06/12/2017 Columnista

Romper la connivencia necesaria

Noray Nakis, vicepresidente primero de Independiente y ex presidente de Deportivo Armenio, no quedará en la historia por haberle regalado al fallecido mandamás de la AFA su famoso anillo con la frase “Todo Pasa”.

 

Lo hará por haber sido detenido la semana pasada en el marco de una causa por asociación ilícita para cometer distintos delitos, entre ellos el de lavado de dinero, junto al jefe de la barra brava del equipo de Avellaneda, Pablo “Bebote” Alvarez, ya preso y a disposición de la Justicia por extorsionar y amenazar al entrenador Ariel Holan a la salida de un entrenamiento del equipo finalista de la Copa Sudamericana.

Joyero de profesión, Nakis supo hacerse un lugar en las huestes de Julio Grondona desde el Deportivo Armenio. Así consiguió sentarse en la mesa de Don Julio, quien solía explicar la frase de su anillo como un mecanismo que lo ayudaba a superar los problemas cotidianos.

Nakis es un hombre de carácter fuerte. Se le conocen peleas con dirigentes y hasta con futbolistas propios y de otros equipos. En 2013 se trenzó feo con el entonces presidente de Independiente, Javier Cantero, durante una asamblea de representantes en el que el dominador común fueron las discusiones y los sillazos. “Acá no hay barras, fue Cantero el que provocó toda la violencia”, se defendió entonces el ahora vice primero de Comisión Directiva que lidera Hugo Moyano.

Fue su relación con la barra brava del Rojo la que lo llevó a la cárcel tras el megaoperativo de seguridad que se realizó la semana pasada en el que fue detenido por la Policía Federal, y en el que también cayeron otros 21 detenidos, la mayoría barrabravas de Independiente. En este grupo se encuentra el ex custodio de Moyano y también líder barrabrava “El Polaco” Petrov, quien se resistió a los tiros en su quinta de La Reja, en Moreno, e hirió a dos policías en sus miembros inferiores, pero finalmente fue detenido.

Las órdenes de detención las libró el juez de Garantías del juzgado 8 de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale. La causa fue caratulada como “asociación ilícita y lavado de activos”.

El Gobierno de Mauricio Macri viene dando pequeñas muestras de sus intenciones de combatir a los violentos, aunque todavía habrá que ver hasta qué punto de compromiso se piensa llegar en esta lucha, tan justa como necesaria. El problema es que, más allá de las buenas intenciones, una investigación seria sobre las relaciones entre los dirigentes y las barras bravas debería poner al desnudo las relaciones que estos actores, a los que habría que sumarles a la policía, vienen sosteniendo de diferentes formas y con sus propios matices desde hace más de 50 años.

Juan Manuel Lugones, titular de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide), lo sabe pero parece dispuesto a dar la batalla. La denuncia de Holan contra Bebote Alvarez fue el disparador de esta causa. Según la fiscalía, se trata de “una asociación con fines delictivos, destinada principalmente a la comisión de hechos de violencia física e intimidaciones contra personas y autoridades de organismos estatales y privados encargadas de la seguridad de los eventos deportivos”.

De esta forma, los violentos lograban obtener beneficios económicos como entradas para su reventa, dinero para acompañar al equipo en los viajes y hasta las extorsiones al cuerpo técnico, jugadores y otros profesionales del club. Holan fue víctima de estas prácticas cuando el jefe barrabrava Bebote Alvarez se le subió de prepo a su automóvil para exigirle dinero.

Lugones depende del ministerio de Seguridad de la Nación, cuya titular, Patricia Bullrich, expresó: “En el marco de la lucha contra las mafias que lleva a cargo el Gobierno, los ministerios y las áreas específicas, que es una decisión de ir a fondo contra las mafias que afectan al fútbol argentino, se dio un paso importante con la detención del vicepresidente de Independiente”.

La caracterización que la funcionaria hizo de los movimientos del negocio de las barras se acerca bastante a la realidad, una realidad que ha sido muchas veces tapada. “Nakis usaba a la barra como fuerza de choque para negocios propios, como la venta de un hotel que hizo desalojar una barra conformada por hombres ligados a Independiente”, explicó Bullrich y, a propósito del ex custodio de Moyano, agregó: “Petrov estaba ligado al sindicato de camioneros pero hace tiempo se desligó para asociarse en los ilícitos con la barra de Independiente. Armaban todos los negocios ilegales al rededor del fútbol, viajes de la barra, venta de entradas, estacionamiento, extorsión a jugadores y técnico, negocios clandestinos”.

Esto mismo hemos venido denunciando desde esta columna hace más de cinco años, y le damos valor ahora a la voz del Gobierno en esta cuestión. Uno de los primeros pasos que hay que dar en la pelea contra los violentos es la de la determinación firme del Estado y sus organismos de seguridad para combatirlos; ya llegarán el del sinceramiento de la dirigencia, muchas veces cómplice del negocio, otras tantas también víctimas de los violentos. En el caso de Independiente, según el ministro de seguridad bonaerense Cristian Ritondo, la dirigencia facilitó la investigación permitiéndoles a las autoridades revisar las cámaras de seguridad. “Vamos a continuar con otros clubes”, prometió el funcionario anunciando un camino que, no se dude de ello, estará lleno de sorpresas.

En el último partido de local, la tribuna Popular Norte Baja de Independiente mostró un hueco en el centro para que se destaque la ausencia de la barra brava y sus líderes y lugartenientes detenidos; también colgaron las banderas al revés, en otra señal de protesta. Pero ver realmente al estadio Libertadores de América, o el Monumental, o la Bombonera, o el Cilindro y todos los demás estadios libres de barrabravas todavía está lejos; este es sólo el primer paso y nadie debe conformarse ni mucho menpos relajarse. Sacar a los violentos de las canchas será una tarea inmensa, que sin dudas demanda romper la necesaria connivencia histórica entre los dirigentes y los violentos.

 

*Sociólogo y periodista.

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