalosamente en Gran Bretaña (cuando predecían la derrota del Brexit); en Perú, en la última elección presidencial; y en España, cuando vaticinaban que Podemos se convertiría en la segunda fuerza electoral de ese país rompiendo el tradicional bipartidismo de ese país.

Las negociaciones que condujeron a los Acuerdos tuvieron lugar bajo el auspicio de los gobiernos de Noruega y Venezuela, amén del anfitrión. Ambas partes contaron con el asesoramiento de eminentes juristas europeos y latinoamericanos y, en palabras de uno de ellos, por años vinculado a la Corte Penal Internacional, el extenso documento del Acuerdo (297 páginas) constituye una “verdadera obra de arte jurídico”.  Si de esto poco se ha hablado mucho más circunspecta todavía ha sido la prensa a la hora de informar que en los tramos finales de los diálogos el gobierno de Estados Unidos designó a un enviado especial del presidente para que participe en las conversaciones. En Febrero de 2015 el Secretario de Estado John Kerry anunciaba el envío a Cuba de Bernard Aronson como  prueba  del “inalterable apoyo” a los diálogos habaneros. Dueño de una larga carrera diplomática, Aronson participó activamente en los procesos de paz de El Salvador y Nicaragua. Durante cuatro años, entre 1989 y 1993 fue Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, lo que le valió recibir la medalla del servicio distinguido del Departamento de Estado. Ya en su actividad privada Aronson se desempeñó como consultor para Latinoamérica de Goldman Sachs y fue el fundador del Fondo de Inversiones Acon, que actúa sobre todo en nuestra región.

De lo anterior se desprende que los Acuerdos tuvieron el consenso no sólo de ambas partes -las FARC-EP  y el gobierno colombiano- sino también de los gobiernos garantes y de la Casa Blanca. Esto explica la reciente comunicación que John Kerry dirigiera al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, cabeza visible de la campaña por el NO, urgiéndole a que acompañe las iniciativas del presidente Juan Manuel Santos para implementar los Acuerdos habaneros haciendo caso omiso del ajustadísimo triunfo del NO en el plebiscito del 2 de Octubre. El interés de Washington por poner fin al conflicto armado se reflejó días atrás en el flamígero editorial que nada menos que el New York Times dirigiera el14de Octubre contra Uribe Vélez y titulado nada menos que “El hombre que bloquea la paz en Colombia”. En esa editorial, que rara vez el NYT dedica ad hominim, invita a Uribe Vélez a “empezar a comportarse como un hombre de Estado y no como un aguafiestas.” Si recrudeciera la guerra el resultado “podría ser catastrófico. Si eso pasara, Uribe sería a quien tendríamos que culpar”, concluye el periódico neoyorquino. El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al presidente Juan M. Santos fortalece su posición y, junto al apoyo recibido de la comunidad internacional y de Estados Unidos probablemente lo impulsen a avanzar en la implementación de los Acuerdos desechando los resultados del plebiscito. Mismo que, preciso es aclarar, no estaba contemplado en las negociaciones en el documento firmado en Cartagena. Colombia necesita impostergablemente la paz. Los Acuerdos son un primer paso de un escarpado sendero. Pero es hora de echarse a andar.

Notas relacionadas

Venezuela: las noticias y la realidad


Terrorismo en Europa: una lucha desigual


Trump y la crisis del orden mundial


Crisis, descomposición estatal y revueltas carcelarias


América Latina: un 2017 poco promisorio


Argentina: última en el ranking de Transparencia