04/04/2017 Columnista

Escuchar en el silencio

Por Facundo Martínez*. La proximidad del primer paro nacional de trabajadores convocado por la CGT puede ser una buena oportunidad para reflexionar sobre las políticas económicas cursadas por el Gobierno y su impacto en las próximas elecciones.

Es que más allá de la convocatoria de apoyo a su gestión, valiosa para el Presidente -pero sin dudas inferior en número a la movilización de las dos CTA del 30M, o incluso de la marcha nacional docente, lo cierto es que hay un reclamo concreto y un pedido de replanteo del rumbo económico, que el presidente Mauricio Macri y los integrantes de su equipo económico deberían cómo mínimo atender.

En el paro nacional del 6 de abril no habrá movilización. Así lo decidió la CGT. No habrá tampoco transporte público y se cree que habrá un altísimo grado de acatamiento de la medida de fuerza. Se trata de una primera gran advertencia para el macrismo. Un grito de silencio al que habrá que prestar oídos para comenzar a desandar un camino de conflictividad creciente entre los diferentes sectores sociales. El Gobierno deberá abandonar por un rato el tono hostil que fomenta cierto odio entre las diferentes clases sociales, dejar también de desligarse de las responsabilidades que le caben tras un año y medio de gestión y asumir el hecho de que son varios los sectores sociales que le piden un cambio de rumbo, desde dentro y desde afuera del propio Gobierno.

Las internas dentro del propio Gobierno, que se están recalentando, bien pueden servir como ejemplo. Federico Sturzenegger lo vive en carne propia, porque sus propios pares le recriminan la política monetaria y la escasa contribución del Banco Central en la reanimación de una economía que sigue dando muestras de debilitamiento, con la actividad industrial y la construcción como principales exponentes de la retracción, a las que se le suman las Pymes que por esta horas alertaron sobre 15 meses de caída sostenida.

A esta altura está claro que el efecto que el Gobierno buscó con la salida de Alfonso Prat-Gay y Carlos Melconián, para darles ingreso a Nicolás Dujovne y Rosendo González Fraga, no consigue apaciguar las aguas. El ministro de producción Francisco Cabrera pide ayuda a gritos, pero más concretamente pide que el Gobierno baje las tasas de interés y que el dólar se dispare.

En la jefatura de Gabinete también hay cortocircuitos a propósito de la retracción del consumo que produjeron algunas medidas adoptadas por el equipo económico como, por ejemplo, el programa precios transparentes cuyo resultado lejos de estimular contribuyó a una retracción aún mayor en el consumo. El regreso a las tres y seis cuotas sin interés es una muestra de la falla, además de un parche para intentar levantar una economía que, más allá de las proyecciones y los buenos augurios, no consigue asomar la cabeza. Prueba de ello son los datos objetivos que el Indec suelta a regañadientes y que, por otra parte, comienzan a dar los privados como si quisieran encender por cuenta propia algunas luces de alarma para que el Gobierno acomode sus antenas.

La caída de la imagen de Macri y de la Gobernadora María Eugenia Vidal, quien no ha logrado encontrar soluciones para encausar su pelea con los gremios docentes, preocupa y mucho al núcleo duro del Gobierno, siempre fiel a las mediciones estadísticas. Apretado por los números reales de la economía, Macri –tal como Vidal lo hizo en la provincia de Buenos Aires- elige redoblar la apuesta. “El paro no ayuda en nada”, dijo, y luego desafió a los líderes sindicales –como lo había hecho con el titular de SUTEBA, Rodolfo Baradel-: “voy a dar batalla contra las mafias de los sindicatos, la política y la Justicia”, retrucó.

Las duras palabras del Presidente fueron pronunciadas en el marco de un acuerdo Federal para la Construcción, que se oficializó el lunes en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno delante de representantes de las diferentes cámaras involucradas y de la UOCRA, el gremio que nuclea a los trabajadores de la construcción. El programa, como tantos otros anunciados en este tiempo, prevé la construcción de 100.000 viviendas y con ello la consecuente demanda de mano de obra.

“Todavía estoy emocionado con lo que vivimos el día sábado”, se ufanó Macri, a propósito de la movilización del 1A en apoyo a su gestión y “a favor de la democracia”, una consigna con la que el Gobierno buscó desacreditar a la oposición, a la que desde hace unos días, y en otra muestra de los límites difusos de sus operaciones mediáticas, viene acusando de “golpista”. “Que nadie se crea el dueño del país y del futuro poniendo palos en la rueda. Con más convicción que nunca les vamos a sacar el futuro a esos mafiosos a los que les ha ido bien con este modelo que acumula pobreza”, arremetió el Presidente. Desde el sindicalismo, hacían cola ayer para contestarle.

Lo cierto es que, si bien superó las expectativas del propio Gobierno, que en los días previos amagaba con desligarse de la convocatoria, la misma fue menor a la del 30A que el jueves pasado contabilizaron una concurrencia de 150 mil personas en la Plaza de Mayo. Los dirigentes Hugo Yasky y Pablo Micheli fueron durísimos en su descargo contra el Gobierno y convocaron a realizar un paro contundente en apoyo a la medida de lucha que la CGT buscará capitalizar el próximo jueves. “Con este paro termina la luna de miel con un Gobierno que usó el diálogo social para poner de rodillas a los trabajadores”, dijeron los dirigentes gremiales.

Muchísimas más personas contó también la convocatoria del 24M organizada por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, cuyo lema “Fueron 30.000” buscó ser un mensaje más que contundente contra las intervenciones públicas de un puñado de funcionarios que buscaron relativizar el número de las víctimas del Terrorismo de Estado de finales de los ‘70 y principios de los ‘80. La marcha tuvo un marcado tono opositor, tanto o más crítico que el que había tenido la movilización a la que la CGT había convocado el 7M contra las políticas para el sector de la producción.

Tomar la calle para manifestarse forma parte de la gimnasia de la vida democrática. Y está bien que el Gobierno festeje la participación ciudadana en la “autoconvocatoria” del último sábado, incluso que la piense como un apoyo explícito a sus políticas y acaso como una oportunidad inmejorable para relanzar su programa de gobierno de cara a un año electoral que, al parecer, se le presenta cuesta arriba. Eso sí, el jueves habrá un paro nacional con todas las letras, el primero que los trabajadores en su conjunto le hacen al Gobierno tras un año y medio en el poder. Habrá que esperar para ver cuál será la lectura que los funcionarios hagan de la medida de fuerza, mucho influirá en el análisis el porcentaje de adhesión a la medida. La CGT descartó realizar ese día una movilización. Para los líderes sindicales el paro nacional será un día de silencio y reflexión. “Todo silencio es una voz”, decía el filósofo francés Jean Paul Sartre. Habrá que esperar –insistimos- para ver si Macri, y sus ministros, están o no dispuestos a escuchar en el silencio.

*Sociólogo y periodista.

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