03/01/2014 Opinión II

Irresponsabilidad de la sociedad civil

Por Aldo Isuani*. Irresponsabilidad de la sociedad civil e incompetencia del Estado son explicaciones principales de la imposibilidad de lograr avances significativos en la lucha contra los accidentes de tránsito y su secuela de muertos, heridos, e incapacitados.

Hay otros factores como el aumento del parque automotor o el estado de algunas rutas, etc. Pero estos no son los problemas centrales ya que es inadmisible que existan tantos accidentes en autopistas modernas, bien iluminadas, donde se circula en la misma dirección y no hay riesgo de choques frontales. Por lo tanto, debemos concluir que el problema persiste porque el núcleo básico que lo causa aún no ha sido atacado. Entonces, ¿Cual es este?

Gran parte de los conductores maneja aceptablemente pero es grande la cantidad de transgresores que, alcoholizados o no, circulan a velocidades mayores de las permitidas y realizan a alta velocidad maniobras imprudentes como pueden ser cambios bruscos de carril y sobrepasan en curvas y otros lugares prohibidos. El no respeto de los semáforos y de la distancia entre vehículos son otras comunes transgresiones con efectos, en la mayoría de los casos, letales.

Es decir, un conjunto pequeño de individuos, aunque no insignificante, posee una conducta vehicular que significa una amenaza grave a la vida e integridad de otros conductores y transeúntes. Por ello la irresponsabilidad de este sector de la sociedad es un aspecto del problema básico de los accidentes.

Pero a este aspecto se suma otro: la omisión e incapacidad del Estado para evitar que dichas conductas sean limitadas a un mínimo. En verdad no existen agentes públicos destinados a fiscalizar aquellas conductas letales. Las rutas y autopistas están desprovistas de fuerzas policiales organizadas para detectar esas transgresiones y detener a su autor. Se limitan a controles pasivos destinados a requerir documentación de conductores y vehículos o controles de alcoholemia, pero no puntualmente a combatir aquellas transgresiones que señalé también como graves. Un cuerpo motorizado en coordinación con puestos de control sería el camino para atacar el núcleo del problema.

Sin duda el trabajo será arduo al comienzo, pero los conductores transgresores deberán ir entendiendo que no habrá impunidad y deberán pagar caro sus faltas graves. Una acción del Estado dirigida a controlar el comportamiento letal de conductores por medios preventivos y represivos, no es la única pero sí la acción principal para bajar drásticamente los índices de accidentes y las consecuencias fatales de los mismos. 

*Sociólogo

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