14/03/2017 Columnista

Improvisación e irresponsabilidad en Olavarría

Por Atilio A. Boron.  La tragedia desencadenada en el recital del “Indio” Solari pone de relieve algunos aspectos muy preocupantes de la sociabilidad y la política argentina. 

Al momento de cerrarse esta nota, al mediodía del martes, sólo se sabe que hubo dos víctimas fatales pero poco y nada sobre la suerte corrida por los numerosos heridos, con diferentes grados de gravedad, y la gente que cuyo paradero todavía se desconoce. Preocupante, decíamos, por la reiterada incapacidad de las autoridades –en este como en todos los gobiernos anteriores, sin excepción- para garantizar que un acto de masas como el que se iba a escenificar en Olavarría contase con un mínimo de condiciones como para desenvolverse con total normalidad. Una vez más, la improvisación y la irresponsabilidad ganaron la partida y ahora hay dos familias que lloran a sus muertos y otras muchas sumidas en la angustia por sus seres queridos lesionados o que aún no regresaron a sus hogares.

Ya en varias columnas anteriores hemos señalado la anemia del Estado, en todos sus niveles, desde el municipio hasta la nación, y su marcada incapacidad para intervenir oportuna y adecuadamente en la vida social. Improvisación e irresponsabilidad en primer lugar de las autoridades de Olavarría, que no disponían de un predio adecuado ni contaban con el personal policial o médico para auspiciar un evento de gigantesca magnitud. No se previeron lugares donde alojar a la multitud que llegaría a la ciudad ni espacios para la circulación y el estacionamiento de los micros en las zonas aledañas al predio del concierto. Tampoco había suficientes baños químicos ni puestos de primeros auxilios, ni vías de escape para una rápida y segura salida de los asistentes en caso de que se produjera algún incidente. Sin embargo, seducidos por las ganancias que generaría el evento aprobaron la realización del concierto, con los resultados por todos conocidos.

Improvisación e irresponsabilidad también de las autoridades provinciales, que no sólo no contribuyeron con personal médico sino que fallaron hasta en lo más elemental: controlar las rutas de acceso para garantizar un tránsito ordenado hacia Olavarría, evitar que los automóviles avanzaran por la banquina con gran peligro para propios y ajenos y poner a disposición de los organizadores un plan de monitoreo y seguimiento del tránsito vehicular a cargo de la policía provincial.

Improvisación e irresponsabilidad también del artista y sus productores que, pensando tan sólo en la recaudación, jamás debían haber organizado un recital en una ciudad y en un predio que no ofrecían ningún tipo de seguridad para los concurrentes. Este triángulo de factores potenció el lamentable papel cumplido, salvo algunas honrosas excepciones, por los medios de comunicación. Movidos también por la codicia se limitaron a amplificar rumores o versiones antojadizas de supuestos testigos y convertirlos en “noticias”, o sea, en informaciones debidamente verificadas y certificadas. En lugar de eso se dedicaron a sembrar el pánico entre los parientes de quienes habían asistido al evento divulgando informaciones sensacionalistas que en cierto casos llegaron a denunciar la existencia de hasta nueve muertos y varios centenares de heridos, cosa que los hechos luego desmintieron terminantemente; hablaban también de reiteradas avalanchas que dejaban un tendal de víctimas y, como si lo anterior no fuera poco, recurrieron a un término tenebroso y cargado de lúgubres significados en la historia argentina: “desaparecidos” para referirse a quienes por diversas razones –desde pérdida o robo de celulares, saturación de las líneas telefónicas, etcétera- no podían dar noticia de su paradero a sus familiares. La incompetencia estatal, en donde palabras tales como prevención, planeación responsable, seguimiento y control son de escasa aplicación en nuestra vida política, se conjuró para producir una tragedia que sólo por casualidad no terminó con un número mayor de víctimas. Y los medios de comunicación demostraron su escaso profesionalismo al informar profusa y maliciosamente, y con el sólo ánimo de captar la audiencia y abultar sus ingresos lucrando con la desgracia ajena. O, tal vez, como sugieren algunos malpensados, para desplazar de las primeras planas las noticias sobre las multitudinarias marchas de la semana pasada en contra de las políticas del gobierno nacional. Vaya uno a saber …

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