20/01/2014 En primera persona

Cuando los amigos son un problema: Ricardo Echegaray y la ética pública

Por Tomás Várnagy*. Un viaje lujoso y malas compañías. Un repaso por las polémicas vacaciones del titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos, y una pregunta que se desprende: ¿Cuán cierto es que “hablar con Lambiris es como hablar con Echegaray”?

El principal problema con Ricardo Echegaray no es sólo que haya gastado en exceso, volado por una empresa aérea que no es de bandera argentina, o que haya hecho la vista gorda al maltrato de periodistas que lo interrogaban. Lo más grave de este incidente fueron sus acompañantes, tanto en el viaje como en el hotel, empresarios de “excelente llegada” al titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

Como funcionario de primera línea, debería ser modelo y ejemplo para sus compatriotas y, además, sus actos deberían ser coherentes con sus dichos. A fines de agosto de 2012 declaró: "Preferimos que se queden a veranear en el país", cuando se hizo el recargo del 15% a las compras con tarjetas de crédito en el exterior. Pero su lema es “haz lo que digo, no lo que hago”, cometiendo una grosera contradicción en un doble discurso que resulta ser una burla para el común de los argentinos.

Tiene derecho a descansar inmodestamente donde quiera (en Punta del Este, Río de Janeiro o Dubai), gastar impúdicamente lo que pueda y volar lujosamente con la empresa que le antoje; puede realizar consumos desmedidos, ostentar, exhibir y permitir comportamiento de barra brava a sus acompañantes. Hasta puede afirmar que le quedan pendientes “225 días hábiles para vacacionar [sic]”, que –contando días corridos y feriados-  serían ¡más de once meses!

Todo esto puede resultar desagradable o éticamente inapropiado y muy lejos de la austeridad republicana (referido a la res publica, lo que es todos), pero no es necesariamente una conducta ilegal. Lo mismo que el comportamiento de Daniel Cameron, Secretario de Energía, que jugaba al golf en Pilar a fines de diciembre, cuando muchos argentinos padecían de la falta de electricidad y agua. La literatura nos cuenta de los nouveaux riches (nuevos ricos) que, por lo general, son personas de bajo nivel sociocultural que han amasado una gran fortuna en poco tiempo y el término ha sido usado despectivamente para describirlos como vulgares, presumidos, rústicos y ostentosos; ser austero implica lo contrario: sobriedad, moderación, no hacer alardes, consumir mesuradamente bienes y servicios.

No caben dudas de que el titular de la AFIP no fue austero, pero éste no es el problema central, sino su acompañante: Jorge Omar Lambiris Vilche, un empresario uruguayo dedicado al comercio exterior en Argentina y titular de depósitos fiscales con actividades comerciales que son (o deberían ser) reguladas, controladas y fiscalizadas por el organismo que preside el propio Echegaray.

Los depósitos fiscales son lugares donde se retienen las mercaderías importadas antes de nacionalizarlas, o productos argentinos antes de exportarlos. Cuentan con personal de la Dirección General de Aduanas, un órgano que integra la AFIP y “tiene a su cargo la aplicación de la legislación relativa a la importación y exportación de mercaderías, como así también el control del tráfico de los bienes que ingresan o egresan en el territorio aduanero” [http://www.afip.gob.ar/aduanaDefault.asp].

El empresario Lambiris, a principios del 2007 conformó la empresa LW Logística y Cargas y recién en el 2009 se dio de alta en Ganancias, luego de armar el Establecimiento Mocho SA, destinado a la ganadería. En el 2012 constituyó una empresa de publicidad con su hijo Mauricio, L&L Mandatos y Negocios SRL. Extraoficialmente, y pese a no figurar en los registros propietarios de las empresas, se señala que Lambiris es quien maneja dos depósitos fiscales de importancia: TCT Logística (Tigre) y Carestiba (Mercado Central).

Lambiris ha tenido problemas con la Justicia y tiene un largo historial: preso durante un mes y medio en el 2000, por una investigación sobre piratas del asfalto acusado de “reducidor” de la banda. También fue acusado de contrabandista en la causa 61.023 e investigado por el Juzgado Penal Económico Nº 3, que le decretó el sobreseimiento (Clarín, 03/01/14). Su hijo, piloto de carreras de automóviles, también fue rozado por problemas con la Justicia, ya que su socio en la firma Internacional Carga SRL –Gastón Renus- estuvo detenido e imputado por contrabando y asociación ilícita.

Entonces, relacionado a este evento, sería interesante saber algunas cosas más allá de la compra de moneda extranjera (dólares o reales), del vuelo, el hotel, la cena, la presunta agresión a los periodistas y la posible violación de la ley de ética pública. ¿Desde cuándo se conocen Lambiris y Echegaray? ¿Quién pagó los gastos? ¿Existe una situación de incompatibilidad o beneficio personal indebido? ¿Es verdad que operar en los depósitos de Lambiri “facilita” autorizaciones para importar? ¿Cuán cierto es que “hablar con Lambiris es como hablar con Echegaray”?

También podemos ir hacia atrás: en el año 2000 Echegaray presentó su primera declaración jurada, con un patrimonio de 71.499 pesos. Diez años después, reconoció bienes por 1.997.170 pesos, ¿cómo hizo para multiplicar casi 30 veces su fortuna? Es cierto que es uno de los funcionarios mejor pagos del gobierno, pero han existido reiteradas sospechas de corrupción en múltiples ocasiones. Es funcionario público desde 1993 y su patrimonio declarado en el 2013 es de $ 5.541.877 pesos, según expresó la semana pasada.

Si surgen dudas es, en gran parte, por la desconfianza generalizada de la población hacia sus políticos y funcionarios, ya que muy poco se ha hecho para clarificar más de una situación nebulosa en cuanto a la percepción indebida de fondos. De acuerdo a Transparency International (http://cpi.transparency.org/cpi2013/ results/) el país con la menor percepción de corrupción del año 2013, entre 177, es Dinamarca con 91 puntos; la Argentina está 106 con 34 puntos, solamente superada –en el Cono Sur- por Paraguay y Venezuela.

El conductor Víctor Hugo Morales defendió a Echegaray cuando afirmó que se le mintió a 30 millones de personas “para dañar la imagen de un funcionario” y criticó a los medios periodísticos del Grupo Clarín cuando se preguntó “¿Qué derecho hay a este hostigamiento y persecución mafiosa?”. Pocos días después, cuando se conoció un informe de Telenoche Investiga con la supuesta revelación de que la reserva del viaje, por más de 80.000 dólares, figuraba a nombre de Lambiris, Morales se despegó del titular de la AFIP y afirmó en su programa de Radio Continental que “Echegaray tendrá que demostrar que el viaje lo pagó él o, si lo pagó otra persona, en qué contexto y por qué”. Otro que pareció tomar el mismo camino fue el senador Aníbal Fernández, quien dijo tomarse vacaciones porque “me las pago con la mía, no le pido guita a nadie”.

La semana pasada el fiscal federal Carlos Rívolo, que investigó al vicepresidente Amado Boudou en la causa Ciccone,  le pidió información a la empresa aérea Emirates  sobre este viaje, específicamente sobre la facturación del mismo, quién lo abonó y de qué forma; ya que existe la posible comisión de incumplimiento de los deberes de funcionario público, violación de la ética y negociaciones incompatibles con la función pública.

*Filósofo y profesor de la carrera de Ciencia Política de la UBA

 

 

 

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