27/01/2014 Columnista

CELAC: cita en La Habana

Por Atilio A. Boron. El politólogo argentino analiza la próxima cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, iniciativa que asegura provoca “un profundo malestar en Washington”. En el encuentro, del que participará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se tratarán un par de iniciativas muy importantes y se debatirá la declaración de América Latina y el Caribe como una “Zona de Paz”.

En los próximos días, el 28 y 29 de Enero, se reunirá en La Habana la Cumbre de Presidentes de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que agrupa a 33 naciones del área, con la excepción de Estados Unidos y Canadá. La sola idea de una organización que reuniese a los países latinoamericanos y caribeños sin la asfixiante presencia de Estados Unidos (Canadá jugó siempre un papel infinitamente menor en las relaciones hemisféricas) provocó un profundo malestar en Washington, que movilizó a sus aliados regionales en un frustrado intento de abortar –o por lo menos, posponer para un futuro indefinido- la iniciativa.

Esta tenía, tiene en realidad, el sello de la visión estratégica del fallecido presidente Hugo Chávez Frías, que fue quien pensó e impulsó una propuesta cuyo lanzamiento tuvo que ser aplazado por la enfermedad que, a la postre, terminó con la vida del líder bolivariano. No obstante, la CELAC se constituyó y celebró su primera Cumbre Presidencial en Santiago de Chile, en Enero del 2013, y ahora está a punto de celebrar una segunda en Cuba (o tercera si es que se considera la inaugural de Caracas que tuvo lugar en Diciembre del 2011 con la presencia de Chávez Frías), país que a lo largo del 2013 ejerció la presidencia pro tempore de la institución.

No es un dato menor, en el contexto de medio siglo de historia signado por el empecinamiento de la Casa Blanca de aislar a Cuba de Latinoamérica, que una organización como la CELAC le haya conferido a La Habana la responsabilidad de ejercer la presidencia durante el año que acaba de finalizar.

La creación de la CELAC es un logro importantísimo, pero para ser eficaz deberá transformarse en una organización: es decir, en un sujeto dotado de suficientes capacidades de elaboración e implementación de propuestas concretas en el ámbito regional. Y ese es uno de los puntos que divide a los gobiernos de la región: el de Chile, por ejemplo, declaró a lo largo del año 2012 (en el que ejerció la presidencia pro tempore) que la CELAC debía ser un foro de discusiones y consultas, pero sin convertirse en una organización al estilo, por ejemplo, de la CEPAL, con su estructura administrativa, sus cuadros técnicos, su agenda de investigación y su función de consultora privilegiada de los gobiernos del área. Esta tesis de mínima es compartida por los gobiernos de la llamada Alianza del Pacífico: México, Colombia y Perú, principalmente. Los bolivarianos, en cambio, plantean la necesidad de construir una CELAC dotada de los atributos propios de una organización. Este debate aún no está saldado y difícilmente vaya a plantearse abiertamente en La Habana.

De todos modos, la agenda de la próxima Cumbre contempla una serie importante de iniciativas, indicativas de un lento avance en dirección a una estructura regional consolidada que sea bastante más que un simple foro de debate. Entre los temas que serán objeto de tratamiento y aprobación se encuentran diversos documentos -26 en total- producidos por los representantes y expertos de los países miembros. En ellos sobresalen la necesidad de favorecer un sustantivo aumento de los intercambios comerciales intrarregionales, habida cuenta de las arraigadas restricciones que en esta materia aplican los países desarrollados; mejorar las infraestructuras de transportes y comunicaciones del área; consensuar  políticas productivas, industriales y tecnológicas compartidas y complementarias (por ejemplo, ir adoptando una política regional de compra de ciertos insumos clave que negociada colectivamente redundaría en una mejoría de los precios y condiciones de acceso que pagan los países individualmente); fomento de  planes educativos, sociales, ambientales y culturales habida cuenta que la región es una sola y que  pese a las diversidades nacionales tropieza con obstáculos comunes.

La transición geopolítica internacional actualmente en curso, y que se manifiesta en el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia el Asia-Pacífico; la declinación del poderío global de Estados Unidos; el irreparable  derrumbe del proyecto europeo; la persistencia de la crisis económica estallada a fines del 2007 y que sólo parece acentuarse con el paso del tiempo y la permanencia de un “orden” económico mundial que concentra riqueza, margina naciones enteras y profundiza, la depredación del medio ambiente han actuado como poderosos alicientes para remover la inicial desconfianza que muchos gobiernos tenían en relación a la CELAC.

Esta Cumbre, a la cual asistirá la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tratará también un par de iniciativas muy importantes y que podrían dar lugar a un sordo debate, que pocos quieren que adquiera  especial visibilidad: la declaración de América Latina y el Caribe como una “Zona de Paz”, no sólo exenta  de la presencia de armas nucleares sino libre también del recurso a la fuerza para dirimir conflictos. Este tema hace alusión, indirecta y subrepticiamente, a la larga tradición intervencionista de Washington en Latinoamérica y a la presencia de las 77 bases militares de Estados Unidos en la región, y es uno de los más urticantes y divisivos en el seno de la organización. Otro tema, que probablemente suscite un acuerdo relativamente más sencillo de lograr, es la aprobación de la propuesta venezolana de integrar a Puerto Rico a la CELAC -lo cual es absolutamente lógico teniendo en cuenta la historia y el presente de ese país, así como su cultura, su lengua, y sus tradiciones-  pero que probablemente suscite reservas entre los gobiernos más cercanos a Washington. La  Cumbre del Mercosur que había sido planeada para realizarse en Caracas a inmediatamente continuación del cónclave de La Habana fue postergada hasta mediados de Febrero. Si bien no se dieron explicaciones oficiales al respecto se especula que ello obedeció a un pedido del gobierno argentino. Pero sobre esto no hay sino conjeturas y rumores.

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