02/02/2012 Columnista invitado

Una reflexión sobre la crisis de Europa del Este

*Por Gabriel Holand Suele definirse a Europa del Este como el conglomerado de naciones que, hasta la última década del siglo pasado, formaron parte del “bloque socialista” liderado por la ex Unión Soviética.

Y, a su vez, conformaban  una alianza económica que se denominó Consejo de ayuda Mutua Económica (COMECON, por sus siglas en inglés).

Hoy, toda esa matriz geopolítica pasó a la historia como tal,  muchos de sus ex miembros integran la Unión Europea y otros bregan por lograr dicha membresía.

Entre las economías más importantes, excluida la rusa, se podría mencionar a las de Polonia, Hungría, República Checa, Eslovenia, Letonia, Rumania  y Bulgaria.

Queda claro que, con la ruptura del bloque socialista, cada una de dichas naciones reforzó su independencia política y económica, lo cual a la vez implicó que tuvieran que decidir individualmente qué rumbo seguir.

Porque, aunque algunas de ellas se encontraban económicamente más favorecidas que otras, necesitaron repensar sus estrategias productivas y pelear por la inserción en el comercio internacional.

Por lo tanto, la situación económica de cada uno de dichos países muestra distintas realidades entre sí.

Así hay quien puede insertarse más activamente en el mundo globalizado (ej. Polonia), mientras que otras padecen la falta de competitividad de su aparato productivo, insuficiencia de recursos naturales estratégicos y menor capacitación de su fuerza de trabajo.

Y dichas las debilidades macroeconómicas (unidas a la crisis global que se desató en el año 2008) dieron lugar a debilidades marcadas en países como Hungría y Letonia.

En resumen, los años de atraso producidos por la decadencia del bloque socialista, la falta de competitividad tecnológica y laboral junto a la carencia de recurso natural exportables, llevaron a importantes desfasajes en las balanzas comerciales y de capitales, todo lo cual derivó en el empobrecimiento de grandes franjas de la sociedad.

Aún con los riesgos que conlleva toda generalización, bien podría decirse que a la mayoría de las naciones de Europa del Este les caben las generales de la ley que incluye a los llamados países “periféricos” (eufemismo de pobre) que pertenecen a la UE.

Es decir, resultaría imperioso que logren integrarse con las economías más ricas en una alianza que aproveche las fortalezas de cada región y las integre al conjunto de naciones europeas.

Claro que Grecia, Portugal o España (socias de la UE) muestran necesidades parecidas, pero tienen escasa suerte en satisfacerlas hasta ahora.

*Especialista en mercados globales, docente universitario, director de HR Global - http://hrglobal.com.ar/a/

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