13/03/2013 Opinión

La perspectiva de género en el Ministerio de Defensa

Por Andrea Chiappini*. La gestión iniciada en 2003 con el presidente Néstor Kirchner, cuyos lineamientos continúa hoy la mandataria Cristina Fernández, se propuso consolidar a la Defensa como una política de Estado. Se ha fortalecido así la conducción civil del sistema de Defensa Nacional, y se profesionalizaron las Fuerzas Armadas.

Se promovió también la educación y capacitación de los recursos humanos, enfatizando la difusión de la temática Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos, priorizando la recuperación de la capacidad de producción e investigación para la Defensa, teniendo en cuenta los objetivos nacionales en materia de desarrollo económico, social y progreso tecnológico.  

En ese marco, la perspectiva de género ocupa un lugar protagónico en la gestión ministerial, cumplimiento las obligaciones que el Estado Argentino tiene en relación no sólo con la eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres sino también en la implementación de acciones que tiendan a fomentar mejores condiciones de acceso de las mujeres para el ejercicio de sus derechos.

A tal fin, y ya desde el año 2005, el trabajo se desarrolló simultáneamente en distintas dimensiones, atendiendo a que se trataba de una visión nueva en el ámbito de Defensa en nuestro país. Ejemplos de ello son la creación del Observatorio de Mujeres en las Fuerzas Armadas, herramienta de recopilación, análisis y diagnóstico que constituyó una fuente de información sobre la situación de las mujeres y su inserción en el ámbito militar. El diseño de políticas públicas acertadas en materia de género encuentra en este observatorio una herramienta indispensable que, sostenida en el tiempo, también es de gran apoyo para el monitoreo sobre la evolución de la situación de las mujeres en las Fuerzas Armadas.

Además, se han llevado adelante reformas normativas tendientes a erradicar patrones de discriminación en perjuicio de las mujeres. La advertencia de estos patrones sostenidos mediante normas y reglamentaciones de larga data provoca la inmediata revisión de los mismos. En esa línea, se dictó la Resolución ministerial 849/06 mediante la cual el Ministerio de Defensa insta a las Fuerzas Armadas (FFAA) a adecuar las condiciones de ingreso y permanencia en sus instituciones formativas a lo que la legislación nacional dispone respecto de las niñas y mujeres que tuvieren hijos o resultaren embarazadas durante su tránsito por la carrera militar.

También, se promovió la modificación del decreto reglamentario del Servicio Militar Voluntario que hasta hace poco tiempo impedía que quienes tuvieran personas a cargo, en violación a la legislación vigente y a los compromisos internacionales asumidos, pudieran acceder a dicho servicio. Es claro que si bien la prohibición formalmente no distinguía entre hombres y mujeres, el contexto social y cultural condujo a que en los hechos ellas resultaran las más afectadas por esta limitación. Se propició así el dictado del Decreto PEN Nro. 1647/2006.

Otra expresión concreta es la inclusión de la figura de acoso sexual como supuesto de falta disciplinaria grave y gravísima, según la situación jerárquica del victimario en la  reforma integral del sistema de justicia militar.

Con este mismo impulso y a fin de garantizar la equidad de género, se promovió la Resolución 73/09 con el objetivo de asegurar la participación de las mujeres oficiales en las misiones en el extranjero, medida especial encaminada a acelerar la igualdad de hecho entre el hombre y la mujer en este ámbito.

De la política de defensa llevada adelante, surge la reforma educativa de las Fuerzas Armadas, necesaria tanto en lo referido a la formación y actualización de los recursos humanos como en lo vinculado a la producción de conocimiento científico y tecnológico que provea al instrumento militar de las capacidades que este requiere. 

En este marco, en donde se articula la política de género con la actualización en la formación militar, surge más recientemente un cambio histórico en el Ejército Argentino,  a través de la resolución ministerial (firmada en 2011) y que  permite por primera vez que las mujeres integren las fuerzas de infantería y caballería.

Al ingresar al Colegio Militar de la Nación, espacio de formación de los futuros oficiales del Ejército Argentino,  los cadetes conforman una promoción durante el primer año de estudios, y ya en el segundo se reorganizan en función del Arma o Especialidad que eligen y que continuarán a lo largo de su carrera  profesional. Las Armas del Ejército son Infantería, Caballería, Artillería, Ingeniería y Comunicaciones y las Especialidades, Intendencia y Arsenales. A partir de este año todas las Armas y Especialidades tendrán personal militar femenino. Caballería e Infantería son consideradas las principales fuerzas de combate en un campo de batalla y hasta ahora habían sido vedadas para el género femenino. 

De las 65 mujeres que pudieron elegir Arma este año como alumnas del Colegio Militar, las que no seleccionaron caballería ni infantería se distribuyeron voluntariamente entre las demás posibilidades.

Esta decisión de las autoridades militares está directamente vinculada con la política de aumentar la participación de la mujer, lo cual ocurre en las Fuerzas Armadas desde hace ya algunos años. Prueba de ello es la inclusión del género femenino como piloto en los aviones de Fuerza Aérea, así como también la graduación de mujeres infantes de marina en la Armada.

Secretaria de Estrategia y Asuntos Militares – Ministerio de Defensa. Presidencia de la Nación

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