26/09/2012 Columnista invitado

“La raíz de los problemas de abusos financieros radican en la esencia misma del sistema económico”

*Por Gabriel Holand. Desde el inicio de la crisis financiera, desatada en el año 2008, se utilizaron ríos de tinta para tratar de explicar las razones que la generaron tanto como cuales serían las posibles herramientas a utilizar para evitar que semejante desastre volviera a repetirse...

Dentro de dicho entorno, mucho se opinó acerca de la necesidad de la existencia de mayores y mejores controles sobre la actividad financiera y los mercados. Por lo tanto, parecería que buena parte de los problemas se resolverían al instrumentarse procesos formales de distinta calidad a los que existieron durante los últimos años.

Sin embargo, tal vez sería útil agregar una reflexión que cambie la sustancia de dicha idea. Y nada mejor que hacerlo a través de ciertas preguntas:

¿Es esta la primera crisis global y por lo tanto nos tomó por sorpresa o, por el contrario, se aprendió poco de las razones que dieron lugar a anteriores momentos críticos de la historia reciente?

Luego, y dado que existen múltiples organismos nacionales e internacionales de control financiero, resulta útil preguntarse: ¿puede la ciudadanía controlar efectivamente la tarea de dichas burocracias?

Porque tal vez algunas quiebras de grandes bancos y empresas se debieron, más que a falta de herramientas adecuadas, a cuestiones políticas y de valores. Entonces conviene recordar dos comentarios del filósofo francés André Comte-Sponville, quien fuera asesor del ex presidente galo Nicolás Sarkozy, cuando mencionó: “No hay que mezclar todo. El capitalismo no es moral o inmoral. Es, simplemente, amoral”, luego, “como Marx, creo que el egoísmo es la principal fuerza motriz de todo ser humano”.

Por tanto, quienes consideren que dichos conceptos hacen a nuestra realidad, también concluirán que la raíz de los problemas de abusos financieros, lejos de originarse en la calidad de instrumentos/ instituciones formales (auditorías, normas contables), radican en la esencia misma del sistema económico en el cual vivimos y que, además, es el único exitoso hasta el momento.

Y si existe alguien que tiene muy claras dichas ideas, porque ven como la codicia ilimitada y cierto grado de hipocresía se imponen en algunos ámbitos ligados a la economía y las finanzas, es la gente común que cotidianamente necesita invertir energías en atender sus necesidades básicas muy lejos de las peleas palaciegas.

Probablemente, también muchos de ellos sientan que, en el día a día, sus opiniones y participación se diluyen a la hora de confrontarlas con grandes intereses en juego.

En ese sentido, resultaron muy interesante algunas reflexiones que escuché hace pocas semanas en Atenas dichas por algunas personas de la clase media griega (docentes, empleados, jubilados), donde básicamente sostenían que pocas soluciones se podían esperar de quienes manejaban la cosa pública en el país por lo cual lo mejor sería emigrar a otro país de la UE que estuviera en mejores condiciones.

Y, se preguntaban, ¿porque aquellos organismos que validaron información más que dudosa para aceptar a Grecia en la UE ahora ejecutarían mejor su tarea y pondrían límites al descontrol? ¿Acaso fueron problemas formales o de intereses?

Tal vez, siempre dentro de Europa y en referencia al artículo del diario The Guardian, muchos ciudadanos británicos perciban también como la economía de su país, otrora potencia global, se desgaja mientras ellos pierden calidad de vida y poder adquisitivo en forma permanente. Porque la economía inglesa atraviesa una nueva recesión al soportar un nuevo plan de austeridad llevado adelante por el premier Cameron.

Y entonces si los menos beneficiados por el auge financiero de la década 1996/2006 son ahora llamados a pagar la mayor parte de la factura, ¿qué motivación tendrían para unirse a organismos de control sobre cuya calidad ideológica y política tanto se duda?. ¿Pensarán acaso que se los invita al solo efecto de dar un barniz de cierta participación ante decisiones que se toman en otros ámbitos y que poco los beneficiará?

¿Creerán tal vez que es difícil enfrentarse con éxito a los más poderosos y por tanto deciden emplear su energía en cuestiones que consideran más productivas para su vida diaria?

A quien escribe estas líneas le parece que tratar de responder a estos interrogantes podría resultar productivo para ampliar el interés y la participación de los ciudadanos tanto en Europa como en otras partes del mundo.

*Especialista en mercados globales, docente universitario, director de HR Global - http://hrglobal.com.ar/a/

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