27/03/2013 Columnista

Gestión pública en Ecuador: la importancia del “7 por 24”

Por Atilio A. Boron. Entre los múltiples logros de la “Revolución Ciudadana” del presidente Rafael Correa sobresale el impresionante avance registrado en la integración física del país, posible mediante la construcción de numerosas carreteras y superautopistas que permiten la rápida y segura circulación de personas y mercancías.

Consciente del estado calamitoso en que se encontraban las rutas y caminos del país, seis semanas después de asumir la presidencia (el 15 de Enero del 2007) Correa declaró la “emergencia vial”. Con el dinero sobrante del pago de la deuda externa, que luego de una rigurosa auditoría internacional se redujo sensiblemente, pudo financiar un ambicioso programa para el cual destinó en los primeros cinco años 3.716 millones de dólares, más del doble de todo lo invertido por los gobiernos en los seis años anteriores.

El arrollador triunfo en las elecciones del 17 de Febrero del 2013 se explica, entre muchas otras cosas, también por el notable avance, visible en pocos años, en la integración física que potenció los intercambios económicos en un muy complejo territorio en donde en pocos kilómetros se pasa de la costa a la sierra y de ahí a la selva amazónica.

Ahora bien: este caso nos interesa porque revela un aspecto poco analizado para medir la calidad de la gestión de las políticas públicas. Estas no sólo deben ser honestas y transparentes sino también eficientes. Esta reflexión es motivada por la constatación de la exasperante lentitud con que progresan las obras públicas en nuestro país, y la eficiencia tiene como una de sus dimensiones centrales el tiempo. En el caso del Ecuador las contrataciones para la obra pública tienen una cláusula: “7 por 24”, que quiere decir que los contratistas están obligados a trabajar los 7 días de la semana y las 24 horas del día, salvo en las zonas urbanas en los horarios nocturnos. Vale aclarar que en función de este criterio los trabajadores cobran las horas extras y las remuneraciones extraordinarias correspondientes. Resultados: las obras se realizan aceleradamente porque, además de lo anterior, las penalidades por incumplimiento del cronograma son muy elevadas.

En la Argentina, en cambio, las cosas son bien diferentes. La autopista Rosario-Córdoba (410 kilómetros) se demoró casi quince años en estar terminada. En Buenos Aires la nueva línea de subterráneos H avanza a paso de tortuga. Iniciadas las obras el Abril del 2001 al cabo de 12 años se construyó poco más de la mitad de los 11 kilómetros inicialmente proyectados. Por comparación, el Eurotúnel de 51 kilómetros que une Francia e Inglaterra (y que atraviesa el Canal de la Mancha a cuarenta metros por debajo del lecho marino) se concluyó en poco más de siete años, pese a la enorme complejidad ingenieril del proyecto. 

Otro ejemplo: las muy elementales obras para el Metrobús que circulará por la Avenida Nueve de Julio demorarán casi un año. Claro está que cualquiera que circule por la zona no podrá dejar de reparar que es muy poca la gente y la maquinaria que está trabajando en la obra (el día de ayer conté dos personas y una máquina en casi todo el trayecto), y por supuesto lo hacen en “horario de oficina”. Nadie trabaja después de las 18 horas, o los días sábado después del mediodía para ni hablar en días domingo o feriados. Con esto seguramente los contratistas abaratan sus costos y el municipio aliviana su presupuesto, pero a costa de los ciudadanos. 

En Ecuador en cambio, con la “7 por 24” los trabajadores reciben una considerable paga extra y los ciudadanos, que financian la obra con sus impuestos, disfrutan de sus resultados en poco tiempo. Aquí no, y por eso las obras se demoran una eternidad.

 

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