20/12/2011 Funciona desde 2008 en San Justo, Santa Fe

Cómo convertir un basural a cielo abierto en una fuente de trabajo

La interacción entre la Nación y el Estado santafecino generó la relocalización de varias familias que vivían en las inmediaciones de un centro de acopio de residuos, en condiciones perjudiciales. Los chicos fueron a la escuela y los adultos, con la capacitación del INTI, lograron abrir una planta de tratamiento y reciclaje.

La problemática de los basurales a cielo abierto, y su manejo, afectan a varias provincias. Muchas son las iniciativas que se impulsan desde distintos niveles del Estado. Aquí, un ejemplo de lo hecho durante 2008 en la localidad de San Justo, Santa Fe, con la intervención del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Ministerio de Trabajo de la Nación y el mismo gobierno santafecino, en una iniciativa que incluyó, además del cierre del basural, la reubicación de las familias que vivían en el lugar y el empleo de esa gente en una nueva planta de tratamiento de residuos.

El proyecto surgió en 2008 en una reunión entre el INTI, el Ministerio de Trabajo de la Nación y más de cien localidades del país que atraviesan problemáticas con el manejo de los residuos. Tras ese encuentro, el intendente de San Justo, Marcelo Mauro y su secretario de Producción y de Desarrollo, Héctor Ayala, acercaron su propuesta.

Ayala dialogó con gestionpublica.info y explicó cómo surgió la idea desde el municipio. “Nosotros teníamos una situación inicial con el problema del tratamiento de los residuos y empezamos las gestiones para poder ver cómo nos acompañaba técnicamente algún organismo nacional. Así como lo hicimos con la Secretaria de Medio Ambiente, nos contactamos con el Ministerio de Trabajo y con INTI, y tuvimos la ventaja de que justo el Instituto en ese momento estaba iniciando un programa y que teníamos un pre proyecto bastante adelantado, pero con carencias técnicas, por no contar con información ni recursos humanos”, dijo el funcionario.

Como condiciones iniciales, en San Justo tenían un basural a cielo abierto con un galpón lindero que cumplía, en primer término, las medidas necesarias para instalar allí una planta de tratamiento. Además, había 13 familias viviendo en el lugar.

Héctor González, director de la oficina de Gestión de Residuos Sólidos del INTI, fue unos de los que encabezó el proyecto y explicó a este medio por qué desde el Instituto apoyaron la iniciativa: “Nos pareció maravilloso que quieran encarar ese tema por su cuenta, porque los primeros años es complicado hacer eso. Nos propusimos acompañarlo y presentamos el proyecto conjuntamente al Ministerio de Trabajo. El municipio aportó muchos de sus fondos y nos pareció muy bueno porque (el intendente) Mauro tenía una visión más allá de lo diario, que es la que tienen la mayoría de los intendentes, dado que los grandes frutos se van a cosechar de aquí al año que viene, cuando él ya haya finalizado su mandato, o sea que no estuvo mirando su propia espalda”, valoró el miembro del Instituto.

Dentro del plan, la instalación de la planta fue el último paso. El proyecto, que fue interdisciplinario, intentó primero resolver la situación de las familias que vivían a metros del basural. “Primero apuntamos a la cuestión social y después tratamos de darle un encuadre productivo y ambiental”, comentó Ayala. En ese contexto, desde el municipio comenzaron a interactuar junto al Ministerio de Desarrollo Social y el de Trabajo para resolver las tareas que realizaban las familias en el lugar, esto es, la entrada al basural y la extracción de materiales, con los riesgos que eso implica.

Luego de reubicarlas, mediante un plan de viviendas de la provincia de Santa Fe, se les dio a las familias asistencia en salud y los niños fueron enviados al colegio como requisito para formar parte del plan. Con esas cuestiones ya encaminadas, el INTI comenzó a trabajar en la obra de la planta y en la capacitación a los recuperadores.

La primera etapa de la capacitación constó de una serie de charlas sobre cómo trabajar en equipo la cuestión de la separación en origen. El Instituto entregó material informativo, que además de servir a los futuros empleados, se usó como material pedagógico en las escuelas. “Una vez que la comunidad se alineó con el tema, hicimos un retoque en el plan de recolección del municipio, porque antes un sólo camión levantaba todo, por lo que se estipuló que cuatro días a la semana se recogieran los húmedos y orgánicos, y dos días, los secos”, describió González.

Esos residuos secos son los que se trabajan en la planta. Allí, los recuperadores manejan el material, lo clasifican, generan volumen, lo separan, después le dan un grado de valor a lo que se pueda recuperar, y son ellos mismos quienes buscan los mejores compradores.

El desarrollo del proyecto llevó varios años. La planta de tratamiento fue inaugurada recién hace un año. Un proyecto de esa clase puede ser aprobado en 30 días o en 300 y eso depende de que el municipio cuente con el lugar apropiado para hacerlo. En el caso de San Justo, según González, se ganaron seis meses que, de otro modo, se hubiesen utilizado para trabajar el terreno.

 

Otros proyectos

Para fines de 2011, el objetivo del INTI es finalizar una planta de tratamiento en Venado Tuerto, también en Santa Fe. Tal cual explicó González, el proyecto allí es realizable porque, al haber alrededor de 120 mil habitantes, “los (residuos) secos tienen un caudal que permite avanzar más allá y darle un valor agregado a los materiales recuperados, lo que justifica el emprendimiento”.

Consultado sobre la posibilidad de realizar una planta de tales características en Capital Federal, González explicó que sería muy costoso y complejo. “Las metrópolis tienen complicaciones de logística y de costos. Por ejemplo, de las cinco mil toneladas diarias que genera Buenos Aires, hay dos mil que son residuos orgánicos y para eso hay que buscar planes más industriales”, sostuvo y completó: “Por el valor mobiliario no se puede pensar en una planta de compostaje porque se necesitarían disponer de unas diez manzanas”.

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