27/09/2017 Columnista

Secundaria del Presente (y del Futuro)

Por Facundo Martínez. La presentación de la reforma que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires quiere implementar el próximo año en 16 escuelas secundarias a modo de prueba testigo, disparó el debate sobre la educación.

Este proyecto, que impulsa la cartera de educación del Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y que cuenta con el apoyo explícito del ex ministro de Educación, ahora candidato a senador por la provincia de Buenos Aires, Esteban Bullrich, encontró su primer escollo en los propios estudiantes secundarios, quienes para expresar su rechazo tomaron 27 escuelas secundarias durante prácticamente un mes y después de arduas discusiones decidieron este lunes levantar las medidas de fuerza y marchar nuevamente al ministerio de Educación de la Ciudad, donde presentarán un escrito para reiterar el pedido a la ministra Soledad Acuña para que se posponga la aplicación de la reforma y se abra un espacio de discusión de un año para discutir el tema.

Las críticas a la metodología de protesta de los estudiantes llovieron a cántaros en los más variados programas de televisión, donde polemistas variopintos, a veces con fundamentos y a veces también sin ellos, dispararon munición pesada contra los estudiantes. “No me importa lo que digan de mí, ni que me maltraten, si esto sirve para que se incluya la voz de los estudiantes en la propuesta”, expresaba una estudiante del colegio Carlos Pellegrini. Justamente, ese diálogo entre autoridades educativas y estudiantes no existió antes, pero se posibilitó a partir de las tomas de los colegios, que pusieron el problema sobre el tapete.

El último viernes, miles de estudiantes de las escuelas porteñas, acompañados por padres y docentes marcharon desde el Palacio Sarmiento hacia el Ministerio de Educación para exigir al Gobierno Porteño que prorrogue la puesta en marcha del plan de reforma, que fue presentada a través de un powerpoint (que los interesados pueden encontrar por internet) bajo el nombre de “Secundaria del Futuro”.

La pretensión de los estudiantes es que semejante reforma sea debatida más profundamente entre los especialistas y los diferentes sectores que integran la comunidad educativa, incluyendo a los alumnos y sus padres. Dicho así, el reclamo no sería para nada descabellado. No son los chicos, como se llegó a decir por los medios, quienes quieren determinar los planes de educación. De hecho ninguno de los estudiantes entrevistados (a veces con malicia) sobre la cuestión de fondo se expresó en ese sentido. Dicen, y repiten ante cada micrófono, que quieren ser escuchados y, por cierto, ya parecen haber logrado un primer objetivo. El problema entonces es cómo desactivar ahora las tomas para que este diálogo propuesto tenga curso y el debate entre los actores involucrados se pueda realizar con las garantías correspondientes para que la Secundaria del Futuro sea un producto del consenso y no de las imposiciones.

“Rechazamos la Secundaria del Futuro por su carácter inconsulto y por eso pedimos una prórroga en su aplicación”, dijeron el último jueves los estudiantes en una conferencia de prensa que se llevó a cabo en el Nacional Número 4, Nicolás Avellaneda, del barrio de Palermo. Un día más tarde, con los estudiantes, los padres y los docentes marchando juntos en las calles, Rodríguez Larreta sumó su voz al conflicto señalando, en línea con la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, que tras la protesta hay operando “sectores del kirchnerismo” y apeló a una verdad de Perogrullo: “Estamos convencidos, como la gran mayoría de la gente, de que hay que cambiar y hacer una reforma del sistema educativo”. Los estudiantes, por su parte, dejaron en claro su resolución de no levantar las medidas de fuerzas hasta que las autoridades porteñas no decidan la postergación del programa testigo.

La Justicia, por su parte, instó a una reunión entre los delegados de los centros de estudiantes y la ministra Acuña, quien les propuso convocarlos a una mesa de diálogo futura para que acerquen sus propuestas pero les exigió a cambio el cese de las medidas de fuerza. Recién después de realizada esta reunión, y a un mes de haberse anunciado el nuevo plan para la Secundaria del Futuro a través del citado powerpoint, se conocieron los lineamientos de la reforma educativa.  

En líneas generales, el proyecto se inspira en el sistema dual alemán, que busca la inserción laboral de los estudiantes y alimenta la idea de que la formación no se limite a lo que sucede dentro del aula, sino también a los lugares de trabajo. Una pregunta que sobrevuela esta cuestión es si acaso esta práctica acerca o aleja a los estudiantes de la educación superior. Otra, para la que aún no se ha dado respuesta, pasa por la exclusión en principio de las escuelas privadas en este sistema.

El nuevo modelo contempla cuatro etapas diferenciadas: un Tiempo Preparatorio de 10 días, un Ciclo Básico de dos años –que se aprobaría sobre un sistema de acreditación de saberes-, un Ciclo Orientado de dos años –también promocionable a través del sistema de créditos y mecanismos de compensación, que estarán a cargo de los docentes y de un equipo tutorial- y un último año Integrador y Formativo, que incluye la práctica de pasantías laborales gratuitas fuera del ámbito de la escuela.

El texto, entre otras cosas, no determina cuál será la función de los docentes durante este período. Si especifica el final de la clase magistral de los docentes, que pasarían a trabajar en pareja, dividiendo la tarea dentro del aula en un 30 por ciento de clase introductoria a los contenidos y un 70 por ciento que quedará para “el trabajo autónomo y colaborativo” de los alumnos, quienes aprenderán “investigando, explorando y descubriendo solo o en grupo, con los docentes como facilitadores y orientadores, mediado por la tecnología”.

En torno a la política de pasantías, llamadas prácticas educativas, se supo que fue uno de los temas más discutidos entre los mentores del proyecto. En principio, la propuesta tiene tres definiciones: que el 50 por ciento del tiempo escolar será destinado a la “aplicación de los aprendizajes en empresas y organizaciones según talentos e intereses de los alumnos”; y otro 50 por ciento será destinado “al desarrollo de habilidades y proyectos relacionados al emprendedurismo”; y que los alumnos contarán con la posibilidad de una formación pre-universitaria: con la acreditación de dos materias generales del CBC de la UBA. 

En estos días pasados, la discusión a propósito de la Secundaria del Futuro se centró en la toma de los colegios por parte de los estudiantes y se debatió poco sobre la cuestión de fondo, que es precisamente lo que el Gobierno Porteño busca implementar de aquí a unos pocos meses, cuando comience el ciclo lectivo 2018.

De no ser por los estudiantes, pocos hubieran sabido que este cambio significativo para la Secundaria del Futuro no fue el producto de una discusión parlamentaria, sino de una resolución administrativa. De no ser por los estudiantes secundarios del presente, con sus aciertos y sus errores, no hubiera tomado la relevancia que hoy tiene esta reforma en ciernes y no hubiera despertado en la comunidad el particular interés de estos días. El ex ministro Bullrich, planteó que “este secundario como está no le sirve a los jóvenes”. Los estudiantes, no oponiéndose al debate sino al mecanismo inconsulto, dijeron a su manera lo contrario. Será cuestión de escucharse para generar consensos.  

 

*Sociólogo y periodista.

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