06/03/2018 Opinión

Las cuestiones del presente

El Gobierno vivió la última semana a puro vértigo. Marzo se inició con tres ejes centrales que tuvieron a Mauricio Macri y su equipo como protagonistas excluyentes: el discurso en las sesiones legislativas, el hit del verano y el paro docente.

Comenzó con un intento fallido de ponerle coto al cantito futbolero con el que los hinchas del fútbol cuestionan al presidente Mauricio Macri y su consecuente crecimiento exponencial que preocupa seriamente a los hacedores de la imagen del Gobierno; siguió con las tensiones características de las paritarias docentes que tras varias reuniones infructuosas derivó en el paro de 48 horas que retrasa el inicio de las clases tanto en la Ciudad como en las provincias, con Buenos Aires a la cabeza; y concluyó con la apertura de las sesiones parlamentarias para este 2018, en el que el presidente expresó a grosso modo la agenda política y parlamentaria. Fue a través de un discurso optimista y de tono conciliador que, sin embargo, fue cuestionado por los opositores por no tener correlato con lo que ocurre, al menos, en materia de inflación y déficit fiscal.

En el contexto de la viralización del cantito/insulto que se disparó tras conocerse la iniciativa del ex árbitro Guillermo Marconi, titular del SADRA, de analizar la posibilidad de suspender los partidos en los que los hinchas insulten al Presidente, entre los funcionarios del Gobierno ganó terreno la pregunta de cómo parar esto.

No se trata de un problema menor para los funcionarios ni mucho menos para el Presidente, que se ha mostrado ante su gente de confianza dolido por la situación y molesto por la falta de respuesta de su gente para atacar la cuestión. El cantito y la multiplicidad de expresiones culturales y artísticas que se dispararon, golpean en el corazón de la estrategia comunicacional del Gobierno, precisamente una de sus fortalezas.

Uno de sus ministros y hombre de consulta en este área tan sensible, deslizó días atrás ante su propio equipo cuál sería la estrategia del Gobierno para mover el eje de las críticas. “Tenemos que hacer que el debate sobre el aborto dure diez meses”, dijo. Dos días más tarde, el diario Clarín publicaba 50 opiniones, mayoritariamente en contra de la despenalización, y un día más tarde el Presidente instalaba el tema en la agenda parlamentaria para este año, fijando su propia postura.

“Hace 35 años que venimos postergando un debate muy sensible, que como sociedad nos debemos: el aborto. Estoy a favor de la vida, pero también a favor de los debates adultos y responsables”, manifestó en un pasaje de su discurso que, en su totalidad, duró poco más de 40 minutos, y que inició recordando a los tripulantes del submarino ARA San Juan, cuya búsqueda ha cesado, y terminó con un halo de optimismo y el “sí, se puede” cantado a coro por los legisladores de Cambiemos.

El tono, a diferencia de lo ocurrido en sus dos discursos de apertura anteriores, buscó esta vez ser conciliador. No hubo nombres propios en la picota, como lo hizo, por ejemplo, el año pasado con Roberto Baradel (Suteba). Hubo incluso un guiño a los trabajadores que, con Hugo Moyano a la cabeza, le dieron el 19F una clara señal de reprobación.

“Vamos a presentar el proyecto de ley de inclusión laboral para que miles de trabajadores informales puedan registrarse sin perder la antigüedad”, apuntó. También frente al inminente paro de mujeres del 8M, incluyó cuestiones de género: “No podemos permitir que una mujer gane menos que un hombre, no es justo, no está bien”.

Eso sí, curiosamente, no hubo ninguna referencia a la Reforma Laboral que el Gobierno intentó acordar si éxito con el alicaído triunvirato cegetista a finales del año pasado. Aunque sí prometió una modificación de la Ley de Contrato de Trabajo para ampliar la licencia por paternidad.

Las cuestiones económicas, por supuesto, también tuvieron protagonismo dentro del discurso presidencial que, a todas luces, fue centrado esta vez en cuestiones de coyuntura y no en proyecciones.

“Tenemos metas de inflación y déficit, como las vamos a cumplir vamos a dejar de endeudarnos”, manifestó, y agregó: “La inflación está bajando, la de 2017 fue menor a la de 2016” y repitió eso de que “lo peor ya pasó” para luego poner énfasis en el gradualismo. En ese pasaje fue que, remitiendo al Principito de Saint Exupery, esbozó el concepto de “crecimiento invisible” de la economía. “Es como cuando empezamos un edificio: en el comienzo no se ve lo que estamos haciendo, no se ven las estructuras, los pilotes, volcando el hormigón. Pero esa base existe, está y sobre ella se construye el resto”, explicitó.

El optimismo del Gobierno no pareciera tener correlato con los datos crudos que arrojan los indicadores, ni siquiera con el reconocimiento que desde sus propias filas se hace con respecto al fracaso de estas metas evocadas.

Según el Indec, entre enero y febrero de este año los precios crecieron un 4,3 por ciento; mientras que el índice de precios mayoristas de enero fue del 4,6 por ciento. Esto, claro, impulsado por la devaluación del peso.

El Presidente también mencionó el ordenamiento de las cuentas fiscales, que sin embargo también le dieron negativo. Según las cuentas oficiales, 2017 cerró con un déficit fiscal cercano al 3,9 por ciento del PBI.

También mencionó, entre otras cuestiones, que los salarios le ganaron a la inflación en 2017; algo que más allá de cómo se hagan las cuentas, no es percibido así por los trabajadores que saben, porque lo viven, que el poder adquisitivo del salario viene cayendo a pasos agigantados frente al aumento de la canasta básica y los tarifazos frecuentes en los servicios.

Otra cuestión polémica en la que fijó posición fue el tema del gatillo fácil, que se instaló tras el caso del policía Chocobar, quien mató por la espalda a un ladrón en su huida. “Persiste una tensión entre democracia y seguridad. No creemos que haya que caer en la mano dura ni en el abolicionismo. Tenemos que pensar en los que nos cuidan, las mujeres y los hombres de las fuerzas de seguridad se juegan la vida por nosotros y merecen todo nuestro respeto y admiración”, expresó el Presidente, que también prometió la construcción de un parque nacional, “el más grande de Sudamérica” en Campo de Mayo. La iniciativa fue criticada por los organismos de Derechos Humanos, quienes remarcaron que precisamente en ese lugar funcionó uno de los centros clandestinos de detención más grande de la Dictadura. Y en otro guiño a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, remarcó la lucha del país contra el narcotráfico.

El cierre fue una invitación a seguir creyendo y apoyando al Gobierno. “Estamos en la dirección correcta, dejando atrás muchos años de estancamiento y retroceso”, dijo, y agregó: “Lo que estamos haciendo puede funcionar, está funcionando”.

Con un discurso centrado en el presente, Macri y su equipo han comenzado a transitar desde el jueves el camino hacia la reelección.

El saludo de Macri a la Plaza de los Dos Congresos vacía, registrado por los fotógrafos, bien puede leerse como un síntoma de los tiempos que corren; otro síntoma, sin embargo, que no puede pasar desapercibido, es la arenga que un día más tarde el Presidente ensayó frente a sus ministros, a quienes les pidió sin más: “No se mientan entre ustedes y no me mientan a mí”.

 

*Por Facundo Martínez. Sociólogo y periodista.

Notas relacionadas

Por un país digital


Subtes: inspeccionaron menos vagones de lo previsto


Tierra del Fuego aprobó una ley antidoping


Venció el comodato de los terrenos de Deportivo Español


El FMI o la puerta de los leones


Olavarría moderniza su gestión pública