30/01/2013 Opinión

Paritarias en el centro de la escena

Por Facundo Martínez*. Entre febrero y marzo comenzarán las pujas de las negociaciones paritarias en la mayoría de los gremios que nuclean las “cinco” centrales obreras: la CGT opositora de Hugo Moyano y la oficialista de Antonio Caló y las dos CTA, la de Pablo Michelli y la de Hugo Yasky; la lista la completa el díscolo Luis Barrionuevo y sus adláteres.

Los bancarios largaron primeros, pero este año sus números parciales no podrán servir como referencia para los demás tal como ocurrió en 2012. Acaso ese papel que supieron ocupar los camioneros en los momentos dulces de la relación con el Gobierno, lo tome ahora la siempre complicada paritaria de los docentes, claro que no fijando precisamente un techo sino un piso, por debajo del cual no cerrará ningún otro gremio. Los demás esperarán que se despeje un poco el panorama porque si bien el contexto es más complejo que el de años anteriores, no son pocos los gremios que piensan que para este 2013 los que se apuren en cerrar acuerdos probablemente terminen perdiendo.

El Gobierno es consciente del riesgo que corre la economía del país si no se pone coto a los reclamos de los trabajadores, quienes estiman una inflación superior a la calculada por el Indec, que en 2012 cerró en 10,8 por ciento (según datos oficiales), una cifra significativamente inferior a la estimada por ejemplo por los institutos de estadísticas provinciales, cuyas mediciones oscilan entre el 17 y el 23 por ciento, y al índice que calculan las principales consultoras privadas, que coinciden alrededor de un 25 por ciento. El número que barajan en el Gobierno para este 2013, aunque apenas se animan a enunciarlo entre dientes, es el 20 por ciento. Difícil que los gremios le compren el boleto. El número resulta escaso si se lo contrasta con la realidad de los bolsillos de los trabajadores. Sin embargo, el Gobierno entiende que así no se pondría en riesgo la estabilidad ni el crecimiento económico y tampoco se dispararía inconvenientemente la inflación. Algo por supuesto atendible, más si se considera que en 2012 se registraron bajas en indicadores clave para la economía como pueden ser el crecimiento de la industria y la generación de empleo formal. Y tampoco ayuda el desfavorable contexto internacional.

Las negociaciones paritarias en este 2013 estarán atravesadas por otro elemento de peso. Se trata de un año electoral y el Gobierno deberá atender cuestiones de peso para los trabajadores como la suba del mínimo no imponible y las asignaciones familiares. Un reclamo que concentra a todas las centrales obreras, y para el cual el Gobierno aún no esboza soluciones. Tampoco ayudan las ineficientes medidas de control de precios –o, dicho de otra forma, los acuerdos de la secretaría de Comercio con determinados empresarios-, que en muchos rubros se disparan arbitrariamente por encima de los señalamientos más agoreros. El panorama se opaca todavía más si se consideran los recientes aumentos en las ramas subsidiadas por el Estado como transporte, gas, electricidad y combustibles. Así, no sería descabellado imaginar para el 2013 una inflación mayor a la del 2012.

La inflación es un problema cada vez más serio para la economía nacional. El ruido que provoca llega ahora con claridad a los oídos oficialistas. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, deslizó incluso la posibilidad de una devaluación del peso cuando señaló que imaginaba para fin de año un dólar oficial cercano a los 6 pesos. Quizás se trató de una estrategia discursiva para frenar la suba del dólar paralelo o “blue” que en estas vacaciones veraniegas se disparó por arriba de los 7,40 pesos, pero lo cierto es que en boca de Moreno el comentario reviste un carácter oficial sin precedentes y de ninguna manera puede pasarse por alto.

A su regreso de la gira por Asía, la presidenta Cristina Fernández instó a los trabajadores a ser responsables respecto de sus demandas e hizo extensivo su pedido a los “consumidores”, para que no compren en el mercado a cualquier precio. “¿Me querés cobrar esto? No te lo compro, guardátelo y comételo vos”, ejemplificó. Sin subestimar el poder colectivo, la estrategia de la mandataria, con cierto tiente nostálgico –en 2005 Néstor Kirchner había llamado a “boicotear” a la firma Shell por un aumento unilateral del precio de las naftas- no resiste el análisis: alimentos, vivienda, salud, educación, son algunos de los rubros que trepan año tras año a un ritmo inflacionario superior al promedio de los porcentajes que arrojan los diversos acuerdos paritarios, lo que provoca una pérdida significativa del poder adquisitivo del salario, sobre todo en los trabajadores de ingresos medios y bajos. Frente a la tensión creciente entre el salario y los precios, “el poder de usuarios y consumidores” del que habló la Presidenta no puede resultar suficiente, más allá de su poder exclamatorio y su señalamiento de buenas intenciones en tren de que se celebren los acuerdos paritarios.

En este contexto es muy probable que las negociaciones colectivas resulten más complejas que las de años anteriores. Ni siquiera parece estar del todo claro que, frente al presente contexto económico y político, los futuros acuerdos se celebren en forma anual. Entre los sindicalistas hay quiénes están convencidos de que ante la inflación, es mejor trazar acuerdos a corto plazo, semestrales en el peor de los casos, que permitan acomodar los números a la realidad. El propio Moyano ya fijó en esa vereda su preferencia.

Por eso, Febrero será un mes clave para escuchar y ver qué es lo sucede en el comienzo de las negociaciones. Ante el inminente comienzo de las clases, los docentes, como arietes del movimiento obrero organizado, ocuparán por estos días el centro de la escena. El año pasado lo hizo la Asociación Bancaria, que ahora se corrió, prudentemente.

*Sociólogo y periodista.

Notas relacionadas

Consulta pública para tratar el Acceso a la información


“El Congreso está en una etapa inicial de apertura”


Quieren más herramientas para ell Tribunal de Cuentas


Igualdad de género, equidad salarial y cupo sindical


"Un día sin clases es una tragedia"


Piden una sesión especial para tratar temas de género