28/08/2018 Opinión

La Universidad en la calle

Facundo Martínez* El problema que atraviesan las universidades es como una espina clavada en el pie para el Gobierno. Pocos temas, como la educación y el futuro, preocupan por igual a las clases medias y bajas, sean oficialistas u opositoras.

 

El problema que atraviesan las universidades es como una espina clavada en el pie para el Gobierno. Pocos temas, como la educación y el futuro preocupan por igual a las clases medias y bajas, sean oficialistas u opositoras. Lo hemos visto a través de diferentes manifestaciones y expresiones durante toda la semana y lo volveremos a ver este jueves 30 de agosto, cuando las columnas repletas de docentes, no docentes, investigadores del Conicet y estudiantes de todo el país se encuentren en la Marcha Federal a la que convocaron todos los gremios universitarios para demostrar la fuerza del reclamo salarial en medio de una serie de discusiones paritarias que están muy por debajo de la inflación real y de las expectativas racionales de los trabajadores del sector.

La semana pasada, la Plaza de Mayo fue escenario de una singular protesta. Tras tres semanas de paro de actividades en protesta, no sólo del acuerdo salarial sino también del ajuste que se viene realizando y se quiere profundizar en la educación superior, unas 70 cátedras de la Universidad de Buenos Aires dictaron sus clases a cielo abierto. Ni a los docentes ni a los alumnos que asistieron a la jornada de protesta pareció importarles el frío o las lluvias pasajeras. “Fue un éxito, una expresión del crecimiento que tiene la lucha universitaria en la UBA”, manifestó el presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), Julián Asiner.

Las clases públicas de la UBA, que acapararon la atención de los medios de comunicación, fueron apenas la expresión porteña de un conflicto que evidenció su enorme fuerza también en las movilizaciones de las universidades nacionales de Córdoba –de una masividad impactante-, La Plata y Rosario, entre otras. Los gremios docentes rechazan en conjunto la propuesta salarial de 15% en tres cuotas que ofrece el Gobierno y reclaman un 30% de aumento para intentar acercarse un poco más a la inflación real que castiga los bolsillos de los trabajadores.

Pero la cuestión no pasa solamente por encontrar una zona de posible acuerdo entre la oferta y la demanda, sino también concientizar a toda la comunidad sobre el ajuste presupuestario que el Gobierno intenta implementar sobre este sector, unos 3.000 millones de pesos, según lo comunicó a principios de año la secretaría de Políticas Universitarias.

La defensa de la educación pública y gratuita, tal como fue planteada, ganó adhesión tan rápidamente que el Gobierno se vio obligado a convocar para el inicio de la semana a una nueva reunión a los gremios universitarios en los que les ofreció una mejora de cinco puntos. La cifra no alcanzó para calmar las aguas y mucho menos para frenar la Marcha Federal Universitaria a la que asistirán docentes y estudiantes de todo el país.

Las expectativas de la reunión no eran a priori las mejores. “No somos optimistas teniendo en cuenta lo sucedido con los docentes de la provincia”, adelantó el titular de Feduba y vocero de la Conadu, Federico Montero, quien reclama al Gobierno “voluntad política” para comenzar a resolver el conflicto que frenó el inicio del segundo cuatrimestre en la mayoría de las universidades nacionales.

La situación y el alcance del problema preocupa seriamente al Gobierno. En medio de la crisis económica, las corridas bancarias y hasta el riesgo de ir a un default por la falta de dólares para asumir el pago de los intereses de la enorme deuda que tomó en estos tres años de mandato, ve que en este conflicto comienzan a adherirse sectores que le eran fieles.

Son 57 las universidades nacionales que sumarán sus fuerzas este jueves en el Palacio Sarmiento. Los organizadores confían en que la convocatoria superará las expectativas. En el Gobierno está instalada la idea de que al país le sobran universidades y docentes –alcanza con recordar las poco felices declaraciones de la gobernadora María Eugenia Vidal, en aquella pasada reunión con miembros del Rotary Club, cuando admitió saber que “nadie que nazca pobre llega a la universidad”-, así lo expresan sus cuadros políticos y lo diseminan por las redes sociales, acompañando sus intervenciones con datos y números que son desmentidos rápidamente por los especialistas en educación.

No parecen aprender en el Gobierno las lecciones que las Universidades Públicas les dieron oportunamente a Carlos Menem y a Fernando de la Rúa, toda vez que estos buscaron avanzar contra ellas a caballo de ese espíritu privatizador siempre recurrente del neoliberalismo.

*Sociólogo y periodista.

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