26/09/2018 Opinión

La realidad argentina en dos planos

Mauricio Macri comenzó su viaje oficial por los Estados Unidos, donde se encontró con Donald Trump; cenó y bailó con Christine Lagarde, se hizo entrevistar para mostrarse optimista y brindó un discurso ante los países miembros de la ONU.

El presidente Mauricio Macri, cuya popularidad viene mermando sencillamente porque las políticas económicas de su gobierno no favorecen a la gran mayoría de los argentinos, comenzó el lunes su viaje oficial por los Estados Unidos, donde se encontró con el presidente Donald Trump; cenó y bailó con Christine Lagarde, titular del Fondo Monetario Internacional, organismo al que el Gobierno recurrió nuevamente para ampliar el salvataje económico; se hizo entrevistar por diarios especializados para mostrarse optimista y fuerte frente a los posibles inversores extranjeros; y brindó un breve discurso ante los países miembros de la ONU.

Pero fue difícil la misión del Presidente porque al mismo tiempo, en la Argentina, los trabajadores se organizaron para combatir sus políticas y llevaron adelante un paro general de 36 horas, que incluyó una gran movilización el primer día, cortes de rutas y puentes y un contundente paro general al día siguiente. Todos los gremios unidos bajo un objetivo común: frenar el deterioro del salario, que a esta altura se ha convertido en la principal variable del ajuste.

Las medidas de fuerza impulsadas por gremios que pertenecen a la CGT y a las dos CTA, duró desde el mediodía del lunes hasta las cero horas del miércoles. Mucho le aportó a la contundencia de la medida de fuerza el apoyo de los gremios fuertes de la CGT, entre ellos los de transporte de pasajeros, lo que garantizó la efectividad de la medida a nivel nacional. En las diferentes convocatorias se expresó con claridad que las medidas son “contra el FMI y las políticas de ajuste y exclusión” que lleva adelante el Gobierno.  

A los gremios se les sumaron las organizaciones sociales, encargadas el lunes de dar inicio a la larga jornada de protestas con un corte en el Puente Pueyrredón. Allí estuvieron presentes Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el Frente Darío Santillán y la Corriente de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, entre otros; desde allí se trasladaron a la Plaza de Mayo para sumarse a las columnas de los gremios de las CTA y los de la GCT más combativos.

La jornada del martes fue todavía mayor en contundencia. Con los gremios fuertes sosteniendo la medida, el paro se sintió a gran escala y no dejó dudas sobre su naturaleza en defensa del salario y las fuentes de trabajo. Justamente, el otro plano de la realidad argentina.

Fue el propio gobierno el que logró juntar, más por espanto que por amor, a prácticamente todo el arco opositor en las jornadas de protesta. “El Gobierno tiene que entender que los trabajadores y las trabajadoras vamos a estar en la calle hasta que cambie la política económica”, sostuvo durante el acto el secretario general de la CTA de los Trabajadores, Hugo Yasky. El también diputado nacional por Unidad Ciudadana había cuestionado en la previa el rumbo económico del país al señalar que “no se sale de una crisis económica con la timba financiera” y remarcar entre los principales problemas “el ajuste” y su consecuencia más inmediata, que “se siguen cayendo puestos de trabajo”. Por su parte, Pablo Micheli, jefe de la otra CTA y también orador en el acto del lunes, fue todavía más a fondo al recalcar: “O se cae este modelo económico o estos tipos dejan el gobierno”.

Desde las cero horas del martes fue la CGT la que tomó mayor protagonismo en lo que fue el cuarto paro general contra el gobierno de Macri en dos años y medio de gestión. La medida tuvo una contundencia similar al que se llevó a cabo el 25 de junio pasado, cuando todas las centrales sindicales se manifestaron contra el ajuste de Cambiemos.

Mientras en el otro plano Macri esperaba que en Estados Unidos se escuchara su pedido de auxilio económico, de este lado del mundo los trabajadores esperaban que sea el presidente quien escuche sus voces.

“Va a ser un paro contundente para que el gobierno cambie la política económica. En los discursos dicen que vamos bien y la prueba que no es así está a la vista de todo el mundo”, manifestó en la previa el triunviro de la CGT Carlos Acuña, y agregó: “Lo único que le escucho decir al Presidente es que él quiere calmar a los sectores financieros. ¿Quién le calma el hambre a la gente? ¿Quién calma la falta de trabajo, las tarifas?”. Por su parte, Héctor Daer, también triunviro cegetista, reclamó: “Si no cambian, tendremos que seguir adelante con la lucha. Y por supuesto la principal salida de esto es política. Hay que buscar una alternativa política para ganar las elecciones y después gobernar con un acuerdo entre los sectores que piensan la Argentina y en cómo salir de este endeudamiento que nos van a dejar”. 

Y en medio de todo esto, en Nueva York, los posibles inversionistas estadounidenses que esperaban que Macri los convenciera sobre la fortaleza de su gobierno para llevar adelante el ajuste fiscal “en serio” y las reformas que le exige el FMI, recibieron una noticia sorpresiva, que estaba fuera de los planes, más allá del disimulo: la intempestiva renuncia de Luis Caputo -primo hermano del empresario de la construcción Nicolás Caputo, amigo íntimo de Macri- a la presidencia del Banco Central de la República Argentina, cargo que había asumido el pasado 14 de junio. No era el momento, en medio de una negociación clave.

Curiosa señal de la Argentina para los inversores. Justamente, a Caputo lo reemplazará –según fuentes oficiales- Guido Sandleris, número dos del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, el mismo que amagó con presentar dos veces su renuncia cuando se enteró que en el Gobierno le buscaron sin éxito reemplazante en medio de las negociaciones con el FMI.

“Esta renuncia se debe a motivos personales, con la convicción de que el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional restablecerá la confianza acerca de la situación fiscal, financiera, monetaria y cambiaria”, expresó el BCRA a través del comunicado en el que intentó explicar la renuncia de Caputo.

El fortalecimiento repentino de Dujovne termina siendo la señal que el Gobierno da a Wall Street, donde ahora crece la curiosidad acerca de si, al menos en el escenario político interno, el Gobierno tiene o no espalda como para implementar el plan de acciones que sugiere el organismo de crédito internacional. Sobre todo teniendo en cuenta la proximidad del año electoral.

El Presidente está convencido de que la solución a los graves problemas económicos viene de la mano de los créditos. Por eso viajó personalmente a Estados Unidos, acompañado por Dujovne, para sostener diferentes reuniones con representantes de la banca internacional y de fondos de inversión. Todos los especialistas coinciden en el diagnóstico: el Presidente debe mostrarse, frente a los dueños del dinero, dispuesto a seguir a rajatabla los lineamientos del FMI. De eso dependerá el ingreso de dinero por parte del organismo y con ello la garantía de seguridad que los fondos inversores necesitan para tener la certeza de que Argentina tendrá en 2019, los dólares que necesita para poder pagar oportunamente sus compromisos.

Debajo de esta realidad está la de los trabajadores que ven cómo se derrumba el salario y sus condiciones de trabajo, con acuerdos paritarios a la baja, que incluso en algunos gremios ni siquiera se cumplen, y una inflación real que a esta altura supera en un ciento por ciento las expectativas proyectadas por el Gobierno a finales de 2017 y que incluso ya habían sido modificadas en los primeros meses de este año. Dos planos de la realidad argentina, decíamos al principio, que no logran encontrarse.

 

Por Facundo Martínez. Sociólogo y periodista.

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