09/05/2013 A diez años de su lanzamiento

“Hemos contribuido a revelar un poco la trama interna de los medios”

Lo dijo Ingrid Beck, periodista y co-directora de la revista Barcelona, a la vez que afirmó que “hoy en día los diarios son cada vez más parodias de sí mismos”. “Hay operaciones en todas las notas, oficialistas u opositoras”, remarcó.Por Facundo Martínez*

Barcelona cumplió diez años en la calle y eso pone en evidencia que la revista funcionó y, mejor aún, sin ser funcional ¿se imaginaban allá por el 2003 que iban a tener este éxito? ¿Cómo ven ustedes desde la revista que hacen ahora esos primeros números?

Cuando empezamos con Barcelona no nos imaginamos siquiera que llegaríamos al número 2. Teníamos plata para un solo número y unos afiches. Agotamos y sacamos el 2… Jamás pensamos en las consecuencias. La hicimos porque teníamos ganas, lo más profesionalmente posible, claro y con la intención de que alguien la leyera. Pero la respuesta es: no, no nos imaginábamos que nadie la fuera a leer, salvo familia y amigos. La revista fue cambiando, claro, pero el espíritu es esencialmente el mismo. La creación colectiva, la parodia, el periodismo crítico. Eso se mantiene.

Alguna vez ustedes mismos catalogaron el periodismo de Barcelona como “lisérgico”, que ciertamente lo es, ¿cómo es que un grupo de periodistas que venía de experiencias como La Maga o La García y se anima a hacer simplemente la revista que querían leer, que les gustaba?

Básicamente, no teníamos trabajo, así que Barcelona fue más jugar que trabajar, hasta que se convirtió en un empleo. Nos planteamos hacer lo que teníamos ganas y uno de nuestros motores fue la fiaca: queríamos hacer un medio en el que no tuviésemos que salir a la calle a hacer notas, no tuviésemos que desgrabar entrevistas, no tuviésemos que hablar con agentes de prensa, etcétera. Es decir que no fue que nos animamos, no teníamos más nada que hacer. Del trabajo en La Maga y en La García rescato muchas cosas, pero, sobre todo, ahí aprendimos a hacer medios independientes y conocimos todo el circuito de producción de las revistas, algo que no te enseñan en las escuelas de periodismo.

”Barcelona, una solución europea para los problemas argentinos”, es el slogan que burla a Clarín, pero que también parece ser el reflejo de un momento muy particular de la Argentina. Viendo ahora lo que pasa en España, ¿habría que pensar en una solución sudamericana para los problemas de los españoles?

En España, hoy, hay una revista inspirada en Barcelona que se llama Mongolia, a la que le va bastante bien. Es decir que ya se les ocurrió.

¿Es posible pensar que, como en su momento lo hicieron revistas como Cerdos y Peces o, salvando las distancias, Satiricón, la Barcelona ha contribuido a mejorar el humor de los argentinos, a volverlo más cínico?

No tengo idea de cuál es la contribución de Barcelona al humor de los argentinos. Creo que hemos contribuido a revelar un poco la trama interna de los medios, cómo se construyen, cómo operan, mucho antes de que se discutiera a Clarín y la Ley de Medios. Seguramente, en algo hemos modificado las lecturas de algunos, pero no me atrevería a decir en qué.

Los lectores nos hemos reído muchísimo con la revista y también hemos admirado el valor que por ahí se escondía detrás del chiste, recuerdo cuando publicaron la contratapa con el teléfono de Videla para que la gente lo llamara y lo insultara, sé que hay muchas, pero ¿tienen algún número que haya sido más especial que otros?

El primer número, por supuesto. Y de los últimos, el de Bergoglio. Fue un desafío hacer algo con eso que bajara la línea que queríamos bajar. A mí, especialmente, me gusta una contratapa sobre el aborto que tiene dos agujas de tejer. Y muchas más, casi todas, te diría.

¿En qué momento de la revista se dieron cuenta que lo que habían creado era un éxito? ¿Fueron las ventas, el reconocimiento en la calle y entre sus propios colegas?

Una combinación de todo eso. Que nos llamaran alumnos de comunicación y periodismo de todas las facultades y escuelas para hacer “tesis” y “monografías” sobre nosotros, por ejemplo, nos indicó que éramos objeto de estudio. Y sí… el reconocimiento de los colegas es importante y fue fundamental en el éxito inicial de la revista.

Pese a su lenguaje particular, satírico, detrás de la burla queda flotando la idea de que para reírse o parodiar también hay que leer, escuchar, ver, en una palabra: informarse. ¿Es así, qué podes contarnos de la forma en que ustedes trabajan?

El trabajo es absolutamente periodístico. Nos informamos con los medios masivos y con los otros, porque el tratamiento de la información de Barcelona incluye una parodia de los grandes medios pero también da lugar a temas que los grandes medios omiten. Trabajamos de manera colectiva. Eso es lo más importante. Tapas y contratapas, sobre todo, son decididas por consenso y luego de una discusión. Tratamos de estar todos convencidos. La pregunta que circula, siempre, es “¿Qué queremos decir con esto?”.

¿Piensan o discuten entre ustedes cuáles son los límites, digo desde lo humorístico, ideológico, o simplemente desde lo periodístico?

No discutimos los límites. No hay límites para lo que hacemos. Los límites los marca la actualidad, los marcan los otros medios, los temas de coyuntura. Y, por supuesto, los individuales y colectivos de los que hacemos la revista. Pero no es algo que se plantee. Tiene que ver con la respuesta anterior. Lo importante es decir lo que queremos decir.

¿Muchos de los personajes de la política parecen hechos a la medida de Barcelona? ¿Hay alguno abonado, alguna debilidad de los editores, o se reparte contra todos por igual?

Hay algunos abonados, claro. Pero eso es mejor que lo descubran los lectores.

En estos 10 años de Barcelona la mirada de la ciudadanía hacia lo que dicen los medios de comunicación cambió bastante... antes tal vez no se cuestionaba tanto sobre si Clarín miente o no, si determinados medios son de tal o cual personaje aliado o no con el gobierno u oposición, si responden a ciertos grupos económicos etc... ¿Cómo se ubica Barcelona en este cambio?

Nos vemos más complicados a la hora de trabajar. La competencia es más fuerte. Los diarios son cada vez más parodias de sí mismos. Hay operaciones en todas las notas, en todos los diarios, oficialistas u opositores, por llamarlos de alguna manera. Y Clarín ha empeorado tremendamente. Está difícil. Pero ahí está el desafío, ¿no?

*Sociólogo y periodista

 

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