24/02/2014 Columnista

El índice creíble y las paritarias

Por Facundo Martínez*. El Gobierno presentó por estos días en nuevo Índice de Precios al Consumidor nacional urbano (IPCNu) y, contrariamente a lo que los opositores previeron, los resultados que arrojó el flamante índice para mes de enero terminó colmando las expectativas. Se trató de un 3,7 por ciento de inflación, una cifra que, por otra parte, resulta preocupante sobre todo en estos meses en los que comienzan a tomar forma las negociaciones paritarias.

El nuevo IPCNu viene a apuntalar los menoscabados números del Indec, en los que prácticamente nadie cree o, mejor dicho, nadie toma en cuenta a la hora de pelear salarios. En la creación de este índice participaron no sólo las provincias –cuya realidades particulares se verán reflejadas-, sino también organismos internacionales y centros estadísticos de otros países. La confección de IPCNu “reflejará -según prometen los funcionarios de Economía-, más fielmente los gastos de las familias” en todo el país.

En su debut, el índice conformó a oficialistas y opositores. A los primeros, porque de funcionar bien será clave para recuperar la credibilidad perdida. A los segundos, simplemente por el resultado dado a conocer se acerca en buena medida a los números que les arrojan sus propias consultoras y metodologías, algunas más y otras menos serias, pero ninguna con la capacidad operativa que el Estado posee para poder medir la inflación no solamente mirando las variaciones de precios en cuatro o cinco supermercados.

Otro punto que se observa favorable al flamante índice es la venia que recibió del mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI). Claro que aquí se pone de manifiesto otra cuestión. En la descompuesta relación entre el Gobierno y este actor económico que tantas exigencias y tanta crisis provocó en la economía y política nacional soplan vientos nuevos, de acercamiento quizás.

El número que arroje el IPCNu para enero será fundamental para las discusiones paritarias. En este 2014, luego de la devaluación sin anestesia del peso –el dólar trepó en sólo tres días, del 22 al 25 de enero, un 26 por ciento-, y la prácticamente obligada suba de las tasas de intereses, que afectará principalmente a quienes tomaron créditos con tasas variables, son los asalariados los que por obvias razones arrancan corriendo de atrás a la coneja. Decíamos que el índice de inflación de febrero será clave para proyectar la inflación anual, base sobre la cual se sostendrán los acuerdos salariales en las diferentes ramas.

El mes todavía en curso, en que continuaron subiendo los precios en proporciones desmedidas, como ocurrió por ejemplo con la carne, arroja números similares a los de enero, la proyección para el año puede situarse bastante más arriba del techo del 25 por ciento que desearía el Gobierno, y el piso del 35 por ciento que comienzan a barajar los gremios. A esta altura cae de maduro que el IPCNu es sólo una herramienta más fidedigna para medir la inflación real y nada tiene que ver con el combate real sobre el problema de la inflación que, más allá del éxito relativo del programa Precios Cuidados, sigue acechando y preocupando altamente a los argentinos.

La CGT oficialista, liderada por el metalúrgico Antonio Caló, se mostró conforme con la reunión que mantuvieron con la presidenta Cristian Fernández de Kirchner. La clave del acuerdo inicial se centra en la renuncia por parte de los trabajadores a discutir salarios semestralmente, como llegaron a sugerir desde la CGT opositora que lidera Hugo Moyano, y de las negociaciones “¡trimestrales!” que soltaron dirigentes de segunda línea desde la CGT de Luis Barrionuevo, y se centra también en la aceptación de la Presidenta del pedido de “paritarias libres” –es decir sin condicionamientos ni techos por parte del Gobierno, como ha ocurrido en años anteriores-. En conservar los puestos de trabajo pero sin que se caiga el poder adquisitivo, ahí estará el punto de equilibrio para los oficialistas.  

El secretario general de SMATA, Ricardo Pignanelli, al evitar dar números de referencia en una entrevista publicada en Página 12 (16/2/14), puso en palabras por dónde pasará la cuestión. “Tenemos que discutir la rentabilidad de las empresas, los volúmenes de producción, la productividad, y la canasta necesaria para los trabajadores”.

Por último, en su discurso durante la inauguración de obras en Santa Cruz, el último fin de semana, la Presidenta soló una suerte de reto y advertencia a los empresarios que se han abrazado a la remarcación de precios, cuya consecuencia gravitará significativamente en las negociaciones salariales: “A los que tanto crecieron en estos últimos diez años no les pido generosidad, les pido inteligencia, porque para que ellos sigan creciendo necesitamos seguir progresando todos los días un poco más”, les dijo. Eso sí, sobre cómo debería ser el comportamiento de los empresarios en las negociaciones paritarias por venir, no ha habido ninguna palabra oficial. Al menos por ahora.  

*Sociólogo y periodista.

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