25/10/2016 Columnista

El bono y la inflación

Por Facundo Martínez*. Se sabe que la inflación superó las expectativas proyectadas y que la mayoría de los acuerdos paritarios anuales quedaron por debajo del 42% que miden la mayoría de las consultoras, incluso las cercanas al Gobierno.

La pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores es otro observable, que repercute negativamente en el consumo y explica el derrumbe que éste viene experimentando desde los últimos meses. En este contexto, el acuerdo entre el Gobierno, empresarios y la GCT, a través de la mesa del Diálogo por la Producción y el Trabajo, de implementar un bono de fin de año que permita recuperar algo de ese poder perdido, y cuya negociación sirvió además para poner paños fríos y frenar el paro general que las distintas centrales obreras venían macerando, es apenas una bocanada de aire para el Gobierno que pretende así matar dos pájaros de un tiro.

Por un lado, se frena la idea de reapertura de paritarias que algunos gremios vienen sosteniendo y por el otro se enfría la idea de que la brecha condicione las paritarias futuras. Además, ese dinero ingresará seguramente al mercado con lo que ayudaría a reactivar el consumo por estas horas retraído.

La puja por el valor del bono no es un problema menor. El Gobierno pretende que en caso de elevarse de los 2.000 pesos propuestos inicialmente, sirva para estrechar la brecha que se generó entre los acuerdos y la inflación real. Además, el Gobierno ya manifestó su intención de ingresar a 2017 con paritarias que se negocien sobre la base de una inflación del orden del 17%, y hacer “borrón y cuenta nueva” con el atraso que se produjo este año.

Los trabajadores saben, por su parte, cuál es el sentido de la maniobra pero, al mismo tiempo, quizás por puro pragmatismo, saben también que más vale plata en mano que volando, que en el año próximo las discusiones serán definitivamente otras y, por supuesto, a la hora de cerrar números deberán tener en cuenta la experiencia de lo ocurrido este año.  

El presidente Mauricio Macri volvió a referirse ayer al bono y apuntó a la “generosidad” y a la “solidaridad” de los empresarios: “Que pongan el hombro en un momento difícil”, pidió. Mientras, al sindicalismo le reclamó “sensatez y prudencia”. Lo dijo en relación a la puerta abierta que el bono dejó sobre las base de un piso de 2.000 pesos con respecto a la negociación por sectores. De esa manera, los gremios fuertes saldrán ganando y, sin lugar a dudas, los sueldos de los gremios más débiles seguirán perdiendo poder adquisitivo. “Esperamos que sector por sector se negocie y se acuerde. Estamos tratando en echar las bases para desarrollar una Argentina que va a volver a crecer el año que viene”, prometió el Presidente.

Los primeros en oponerse a este acuerdo, los estatales, anunciaron a través del secretario general de UPCN, Andrés Rodríguez, que durante esta semana se producirán encuentros con distintos organismos del gobierno nacional a fin de establecer el monto del bono extraordinario y como señal de buena disposición al diálogo descartó la posibilidad de que la CGT convoque a un paro nacional antes de fin de año. “Hay que decir que el trabajador hizo un gran sacrificio dado que perdió poder adquisitivo de su salario en estos meses. Lo importante es que todos los sectores hagan sacrificios, pero todos”, opinó Rodríguez, quien remarcó que los avances en las negociaciones de UPCN y ATE con los funcionarios del Poder Ejecutivo hicieron que se haya descartado la medida de fuerza.

En medio de estos tires y aflojes, y mientras el sector empresario termina de digerir la nueva buena y las Pymes de pensar de dónde sacarán la plata para afrontar ese pago extraordinario, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca (H), complicó la negociación con la sugerencia de que ese bono podría pagarse en “dos o tres” cuotas. “Eso no estuvo nunca discutido”, expresó Héctor Daer, uno de los secretarios de la CGT unificada, y ratificó la idea de que el acuerdo es por un bono de 2.000 “que puede ir hacia arriba en aquellos lugares en donde se pueda”.

Algunos sectores como Pymes, y más precisamente la industria textil -que acusó una caída del 25 por ciento y acusó el golpe de la apertura de las importaciones-, remarcaron la imposibilidad de hacer frente a este bono. “La mesa que negoció ayer no tiene representatividad porque las pymes, centralizadas en tres grandes entidades como son la CAME, APYME y CGERA, no fueron convocadas”, disparó Raúl Zylbersztein, de la Federación Económica de la Ciudad de Buenos Aires. Y agregó: “Si las Pymes representan el 80 por ciento de los trabajadores, ningunearnos es un absurdo”. Mientras que, desde la CTA, el secretario general Hugo Yasky, apuntó: “Lo del bono es algo inconsistente, es un real paquetito de humo, que además significa la negativa del Gobierno a reabrir la discusión de las paritarias y actualizar los salarios”.

Contra la idea de que estos 2.000 alcancen para saldar el desfasaje entre las paritarias 2016 y la inflación, y acaso para darle un marco de fortaleza a las negociaciones en ciernes, desde la CGT se deslizó la idea que para compensar la pérdida real del salario el bono extraordinario debería ser en realidad de entre 8.000 y 10.000 pesos. Eso le dijo al diario Clarín, Jorge Sola, secretario de Acción social de la CGT. “El poder adquisitivo de los trabajadores está perdiendo al menos 6 puntos de su salario lo que, en promedio, representa entre $ 8.000 y $ 10.000”, apuntó. Su gremio, el del Seguro, acordó un 35% de aumento; otros gremios como el de Prensa, apenas arañó un 27. En ese rango que va del 27 al 35% se cerraron la mayoría de las paritarias en este 2016, aunque hubo picos de hasta 39. Es decir, que la brecha entre los acuerdos cerrados y la inflación medida, incluso por consultoras afines al Gobierno, va desde el 4 y hasta un 16% aproximado.

Ante estos números, el bono extraordinario no puede ser más que un paliativo. Y solo así deberán tomarlo los trabajadores. Si bien ayuda a afrontar los gastos de fin de año de ninguna manera alcanza para dejar atrás un año difícil, con una marcada tendencia a la pérdida del poder adquisitivo del salario, que fue una de las consecuencias del ajuste, el aumento de la pobreza y la pérdida de puestos de trabajo. Y un año mucho peor aún para los jubilados y pensionados y para todos aquellos que perciben los beneficios de la Asignación Universal por Hijo.

*Sociólogo y periodista.

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